viernes, 09 de enero de 2009 Buscar

comparativas

Estos dos monstruos del asfalto impresionan. Son dóciles pero cuando se desata su rabia muestran la bestia que llevan dentro y devoran el asfalto y lo que haga falta.

24/10/2006

Juan Manuel GARCÍA RUBIO / Fotos: Claudio LUNA

Audi S8 vs Jeep Grand Cherokee SRT-8

Casi 900 caballos de fuerza, entre estos dos coches, enfrentan a unos “monstruos” que no dan miedo, sino que atraen por sus respectivas potencias y caracterizaciones. La ciudad es suya, pues todas las miradas se concentran en ellos... y la carretera también, gracias a sus espectaculares prestaciones.

¿Cómo conseguir o acercarse a los 450 caballos? Hay distintas formas, y si no, basta fijarse en estos dos monstruos, que no sólo intimidan con su presencia, sino también con sus respectivas potencias finales. El S8, King Kong, es el más potente, y lo demuestra siempre. Para ello, ha tirado de algunos esteroides y resalta su musculatura, pero con estilo, con mucho estilo. Además, ha pasado por el gimnasio y se ha dejado allí más horas que Arnold Schwarzenegger. Por eso, no es que sea el gobernador de ningún Estado ni que propugne cosas estúpidas, sino que es el rey de la historia, el que su palabra es la Ley, porque, a base de tablas y más tablas y de su intensivo spinning, hace valer que su motor de 10 cilindros en V sea el más potente, con esos 450 caballos que pueden poner en apuros a más de un deportivo de esos de dos puertas con la tranquilidad más absoluta. No es que sólo haya trabajado el corazón, es que también lo ha hecho con los brazos y las piernas. Así, King Kong tiene suspensión neumática para dejar las cosas claras sobre quién manda y por qué, apoyado en un equipo de ruedas que resulta de una adherencia incomparable y, además, con la inestimable tracción integral.

Godzilla, en este caso el Grand Cherokee SRT-8, es otro monstruo que ya quisiéramos tener aparcado en el garaje de nuestra casa junto a otros coches cuando nos levantamos por la mañana y nos disponemos a ir a trabajar. Da miedo, sí, pero un miedo que da gusto. Aunque su presentación la hace en forma de todoterreno, la realidad es que es una fiera, y de las mejores, apto para carreteras de buen firme, y si son autopistas mejor que mejor. Recurre a un V8 de altísima cilindrada (¡más de 6 litros!), con 25 caballos menos que el S8 y con una tecnología también menor (árbol de levas y dos válvulas...), pero con un resultado final que hace saltar las lágrimas de alegría.

Ojito con este personaje, que nos ha dejado también muy clara su intención de situarse como uno de los TT más rápidos del mercado, y si no, basta echar un vistazo a las cifras oficiales de aceleración para ver que es el mejor. Y ojito también porque su precio, frente al de sus competidores, es muchísimo menor. Comparándolo con este Audi, casi, casi (exagerando un poco) podemos comprarnos dos por la misma cantidad. Las jornadas de preparación para formarse el cuerpo también pasan factura positiva en el momento de ver el resultado final y ponerse a sus mandos. Sentir cómo la carretera es ahora un mejor aliado a la hora de controlar un Grand Cherokee es todo un logro para una versión con más de 250 km/h de velocidad máxima en un body que casi supera las dos toneladas de peso. De hecho, ambos coches pesan casi lo mismo.

Europa vs América
Si King Kong sale venciendo a Godzilla, no es sólo porque sea el protagonista de la historia. Lo es también porque es el mejor dotado y en el asfalto es imbatible. Pero en esta película, a la española, que nos hemos montado con una de las mejores berlinas de su segmento y un TT de agarrarte de gusto, más que una comparativa, Godzilla no sale tan maltratado como en los filmes americanos. Aquí, y ahora, nadie vence sobre nadie. De acuerdo que el S8 es una máquina total, con más potencia, mejores acabados y mejores prestaciones, pero es que es una berlina, y del resultado en carretera no podía esperarse menos. Pero es que el Jeep también demuestra su extraordinaria puesta a punto mediante su rapidez y su buen comportamiento, factores a través de los cuales se puede ver el gran trabajo llevado a cabo, y por el que se permite perfectamente rivalizar hasta con el S8, aunque "pelo a pelo" uno esté en las Antípodas del otro.

Europa, que ataca a las ventas de coches americanos con el S8, entre otros modelos, pone sobre el celuloide, en este caso sobre el papel de la revista, un refinamiento propio de las marcas Premium con tecnología de vanguardia. América, a través del SRT-8, busca imagen por medio de la potencia y también de la transformación exterior que ha sufrido esta versión del Grand Cherokee, especialmente por esas impresionantes llantas, los discos Brembo que asoman imponentes entre los radios de estas últimas y el extendidísimo parachoques delantero, con el que el frontal de este TT, falso TT en realidad, porque entre otros motivos carece de reductora, parece comerse la carretera a golpe de par y caballos.

En su favor, hay que decir además que se nota una gran puesta a punto también en suspensiones y equipo de ruedas, además de en otros puntos. Gracias a ello, esta fiera es mansa en el asfalto y se puede conducir con extremada facilidad. El perfil ultrabajo de los neumáticos también hace lo suyo, pero es que, en general, no es incómodo, y además es muy preciso en carretera, prácticamente en cualquier tipo de carretera. Es conveniente saber que detrás el puente rígido siempre está presente, y por si nos olvidamos, será fácil recordarlo con firme en muy mal estado.

No cabe duda de que son muy diferentes, aunque casi coincidan en potencia final. El Grand Cherokee puede pegar más fuerte... a veces, pero sólo a veces. Y es que el "brazo" de par supera en cifra al del Audi. También al acelerar parece que hay más patada, aunque lo que sucede es que en realidad está peor filtrada, y eso que el trabajo llevado a cabo por los americanos no es nada malo precisamente. El S8 es más rápido y ágil, y por eso King Kong sale ganando en las carreras. Como los dos comen mucho, ambos pesan muy parecido ante la báscula. Y eso se nota. Menos mal que en los dos casos contamos con tracción a las cuatro ruedas, que ayuda mucho, aunque también suponga kilos extras.

En el Grand Cherokee, además, tenemos una suspensión rebajada (2,5 cm menos) que deja el centro de gravedad más bajo y propicio para mayores prestaciones y mejor comportamiento que cualquier otro Grand Cherokee, pero no que el Audi S8. Este último tiene la posibilidad de dejar este aspecto a un sistema automático, o que nosotros mismos seleccionemos la posición de suspensión que creamos más conveniente entre las distintas posibles. Por si fuera poco, existe una opción en Audi referente a los frenos, y más concretamente a los cerámicos, con una potencia de frenada superior y, sobre todo, con una resistencia todavía mayor que la de los estándar, que ya de por sí son excelentes.

Sin duda, estos coches están hechos para el asfalto. Son el asfalto, si así lo queremos. Los dos cuentan con todo lo necesario para transportar bien a sus ocupantes; en el caso del S8, con cuatro asientos (atrás la configuración es de dos plazas), mientras que el SRT-8 es inmenso por dentro. En este último caben bien cinco personas, y además tiene un grandísimo maletero, aunque el Audi tampoco lo haga mal precisamente en este apartado.

La carretera, una alfombra roja
Corren que se las pelan, y mientras que King Kong bate récords, Godzilla aguanta lo que le echen. Son motores casi inacabables, a menos que tengamos por delante la pista de despegue de un Airbus 380 para correr y apurar todas las marchas. Aquí, el rey de la selva asesta sus mejores golpes, y es que el cambio Tiptronic ya ha dejado claro antes que está muy perfeccionado. Para un deportivo de la gama alta de Audi no iba a fallar, y desde luego que no lo hace. Comentar que tiene levas en el volante para accionarlo sería casi una falta de respeto con el lector, pero es que en este tipo de coches casi se hace imprescindible montarlo, porque invita a ir usándolo casi constantemente. En el SRT-8, también con cambio automático y secuencial (aunque sin las levas en el volante), se muestra muy suave y suficientemente bien conjuntado con el motor, al que ayuda de forma evidente. Lo que pasa es que si te montas en el S8 y después en el Jeep te das cuenta de la diferencia. Lógicamente, ambos coches son distintos, como distintas han de ser sus transmisiones.

Con ese nivel de prestaciones al que llega cada uno de estos vehículos, ya es de esperar algo similar en comportamiento. Lo del Audi casi roza la perfección, y podemos ir muy rápidos y muy seguros. Incluso con la suspensión en modo confortable permite hacer malabarismos. Sí, y hablamos de un coche con más de cinco metros y casi dos toneladas. Todo eso se disipa en el S8, donde la carretera no es más que una alfombra roja puesta a los pies de este gigante. La precisión de la dirección, de los frenos, la ausencia de balanceo, la estabilidad, son todos factores que juegan a su favor. Por eso es un coche tan rápido, y a la vez tan cómodo y facilísimo de conducir.

El SRT-8 nos ha dejado la impresión de un chasis bastante mejor logrado que el de sus hermanos de gama menores, y que apoya con toda nobleza a un motor de estas características, muy potente y con un gran torrente de par que digerir. No es el más afinado en todo tipo de circunstancias, pero es que la genética americana suele ser así. Pero no por ello la conducción es menos placentera, y de verdad que hay un gran trabajo en todo el conjunto. Las ruedas agarran una barbaridad, y con los controles electrónicos puestos (el ESP está afinado específicamente para él) no es tan fácil hacer el burro o darse un susto conduciendo, incluso sobre mojado. También es muy preciso de dirección, y aunque no tanto como el Audi, sí que pone también el listón altito, y puede pasar las curvas a gran velocidad sin demasiados problemas. Claro que vamos más altos conduciendo y que el peso, aun siendo casi parejo al del Audi y por ello estar más arriba, condiciona. Pero con todo y con ello, el Jeep es más que apto para estos caballos, y se puede hablar incluso de un grado de refinamiento superior frente a lo conocido hasta ahora en la marca americana.

Lo dicho, dos monstruos de la carretera que ya quisiéramos que formaran parte de nuestras plazas de aparcamiento privadas.
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