Seguro que ya sabes leer entre líneas a muchos periodistas del motor. Cuando decimos que un coche es suave, confortable y silencioso, y no decimos ni palabra de su comportamiento en carretera, es que es más aburrido que la carta de ajuste.
Pero hoy en día, para un coche compacto es imprescindible contar, mínimamente, con estas cualidades, pues pocas son las personas que pueden comprarse uno de tipo radical, y por tanto incómodo, para disfrutar de su magia solamente el fin de semana.
Así que, la última hornada de vehículos de altas prestaciones de la categoría ha moderado su tacto deportivo, aunque sigue siendo muy jugoso para poder ser utilizado día a día. Le ha pasado al Honda Civic Type R, al Seat León Cupra…
El Focus ST se sitúa en esta guerra, aunque en su caso le ha pasado al contrario, era un soso que se ha convertido en príncipe en su última entrega.
Su virtud radica en que es uno de los coches que mejor ha sabido combinar ambos mundos, el de la eficacia y el del cuidado por los pasajeros: es bueno en las dos cosas.
En la eficacia, por su chasis. Independiente en ambos ejes, bien equilibrado para que sea rápido sin resultar nervioso, perfectamente tarado para que resulte firme en curva y suave en recta. Es resultado de intensas pruebas en Nurburgring, donde recientemente ha batido el récord de su categoría: se nota que Ford hace coches para vender en el mercado inglés, y allí, al contrario que aquí, un buen chasis es sinónimo de muchas ventas.
Pero aun hay más. Hay detalles racing, pero elegantes, seleccionados: los nuevos relojes en lo alto del salpicadero, el sonido del motor, tratado con una membrana que lo hace más portentoso, la parrilla frontal con forma de panal de abeja, el color naranja tornasolado… el ST se mete en un camino al que las marcas tienen pánico, el del tuning, y sale de él como un caballero, no como un "tuneado".
Motor curioso
La influencia de la competición ha logrado que los motores más carismáticos sean los dos litros turboalimentados para los que siguen los rallyes, y los V6, V8 e incluso V12 para los amantes de los circuitos. Por eso, el 2.5 de cinco cilindros turbo del ST, que entrega 225 CV, nos parece curioso, pero su funcionamiento resulta muy interesante. Tiene mucho par en baja por su cilindrada, y el turbo, al ser suave (sopla a 0,8 bares), matiza su comportamiento sin marcar su entrada. De esta forma, las zonas baja y media de su curva de potencia son particularmente brillantes, haciendo su uso muy fácil y agradable. Al exprimirlo, hace innecesario llevar siempre la marcha exacta o la aguja del cuentavueltas en un margen corto. Nos hace parecer mejores conductores, como todo el coche en general.
Más virtudes
Más datos hacen al ST un coche muy aconsejable. Su precio es uno de los más comedidos de su categoría, y, además, su aspecto es de los mejores. Los acabados interiores son de primera categoría, quizá los mejores entre sus semejantes, y detalles coloristas que pueden añadirse, tanto en cinturones como en asientos, hacen que su aspecto elegante pero poco atrevido sea más acorde con la mentalidad del coche.
Además, es también de los más grandes, lo que mejora su sentido práctico.
En definitiva, el Focus ST no ofrece sensaciones de conducción inspiradas en su homólogo de competición, pero su tacto deportivo conjugado excepcioanalmente con virtudes de coches más burgueses le hacen un modelo apasionante.