viernes, 21 de noviembre de 2008 Buscar

comparativas

Jaguar XF V8 y XF SV8

24/04/2008

Rafa J. Cid / Fotos: Jorge Brichette

Jaguar XF V8 y XF SV8

Jaguar se ha soltado la melena. Ha sustituido su modelo más retro, el S Type, por el que pasa a ser el más vanguardista, el nuevo XF. Nos hemos subido a las dos versiones más potentes, y tenemos mucho que contarte.

"Si quieres felicidad y sabiduría constantes, deberás prepararte para cambios frecuentes". Es un proverbio chino, de Confucio, que ha sido escuchado por Jaguar. La marca británica atraviesa una pequeña revolución, de la que quiere salir renovada: encara una evolución estética que debe acercarla a la modernidad, cosa que hará de la mano de Tata, la firma india que acaba de comprarla a Ford, junto con Land Rover. "Queremos mantener su imagen y personalidad, y no ponerla en peligro de ninguna manera", ha asegurado Rantan Tata, cabeza visible del gigante hindú de la automoción. Mantener esa imagen, como decía Confucio, precisa cambios. Y el primero es el XF.

Fuera estilo retro.
Dicen algunas voces que cuando el diseño retro triunfa, es que hay una crisis de diseño moderno. Yo no lo creo así –el Fiat 500 es buena prueba de ello–, y las formas clásicas de Jaguar han sido desde hace tiempo uno de mis referentes en lo que a elegancia se refiere. Pero, ¡vaya por Dios!, la elegancia y las formas de otros tiempos no casan con… la juventud, uno de los grandes valores en alza hoy en día. Al igual que ya hizo Volvo hace diez años, Jaguar quiere refrescarse, rejuvenecer, sin perder su identidad. Por eso, como decía, no es casualidad que su coche más retro sea ahora el más moderno; el S Type es ahora XF.

Baste esta explicación para confirmar que el diseño del XF es acertado. Puede gustar o no, identificarse como un Jaguar a primera vista o sólo a la segunda, incluso puede acercarse al de otros coches, pero no había otro camino más que la renovación estética. Y, fijándose bien, sigue habiendo mucho diseño Jaguar en este Jaguar, como los faros, que recuerdan a las ópticas dobles de toda la vida, las branquias laterales, los cromados estratégicamente situados, como en la parrilla frontal…

Por dentro, la cosa es más vanguardista todavía, y este modelo tiene soluciones nuevas por completo: no hay palanca de cambios (sino un novedoso girador que hace sus funciones), la luz superior se enciende y la guantera del copiloto se abre tocando un botón –tocándolo, no presionándolo–, las rejillas de ventilación se esconden cuando está apagada y, de noche, la luz azul de neón recorre la madera como nunca antes lo habíamos visto.

Madera y luz azul. Una combinación que resume, de nuevo, la exquisita mezcla que este coche hace de lo clásico y lo moderno; todo lo expuesto se mezcla con los mejores materiales –cuero, maderas varias…– y perfectos ensamblajes, y, en definitiva, cuenta con una cabina de muy elevada calidad, que poco tiene que envidiar a la del XKR que probamos semanas atrás, y que cuesta mucho más.

Por cierto, ambas versiones se diferencian visualmente porque el SV8 tiene logotipos específicos y llantas de 20 pulgadas. El resto es todo igual.

Motores.
Las versiones diésel coparán tres de cada cuatro ventas, pero esto es AUTOhebdo, ¡coño!, aquí nos gustan las sensaciones, no sólo el ahorro. Y éstas están garantizadas por los bloques 4.2, atmosférico y turbo, que dan vida, respectivamente, a las versiones V8 de 298 CV y SV8 ("S" de Supercharged) de 416. Asociados a la excelente caja de cambios secuencial de la firma ZF –que usan varias marcas de lujo y con levas en el volante para cambiar manualmente–, logran aceleraciones destacables con una gran suavidad, ya que la alta cilindrada, y no digamos ya el SV8 ayudado por el compresor volumétrico, garantiza que nada más pisar el acelerador salgamos disparados… pero sin despeinarnos, sin brusquedades. Buscando cifras, el más lento alcanza los 100 km/h en 6,5 segundos, y ambos tienen la velocidad máxima limitada a 250 km/h. Los dos motores ya están presentes en otros modelos.

Me ha gustado su sonido, que se convierte en moderado rugido sólo cuando pisamos a fondo el acelerador, sin molestar lo más mínimo a ritmos de marcha normales, y hay que comentar que el girador que hace las veces de palanca de cambios no permite cambios manuales, éstos deben hacerse, como decía, con las levas del volante.

En marcha.
El nuevo XF es un coche grande, de 4,96 metros de longitud, pesado, pues sus 1.800 kilos no son los de una bailarina, y pensado para un público acomodado… lo que nos llevaría a pensar que debería ser tan confortable y aburrido en carretera como un Mercedes. Sin embargo, su tacto me ha sorprendido gratamente: logra un excelente compromiso entre eficacia y confort, acercándose más al tacto de un BMW Serie 5 que al de un Clase E. Su toque deportivo es suculento, similar, o incluso superior, al del citado XKR, y por ello es divertido de conducir. Al volante, el coche no parece grande ni pesado, y la versión SV8 trae de serie la suspensión adaptativa CATS, asociada a un botón "Sport" que permite incrementar la deportividad un paso más cuando es necesario, aunque lo cierto es que la diferencia es bien pequeña, gracias al excelente ajuste de los elementos "fijos".

El control de estabilidad sólo se desconecta por completo cuando se pulsa también el botón Sport. La trasera pocas veces se insinúa, y la electrónica se encarga de controlarla por completo. La contrapartida a esta moderada deportividad es que los baches y juntas de dilatación se perciben con claridad al ser atravesados, precio que yo pago gustoso por conducir un vehículo con una dinámica destacable. Este apartado, junto con la calidad de los interiores, son las evoluciones más claras frente a su predecesor, el S Type.

¿Con cuál quedarse?
El equipamiento de serie de ambos modelos es muy amplio, e incluye control de estabilidad, control de velocidad automático (adaptativo en opción, con radar), asistente de aparcamiento trasero, acceso sin llave, asientos eléctricos de cuero, navegador o luces y limpiaparabrisas automáticos, entre otros. Tú eliges: el V8 cuesta 72.000 euros, y el SV8, 92.000. Este último compensa los 20.000 euros de diferencia con más equipamiento, como la suspensión electrónica CATS, asientos térmicos y ventilados, volante térmico, faros bixenón adaptativos y unos 100 caballos más de potencia.

Con todo ello, cómo no, resulta más atractivo, así que lo preferimos. Si quieres ahorrar y seguir teniendo un XF, entonces deberías pensar en el diésel V6, ya a la venta y más ahorrador en el día a día.

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