En Jaguar no se han andado por las ramas a la hora de dotar, en su más reciente actualización, a su máximo representante deportivo, el XKR, con armas suficientes para plantar cara a los grandes turismos de la talla del mismísimo M6 de BMW. Al alemán precisamente lo supera en potencia (aunque sea por poco), lo iguala en velocidad máxima declarada y autolimitada (no así en aceleración), lo emula en tamaño y, por si fuera poco, compite con él en imagen y vanguardismo. Eso sí, el BMW se permite el lujo de ser bastante más caro, y eso que nos movemos ya en cifras respetables, muy superiores a los cien mil euros, que se dice pronto.
Los grandes coupés nunca mueren
No cabe la menor duda de que los grandes turismos, los grandes coupés, nunca mueren, como los viejos roqueros. La historia del automovilismo se ha escrito, y se sigue escribiendo, con ellos presentes. Su producción es minoritaria, sus precios astronómicos y sus felices propietarios se cuentan casi con los dedos de una mano. Pero, aun así, existen y son muy elitistas.
Tanto el XKR de Jaguar como el M6 de BMW pertenecen a ese elenco y son hasta más baratos que algunos Maserati, Ferrari o Aston Martin en los que podamos pensar. Sus motores, V8 en el primer caso y V10 en el segundo, los posicionan como colosos del asfalto con todas las de la ley. Y, además, son modelos también muy exclusivos. Eso sí, suponen uno de los mayores desperdicios de espacio interior frente a las grandes medidas exteriores, pero es el precio de la imagen y la ostentación.
Jaguar acaba de actualizar algunos de sus modelos, como el XF y el XK. De ahí que este XKR presente algunas diferencias de imagen respecto al anterior, aunque, sobre todo, nos importa el incremento de potencia y par que ha experimentado. Esos 510 caballos que ofrece el inglés son una cifra impresionante, y además rivalizan directamente con los 507 del BMW M6. Ambos corren mucho y lo hacen bien; son dos auténticos "revienta radares", así que, cuidado, que es muy fácil saltarse las normas.
Al elitismo estético de ambos, BMW suma un motor de diez cilindros, dos más que su rival, que lo hacen muy especial, porque no es muy normal ver tanto cilindro junto en los tiempos que corren.
Acelera, que algo queda
Sin duda, estos dos grandes colosos se miden de tú a tú, de verdad, en carretera. Su impulso tras pisar el acelerador es inmediato, y dado que aquí no importa demasiado el consumo de combustible, excepto por lo relativo a la autonomía si realizamos un viaje largo, la respuesta que se obtiene es para quitarse el sombrero. Bajan de los cinco segundos en el 0 a 100 km/h, eso lo dice todo, ya que no es fácil hacerlo en coches de cerca de dos toneladas de peso.
Posicionados ambos cambios en su selección más deportiva (y con el botón de power en el M6 pulsado), basta hundir el pie derecho para darnos cuenta de la pasta de la que están hechos estos coches. Las traseras pueden desbocarse un poco si el piso está resbaladizo o si el volante está girado a uno de los lados, pero los controles de seguridad se encargan de controlar la situación de forma magistral, y basta con un poco de atención a la dirección para que todo salga bien. En el Jaguar es más que improbable que pase nada, pues, aun con el control de estabilidad desconectado, las buenas formas imperan siempre. De hecho, en el inglés es difícil marcarte un trompo en situaciones parecidas. En carretera es más "morrón" de lo que puede hacer pensar la propulsión trasera, por lo que su conducción resulta muy sencilla y relajada… como cabe esperar en un coche de su condición. Por eso no es exigente, lo que no le exime de diversión al volante si nos lo proponemos; por ejemplo, en un circuito cerrado, donde dar rienda suelta a nuestra imaginación, a los caballos disponibles y, cómo no, a las inercias.
No obstante, hay botón de "modo dinámico", que permite sacar con mayor eficiencia las prestaciones a este coche o, mejor dicho, disfrutarlas bien, aunque, ya sin ese botón apretado, resulta una delicia conducir este Jaguar. Su dirección es precisa, la suspensión no es dura y el cambio es suave, pero rápido. Como los apoyos son francos, pudiendo dar gas a fondo en una curva, conducirlo es un auténtico placer.
M de "maravilla"
El M6, por su parte, hace gala de una planta en la carretera muy notable, con un extraordinario comportamiento dinámico. Casi parece posible conducirlo con los ojos cerrados. Aunque con tres caballos menos, a la hora de enfrentarse al cronómetro hace valer su mayor número de cilindros y, sobre todo, sus relaciones de cambio más cortas. Así saca ventaja a su contrincante, excepto en consumos, donde se distancia bastante.
Lo cierto es que el concepto de deportivo se ha llevado mucho más allá, entre otras cosas, en el cambio automático del germano. De acuerdo que es brusco en ciudad (lo contrario que el Jaguar, que resulta una verdadera delicia), pero su mayor especialización, en cuanto a la rapidez con la que queramos que realice la transición entre cambios, lo hace mucho más especial... También el hecho de que podamos, como en el M5, contar con dos potencias, dependiendo del uso que queramos hacer, o alterar los valores de actuación de los controles de estabilidad y tracción casi a nuestra voluntad, hacen de este BMW, frente a este Jaguar, un coche más especializado. Quizá, después sus propietarios no quieran tanta complicación, pero ese es otro tema. El caso es que en carretera va exactamente por donde se le marca, y buena parte de culpa la tienen sus anchos neumáticos ("calza" más ancho que el XKR tanto delante como detrás).
Lo cierto es que resultaría muy difícil decantarse por uno de estos dos coches si nos dieran a elegir, así, por la cara. Por un lado, el alegato del Jaguar bien podría ser que resulta un coche superatractivo, potente, preciso y muy moderno. En ciudad destaca allá por donde lo llevas y en carretera va como la seda, siendo un coche divertido si te lo propones.
Además, está muy bien hecho, con materiales de calidad y bien equipado, como no podía ser de otra forma. Eso sí, asegúrate un buen garaje, que se trata de un coche de casi 4,80 metros. Por su parte, el BMW tiene, si cabe, un toque más deportivo aún que su contrincante. Y, como hemos comentado antes, un grado de complicación aún mayor, derivado del cambio automático y de las diferentes posibilidades de actuación sobre los controles electrónicos. La transmisión automática es brusca en ciudad, pero en carretera es definitiva y, además, en conjunto es un coche con más aplomo.