Yes que la proliferación de pruebas de todo tipo, con especial "amontonamiento" el mes de octubre, hace que los equipos se dispersen de un lugar a otro, de una modalidad a otra. Así, de los quince WRC activos que hay ahora mismo en Canarias, sólo uno comparecía en el histórico marco de la Villa de Teror, era el Skoda Fabia de Antonio Ponce, el único inscrito, y nadie dudaba que el indiscutible favorito en base a la racha triunfal que le acompañaba en los últimos meses. Más aún cuando la lluvia del día anterior dejaba los tramos con abundantes humedades sobre el asfalto, por lo tanto favorables a un vehículo de tracción total y sus correspondientes ayudas a la conducción. Bien es verdad que en cada rallye, el Skoda Fabia le ha venido dando una serie de problemas, especialmente en forma de esporádicas paradas de motor, que hasta ahora se habían solucionado sin más consecuencias que alguna penalización.
Manda David García.
En el corto primer tramo, poco más de seis kilómetros, David García sorprende realizando el scratch con el Peugeot 306 Maxi Kit Car con casi cinco segundos de ventaja sobre Toñi Ponce, que nada dice sobre la "contraperformance" de su vehículo, lo cual es lógico en estos casos. Segundo tramo, más de ocho kilómetros, y David vuelve a ser más rápido que Ponce, aunque por sólo 1,3 segundos. Aunque piloto y equipo nada comentaban, estaba claro que esos cronos no eran normales, sobre todo en dos tramos consecutivos, dando demasiadas alas a un rival que se iba creciendo ante la debilidad prestacional del Skoda. TC3 y Antonio recorta tres segundos. Parece que el rallye entra definitivamente en una fase de lucha intensa por el triunfo, pero fue el "canto del cisne" porque en la salida del TC4 el motor del Fabia WRC se negó a arrancar, al parecer por un definitivo y fatal fallo en el sistema de alimentación.
Aunque tenía el rallye muy a su favor, David no bajó el diapasón y se anotó el resto de los tramos cronometrados, amasando una considerable ventaja sobre el siguiente clasificado, el cual no era otro que el veterano José María Ponce, incansable una década tras otra con su inseparable BMW M3 de tantas y tantas batallas en muchos y distintos frentes. José Mari tomaba el testigo familiar, que dejaba el abandono de su hermano, y aunque no podía progresar más allá de ese segundo puesto, sí se fue alejando con autoridad de sus rivales más cercanos.
Décima a décima.
La parcela más competida y emocionante para la afición, y para las cadenas de radio que siempre ponen color y picante a los rallyes canarios, estaba en la lucha cerrada, intensa y constante que mantenían por la tercera plaza dos Kit Car, el Citroën Saxo de Samuel Marrero y el Skoda Octavia pilotado por Félix González, que en su toma y daca llegaban al octavo y último tramo separados por tres décimas de segundo. Ambos se vaciaron sobre un trazado muy rápido y con una intensa bajada final; Samuel lograba una diferencia de ¡7 décimas! y se subía al pódium final, un segundo por delante de Félix, que había esperado en el control stop del último tramo el definitivo desenlace, felicitándose ambos y fundiéndose en un emotivo abrazo que subrayaron con aplausos los espectadores que estaban vibrando con el duelo y no se habían querido perder el desenlace de tan espectacular duelo.
Grupo N descafeinado.
Si en la cabeza del rallye se habían dado ausencias importantes, también sucedía lo propio en el Grupo N, incluso más acusado cuando la víspera del rallye, el favorito –y aspirante al pódium absoluto– Armide Martín sufría una avería en la bomba de aceite del Mitsubishi Evo VIII, dejando la pugna en un mano a mano entre Alfonso Viera y Claudio Molina, con sendos Mitsubishi Evo IX. Alfonso tenía más experiencia en la montura y Claudio hizo su primer rallye con este tipo de vehículo pero con su marchamo de piloto rapidísimo, demostrándolo con su dominio y liderato en la Copa Ford Fiesta. Pronto quedaba resuelta la duda, porque el oficio de Alfonso se imponía a la bravura de Claudio, que tras sufrir un pinchazo en el TC3, desistía en la confrontación y se limitaba a rodar con un coche cedido, de cara a alguna otra posible participación y descendiendo a la novena plaza, desbordado por otra furiosa batalla, la de Ángel Marrero (Renault Mégane Coupé) y Raúl Santana (Honda Civic Type R), en la que también llegó a intervenir Germán Hernández, pese a la inferioridad mecánica de su montura (Honda Civic 1.6) frente a los 2 litros de sus adversarios. Marrero salió decidido a dejar constancia fehaciente de lo que había exhibido en los dos rallyes anteriores y que se había difuminado con sendos abandonos. Los tiempos fueron de lujo para un coche no muy de rallyes, como el Mégane, mientras en descargo de Raúl hay que hacer constar los intermitentes fallos de alimentación que no se han conseguido eliminar del todo en el moderno Civic Type R, quedando a 1,6 segundos de Marrero, y Germán a 7,9 de Raúl Santana.
Confrontación entre dos jóvenes pilotos en pos de la décima plaza, Manu Escalante, Seat León Cupra, y Marco Lorenzo, Mitsubishi Evo VIII, distanciados al final por 5,7 segundos y en ese mismo orden, para Lorenzo con la particular satisfacción de ser el primer tinerfeño clasificado.
Escalante en Promoción.
A lo largo de esta temporada, el apartado promocional había sido una exclusiva de Ayose Alonso con el VW Polo Súper 1600, pero este fin de semana no era el de los Alonso, ¡Fernando en Japón! y el joven Ayose se salía en la rápida bajada final de TC2, pasando a liderar este trofeo el antes citado Manu Escalante, además, con una gran comodidad, ya que su más directo rival era José J. Díaz con el BMW 323i de Grupo H (Histórico) a casi un minuto.
Díaz sí se veía inmerso en otro de los muchos piques del rallye, con Iván Armas y su voluminoso BMW M3, pero éste tenía problemas de alimentación, ya que en unos bucles demasiado largos le empezaba a escasear el combustible y, seguramente por este motivo, le faltaron cinco segundos escasos para superar a Pepe Díaz.
Desafío Peugeot, manda Raúl.
Corriendo en su zona Raúl Quesada, campeón 2006 del Desafío y líder destacado en el 2007, lograba una contundente victoria cifrada en 53,5 segundos sobre José Juan Quintana, que lograba aquí el mejor resultado de su corta trayectoria en esta monomarca. José Luis Barrios, con una mano lesionada desde el anterior rallye en Tenerife, le faltaron 6,1 segundos para poder desbancar a un eufórico Quintana.
Amaranto Martel sufría un conato de incendio en el control stop del TC1, por fortuna el mejor sitio, ya que fue auxiliado y, después del susto, pudo continuar en carrera, aunque con una penalización que le relegaba al último puesto del Desafío.
Trofeo Toyota: Bolaños, campeón.
Para no ser menos, entre los Toyota Yaris de esta monomarca también hubo guerra sin cuartel, dado que podía decidirse el título a favor de Vicente Bolaños. El encargado de impedírselo era Rogelio Cárdenes y lo estaba logrando, hasta que un problema con el varillaje del cambio le ocasionaba un buen susto al no engranar la segunda velocidad en una fuerte retención y, posteriormente, le suponía penalizar un minuto al reparar el problema. Fueron sólo 10 segundos reales, pero suficientes para que Bolaños le superara en la clasificación final por 8,3 segundos, llevándose el título anticipado de la monomarca japonesa, en la cual fue tercero a mucha distancia Francisco Javier Ramírez.
Organización, sin comentarios.
Pero sin comentarios de verdad, que es lo mejor que se puede decir, como con los árbitros del fútbol. El renovado rutómetro gustó a todos, no hubo ningún problema, ni retrasos, de tal modo que en sólo ocho horas, a las seis de la tarde, estaban llegando los participantes a la Villa de Teror. Felicitaciones, pues, a la Escudería Aterura por su solidez organizativa, a la vez que nos exime del siempre ingrato trance de tener que ejercer una crítica, pues aunque sea leal y constructiva no siempre es aceptada con ese talante por algunos aprendices de la organización, que se creen merecedores de figurar en un altar o ser reverenciados cual ayatolá de la cosa automovilística.