Es habitual que a uno, en condición de periodista de motor, le pregunten cada dos por tres que cuál es “el mejor coche”. A la mayoría le gustaría una respuesta simple y espectacular, como el Ferrari tal o el Porsche cual, incluso aunque el curioso tenga cuatro críos y no le guste conducir. No, la respuesta es más compleja: el mejor coche es uno en concreto para cada persona. En este caso, nuestro amigo necesitaría, probablemente, un monovolumen. En los citados deportivos no caben las sillitas...
De nuestros tres protagonistas de hoy, como veremos, es quizá el Seat León el más recomendable, pues ofrece casi todo lo que tienen los otros dos con un precio muy inferior. Sin embargo, quien prefiera refinamiento le parecerá “menos coche”, y deberá optar por el A3, mientras que Golf GTI es el más completo por su amplio equipamiento, cuidada imagen o eficaz comportamiento, y se sitúa entre ambos en calidad. Se percibe con claridad que los ingenieros han trabajado mucho sobre el coche de Volkswagen, más barato que sus predecesores, más dinámico y con un chasis que vuela sin ser incómodo. ¿Ya tienes un favorito?... pues sigue leyendo y tendrás más argumentos.
Mucho en común.
Golf, A3 y León comparten una de las plataformas de la que más modelos derivan en la actualidad, pero el éxito de su difusión es que hay que saberlo para darse cuenta: no se parecen entre ellos, lo que se agradece. El A3 es el más conservador, en buena parte debido a que en su renovación apenas ha cambiado, y el Golf también apuesta por el continuismo. Ambos se identifican al primer golpe de vista.
El León es, sin duda, el más osado. Sus líneas se cuentan entre las más vanguardistas del momento y, a pesar de su cercanía con el monovolumen Altea –y con el incalificable Toledo–, el vehículo irradia dinamismo y originalidad. Como detalles ilustrativos, los limpiaparabrisas se esconden en los laterales del parabrisas, no delante de él, y las manetas de las puertas traseras están camuflados junto al cristal para que no se vean, de forma que el coche parece un coupé aunque sea de cinco puertas.
A favor del Golf tenemos que decir que, gracias a cambios pequeños pero efectivos, como una nueva parrilla con rejilla en forma de nido de abeja, escapes o llantas, el vehículo es el que más se diferencia del resto de sus hermanos de gama, lo que no está de más.
Dentro, sin embargo, las cosas son diferentes. La modernidad de las formas del León no logra que destaque por encima de sus rivales de hoy, pues estos están mucho mejor rematados y utilizan materiales de más calidad. Es claramente el A3 el mejor en este apartado, con todo lo que podemos tocar de tacto suave y líneas que nos recuerdan mucho al TT, como las salidas de ventilación o los brazos que unen la consola central con la zona de la palanca de cambios.
La cabina del Golf posee una calidad situada entre ambos modelos, y ya no es el referente en su segmento, como sí lo fue en generaciones anteriores. Sin embargo es, de nuevo, el que más claramente muestra un trabajo de personalización. El volante asimétrico, el pedalier o la palanca de cambios hacen que los que se sienten en un GTI sepan que no están en cualquier Golf.
En general, con mejor o peor aspecto, los tres interiores destacan por su robustez y los asientos deportivos aseguran una perfecta sujeción en todos los casos. Otra característica casi común la encontramos en los puestos de conducción, casi inmejorables tanto por la postura al volante como porque son capaces de encajar con personas de muy diferentes tallas.
Motor explosivo.
Para moverse, nuestros tres protagonistas utilizan el mismo motor, que genera 200 caballos en A3 y Golf, por 185 del León. Se trata del bloque de 2 litros de cilindrada, con inyección directa de gasolina. Tiene 16 válvulas, de recorrido variable, turbo e intercooler. Su cifra de par motor es casi la propia de un motor de 3 litros, 280 Nm entre 1.800 y 5.000 vueltas (10 Nm menos tan solo para el León), lo que da una idea de lo “ordenadita” que entrega la potencia.
En efecto, tras un momento de tranquilidad, en cuanto la aguja se acerca a las 1.500 vueltas ya tenemos potencia a raudales, comportándose los tres como verdaderos purasangre que nos dejan pegados al asiento. Pero no hay un claro punto de inflexión que marque la entrada del turbo, de forma que la suavidad y el orden caracterizan a los tres a la hora de acelerar.
La menor potencia del León se percibe muy ligeramente, pero sus prestaciones dan fe: es más lento tanto en velocidad punta como en aceleración –casi un segundo menos en relación con el Golf DSG, a pesar de su menor peso-, y no muestra mejora en los consumos, tan solo frente al Audi, que por su tracción total sí es más tragón. Puedes comprobar todas las cifras en la ficha de características adjunta.
En cuanto a las cajas de cambios, hemos decidido incluir la de tipo DSG en el Golf para compararla con las manuales, todas ellas de seis marchas. Y, sin duda, resulta la que aporta el mayor grado de deportividad y velocidad de actuación. Las de León y A3 son rápidas y precisas, sin tacha, pero el DSG es capaz de cambiar en décimas de segundo gracias a su doble disco. No deja apenas que la aguja baje de vueltas, y si deseamos mayor control en las frenadas para negociar las curvas con la marcha adecuada, no hay más que reducir manualmente con la palanca o las levas del volante. Para subir relaciones, aun en modo manual, basta con esperar a que la aguja se acerque al corte y la caja lo hará solita. Y a qué ritmo... Esto está bien pensado, pues, cuando rodamos por carreteras de montaña, a veces perdemos en nuestra mente la posición de la leva del volante en curvas cerradas, ya que gira con él.
La prueba más fehaciente vuelven a ser las cifras: logra reducir el consumo medio y acelerar más rápido que con la caja manual. Así que su única pega es el precio: 2.250 euros. Por lo demás, nos parece altamente recomendable
Mismas “piernas”.
Las suspensiones son otro elemento común en la comparativa de hoy. Para todos, eje delantero McPherson y trasero Multilink. Este tipo de solución se está popularizando rápidamente en esta categoría de modelos, pero todavía no es la más habitual. Así que todos ellos tienen una ventaja competitiva en este sentido, en particular el León, por ser el más económico. Sin embargo, el rodar de los tres es diferente.
Empecemos por el A3. Es el más confortable de los tres y, con la suspensión deportiva de nuestra unidad (disponible en opción) cuenta con un excelente equilibrio entre eficacia y confort, aunque prima ligeramente el primero de los términos. La tracción total le convierte en el que mejor acelera en la práctica a pocas dificultades que encontremos en el pavimento, pues el sistema de tracción a las cuatro ruedas le da ventaja. Eso sí, con el DSG se hace muy fácil acelerar en el Golf, aunque el sistema de control de tracción hace acto de presencia con más asiduidad, al igual que en el León. Además, el coche de la firma de los anillos es el que más suavidad atesora, por más cosas: insonorización, tacto de los mandos... es el más burgués y en el que más cómodos se hacen los viajes.
El GTI va todavía más duro que el A3, pero sin llegar a ser incómodo. En este caso, la balanza se inclina todavía más hacia la deportividad, logrando con ello más efectividad. En ambos casos, los coches parece que van sobre raíles, y a sus mandos podemos rodar a velocidades de infarto con gran facilidad. Perdonan errores graves de conducción, sobre todo gracias al ESP, ya que sin él las traseras permiten cierta deriva que aporta agilidad en curvas lentas. Esta capacidad está muy limitada, pero en esta ocasión me ha parecido digna de mención, pues normalmente es nula en los turismos alemanes, lo que les resta décimas de agilidad a cambio de tener estabilidad a prueba de bombas en curvas largas y rápidas de autopista. Ahora, gracias al ESP, siguen manteniendo su agarre a 200 por hora mientras han ganado en curvas de 60.
La conducción del GTI es realmente destacable, pues permite rodar a ritmos de infarto sin necesidad de recurrir a una extrema dureza de amortiguación. La única pega de este bombón, calificable como uno de los mejores deportivos de su segmento por dinámica, es que comunica poco al conductor. Parece que no lo conducimos.
El León va todavía más duro que el VW y es el más efectivo de los tres, el más deportivo con claridad, pero también es el único que empieza a ser incómodo. En él se perciben más las irregularidades del terreno, sobre todo las pequeñas, de forma que el incremento en agilidad se ha pagado con demasiada claridad en forma de reducción de confort. En viajes largos puede pasar una pequeña factura, aunque no es de ningún modo un coche incómodo.
Al contrario que el A3, es el menos refinado, pero este pecado le ha hecho ganar una virtud: es el que mejor conecta conductor y asfalto, en el que más se percibe la carretera y por tanto el que más se disfruta en conducción deportiva.
Por último, cabe mencionar que el equipo de frenos se queda algo corto en el Golf, y es en el modelo en el que se calientan con más facilidad.
Como hemos podido comprobar, el Audi A3 es un modelo con un jugoso toque dinámico, pero que mantiene un elevado talante burgués. El Golf es ya todo un deportivo, tremendamente fácil de conducir y con una imagen poderosa. Por último, el Seat León, sin ser tan refinado como sus rivales, es capaz de garantizar el mayor de los placeres al conductor adicto a las curvas por su agilidad y potencia, a un precio muy inferior al de sus “primos”. Nosotros, como buenos adictos, nos quedamos con este último.
Pero ojo, si el dinero no es un problema, la delicia de manejar el Golf con cambio DSG le convierte en el escogido, pues la pequeña diferencia a favor del León en agilidad la compensa con mucho más confort y la velocidad pasmosa de su cambio. Además, el modelo alemán no es tan caro como los anteriores Golf GTI, y llega muy bien equipado, lo que ha de tenerse en cuenta. El Audi no es menos atractivo, pero busca otro cliente menos adicto a la gasolina. Lo dejamos como favorito para los lectores de las revistas de motor aburridas.