viernes, 09 de enero de 2009 Buscar

comparativas

Audi RS4

21/08/2007

Rafa J. CID

Audi RS4

El RS4 es de esos coches que logran, sin perder un ápice de pasión o efectividad, ser fáciles de conducir. Todo lo fácil que es manejar 420 caballos de potencia, claro, generados por su motor V8 de inyección directa. La tracción total resulta clave para ello.

Hay dos tipos de chasis fáciles de llevar: los que han sido perfectamente calibrados para ello, y los que han preferido la seguridad de la ausencia de reacciones complicadas a cambio de perder un poco de la agilidad que podrían haber alcanzado sin cortapisas. Por supuesto, los primeros son escasos, y entre ellos se encuentra el Audi RS4.

Su deportividad es realmente elevada, y podríamos situarla a medio camino entre la de las creaciones M y la de las AMG, quizá incluso más cerca de las primeras. Y como ventaja sobre ambas está su facilidad de conducción, fomentada por la tracción total. Esto se percibe sobre todo en terreno revirado más que en circuito, donde el modelo de la firma de los anillos nos hace sentirnos verdaderos pilotos de competición: llevarlo rápido y con seguridad es un juego de niños, incluso con la electrónica desconectada.

Cuenta con suspensión variable Dinamic Ride Control, pero su función, más que la de lograr confort o efectividad, según se necesite, es la de evitar el balanceo y el cabeceo de la carrocería, con lo que resulta un coche incómodo para el día a día, como lo era el antiguo M3 y como lo sigue siendo el nuevo si no se le añade su suspensión electrónica opcional. Como era de esperar, las suspensiones han sido retocadas, sobre todo en lo que a firmeza se refiere.

Puso de moda los V8
El motor V8 atmosférico que da vida al RS4 fue el que marcó el inicio de la moda de los V8 en esta categoría. Cuenta con inyección directa, y, al igual que el M3, opta por una relativa baja cilindrada (4,2 litros) y un régimen de giro alto (7.800 rpm) para generar sus contundentes 420 CV, que son más de 100 por litro. También sus prestaciones son muy similares: 4,8 segundos en el paso de cero a cien y 250 km/h de velocidad máxima, autolimitada. La potencia es entregada a las cuatro ruedas mediante un nuevo diferencial Torsen, el 60% atrás en situaciones normales, cifra que puede variar según las condiciones de marcha. Para ello, emplea una caja de cambios manual de seis velocidades que no altera su funcionamiento con el botón Sport, que sí afecta a la rapidez de la dirección y a la respuesta del acelerador. Así pues, sus reglajes no son tantos como los que permite el C 63 AMG y están a años luz de los muchos disponibles en el M3.

Por fuera, sus diferencias con el resto de los A4 son las de moda: nuevas defensas con branquias laterales, tomas de aire mayores, rejilla tipo panal de abeja y pasos de rueda mayores, lo que aporta agresividad y hace parecer al coche más bajo y pegado al suelo, a lo que colabora también la menor altura de la carrocería al suelo.

Dentro, por otra parte, es de los tres modelos analizados el que mayor grado de deportividad muestra, algo coherente con sus posibilidades. Además del volante y los excelentes bacquets, que se inflan para adaptarse al cuerpo, el acabado en fibra de carbono hace parecer al coche todo un modelo de competición, sin perder por ello elegancia.

 

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