viernes, 21 de noviembre de 2008 Buscar

comparativas

Audi S5 4.2 quattro, M3 y Mercedes CLK 63 AMG

18/09/2007

Juan Manuel GARCÍA RUBIO / Fotos: Claudio LUNA

Audi S5 4.2 quattro, M3 y Mercedes CLK 63 AMG

Éstos son los coupés del momento, y unos más deportivos que otros. Se lleva la palma en este sentido el novísimo M3, sin necesidad de ser el más potente de este trío alemán. Inferior en potencia, el S5 es un coche soberbio, aunque el más caro, y potente, es el CLK, con nada menos que casi 500 caballos.

La lucha entre los colosos del momento se centra en los coupés alemanes. Son las estrellas en la actualidad, y no simplemente por ser unas excelentes novedades. Acaparan la atención del momento, y del futuro, porque tanto Audi como BMW y Mercedes han salido a ganar... y unos lo consiguen más que otros.

Si empezamos por arriba, está claro que Mercedes ha desplegado intencionadamente sus baterías para llevarse el gato al agua en cuanto a potencia se refiere. Esos casi 500 caballos de potencia lo sentencian directamente; y detrás, claro, está la firma AMG, garantía de todo cuanto toca. Aun así, no es el más deportivo ni el de tacto más racing. Ese "galardón" se lo lleva el novísimo M3, por una serie de circunstancias que esta cuarta generación del modelo ha sabido perpetuar y evolucionar.

Aunque estéticamente no es estridente (menos aún si lo eliges con colores normales, como el de las imágenes), este BMW pasa hasta más desapercibido que antes por las calles. La "chepa" del capó y otros detalles lo delatan ante los transeúntes, que, rápidamente, tiran de móvil para inmortalizarlo personalmente. Desde el primer momento, el M3 muestra una casta especial; ya sólo con el tacto del volante parece que te fundes con el coche. Y por detrás de estos colosos de la deportividad está el S5, claramente inferior en potencia, a pesar de llevar en el vano motor un propulsor también V8. Es menos potente (su cifra está largamente por debajo de los 400 caballos), y eso se nota, aunque también tenemos que dejar claro que por motor es una delicia, y por facilidad de conducción y comportamiento neutro es el más equilibrado. No es un coche que defraude en lo más mínimo, sino todo lo contrario, pero, junto al M3 y el Mercedes, las tornas se vuelven en contra, aunque luego las cifras, en realidad, no sean tan malas sobre el papel para el de los aros.

Sabores distintos
Por compra lógica, y siempre y cuando no haya quien busque un comportamiento hiperdeportivo como imperativo legal, el S5 de Audi combina perfectamente los sabores de esta receta, a un coste muy inferior al de sus rivales y sin menosprecio de la calidad general. Está claro que la escala de valores de esta Armada Invencible es distinta en estos coches, y que Audi ha buscado un coche ejemplar en todos los sentidos, pero no ahondando directamente en lo deportivo como premisa; o al menos no cuando se compara con el M3, la referencia ineludible en esta parcela de terreno, y ahora también con el CLK 63 AMG.

Por si fuera poco, el Audi es el único del trío que tiene tracción a las cuatro ruedas (y no es el más pesado, curiosamente), y dispone también de los pertinentes controles de tracción y estabilidad, que son siempre garantía de seguridad. El ESP se puede desconectar, pero permanece latente para saltar con más o menos prontitud en el momento en el que perdamos tracción. Y es por ello que luego, en comportamiento, se deja notar una facilidad de conducción casi inusual, hasta el punto de que, incluso metidos en un circuito, es prácticamente misión imposible marcarse una cruzada en una curva. Para hacerlo, hay que hacer barbaridades fuera del sentido común de la conducción. Eso demuestra el gran trabajo llevado a cabo y su intención clara de ofrecer un coupé potente, bien hecho, bonito y fácil de llevar. La diferencia de precio, como hemos comentado, entre el S5 y los otros dos vehículos de esta comparativa es claramente significativa a su favor, lo que al final puede decantar la balanza hacia este lado.

Nos saltamos al otro extremo, al Mercedes, que, como hemos comentado también, es el del motor más explosivo, aunque el excelente cambio automático de siete marchas que monta es capaz de enmascararlo en más de un momento. Dicho cambio ya sabemos que tiene tres leyes distintas, que podemos elegir mediante un botón; para esta ocasión, hemos elegido (casi siempre) el modo Sport, donde los cambios se estiran más y se puede (si se tiene lo que hay que tener... mente fría) sacar el mayor partido a este "motoraco". Pero lo mejor de todo es que le han colocado dos levas detrás del volante, y no los botones que Mercedes acostumbra a poner cuando monta este cambio en otros coches, con las que disfrutar de la transmisión de lo lindo cuando de ir rápido se trata. Lo hemos dicho otras veces, y es que lo de las levas en el volante, cuando hay un buen cambio y un motor que ofrece prestaciones a raudales, es sencillamente definitivo. Y éste es uno de esos casos particulares.

En el medio, pero para nosotros el ganador final, por cuanto el aspecto racing lo lleva al mejor terreno, está el M3. La evolución del chasis, con la inefable electrónica, y, sobre todo, ese dulce y potente V8 de 420 caballos, junto, claro está, a un cambio manual de poco más que excelente ejecución en todos los sentidos, dejan sobre las manos y los sentidos del conductor el coche más capaz en todos los aspectos de este trío de ases. Sólo por una décima es oficialmente más lento en el 0 a 100 km/h que el CLK, y eso que la diferencia de caballos es casi tan significativa también como la diferencia de precios, donde el Mercedes se acerca sin tapujos hasta casi los 100.000 euros.

Empieza el espectáculo
Llega la hora de la verdad. En principio, todos estos coches desempeñan, o saben representar, un papel muy distinto al de su fin principal. Se trata de conducirlos en ciudad o carretera a ritmos tranquilos, como si de versiones inferiores se tratara. Si el S5 apabulla por esta cualidad, ni el M3 ni el CLK AMG se quedan atrás. Todos tienen una suspensión dura, pero aun así se ha conseguido un nivel que ya no es como el de los coches de hace diez o quince años, y con menos caballos incluso. No hay balanceos perceptibles y, mientras que el M3 es algo más radical, el CLK es "hasta blando" en el trato de las irregularidades, con más sensación de amortiguación. Y de los tres, el BMW es el único con dirección activa, que ya sabemos que tiene un tacto más preciso y una desmultiplicación variable que la hace tremendamente precisa.

Aunque, cuidado, un solo acelerón en vacío ya nos alerta de que sus sonidos, producidos en parte por esas generosas bocas de escape, reflejan lo contrario. Y en cualquiera de ellos, ya en marcha, es fácil sentir todo su potencial. Las cifras de aceleración cantan a la primera, y sobre asfalto rodado las de recuperación se dejan sentir. Hay bajos en cada uno de estos motores V8 a 90 grados para aburrir, y ver cómo en el caso del BMW nos podemos pasar de las 8.000 vueltas, puesto que es el único de estos tres coches que alcanza la potencia máxima por encima de ese límite, ya te pone en sintonía para todo lo demás. Y casi da igual que con el M3 vayas en sexta a menos de 1.500 rpm y decidas inesperadamente pisar el pedal del acelerador a fondo; la respuesta es contundente y firme, aunque si te acercas a los límites de los altos regímenes encontrarás el potencial de esta mecánica tan especial, y donde también es verdaderamente técnica su conducción. Es verdad que lo mismo pasa con el AMG, que sale como un verdadero cohete, pero es que con este especial Serie 3 sientes mucho más esa aceleración, incluso transmitida con un sonido de escape más "metálico".

En este AMG, donde todo presenta también un excelente acabado y terminado, la aceleración hace que te pegues al asiento, y esa décima de ventaja que hemos comentado antes frente al BMW no se consigue porque sí. Moviéndose en estos niveles, conseguir una décima o un segundo se vuelve más difícil todavía, lo que habla especialmente bien del nivel conseguido. Menos puntiagudo que sus otros dos rivales, este motor empuja endiabladamente, hasta el punto de que al tren trasero también le cuesta digerir la potencia, como en el M3 en algunos casos límite, cuando decidimos emplearnos a fondo. Los también generosos equipos de ruedas del Mercedes y el BMW son muchas veces incapaces de transmitir todo el par a las ruedas traseras (y para muestra basta desconectar los controles de tracción), que se ven desbordadas hasta hacer la típica pirueta del trompo sobre el propio eje... a costa de "quemar" rueda, claro está.

Pero la causa de que en el M3 todo sea más deportivo, aun a costa de un interior prácticamente idéntico al de un Serie 3 bien equipado, es la evolución de los sistemas electrónicos en esta cuarta generación del modelo. Por eso también les lleva ventaja en el plano dinámico a sus dos contrincantes. El M3 te permite jugar con ciertos parámetros para adecuarlos a tu gusto. Bondades de la electrónica. Mediante botones lo podemos hacer. Así, pulsando la tecla "M" podemos variar algunas leyes preestablecidas en la estabilidad; por ejemplo, desconectar el control de tracción. Pero es fácil. También intercedemos en los reglajes del DSC e incluso, y a la vez, de la dirección, haciéndola todavía más directa. Ninguno de sus rivales tiene, ni por asomo, estas posibilidades. Porque es que, además, también podemos incidir directamente sobre las suspensiones, para hacerlas más duras si cabe, y sobre la respuesta del motor, haciéndola más rápida también. Una maravilla que conviene ir probando poco a poco, con esa mencionada tecla "M" y los otros dos botones que le acompañan justo al lado del cambio. De todas formas, en el estado más "confortable", este coche es una máquina de devorar, no kilómetros, sino curvas. Permite meterse en ellas muy rápido, con el eje delantero quizá más preciso de todos. Aunque, ojo, porque el tren trasero puede mostrarse exigente, tanto como en el AMG y mucho más que en el S5, siendo capaz de exigirnos también lo mejor de nuestros sentidos y de nuestras manos. Si llega el momento, el contravolante es obligado, aunque, con una dirección así, se realiza mucho más rápido. Pero es un coche que permite dar gas antes de lo esperado, eso sí, con una respuesta que hay que saber dosificar. El límite es muy alto, mucho más que en el Mercedes, y eso significa una adaptación progresiva a la conducción exigente de este deportivo por excelencia, que también permite llevar cuatro pasajeros y ofrece un maletero digno.

 

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