Está claro que las marcas se tienen que poner las pilas. La competencia es cada vez mayor, y se empieza a mirar ya de reojo a China, que seguro dentro de muy poco desembarcará en el Viejo Continente.
En este segmento, el de los compactos de más de cuatro metros de longitud, la cosa está muy reñida. El Volkswagen Golf ha perdido ya del todo su mayoría absoluta en el reinado y ahora son muchos los fabricantes que ofrecen vehículos con unas características muy similares y a precios más contenidos.
"Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer", dice el refrán. Por eso precisamente aquí estamos para intentar desmentirlo y dar una oportunidad, por qué no, a los nuevos que llegan.
El Mégane es ya conocido por todos. En el año 2006 recibió un pequeño restyling, se introdujeron motorizaciones nuevas y se ajustaron algunas listas de equipamiento para seguir manteniéndolo como uno de los coches más vendidos en España. La marca coreana, por su parte, acaba de enseñar al mundo su nuevo vehículo compacto, que dará mucho que hablar a las vacas sagradas del segmento. Ofrece mucho a un precio contenido.
Porque el espacio es la vida
Precisamente una de las cosas que ofrece el Cee’d es espacio. Sus 4,2 metros de longitud facilitan un espacio más que bueno para cuatro ocupantes. Los pasajeros delanteros no tendrán que sufrir en sus espaldas las rodillas de los traseros gracias a un generoso espacio en las plazas de atrás. No sólo el coreano es casi 3 cm más largo que su competidor, sino que, además, este pequeño extra repercute positivamente en el interior.
Sin embargo, el Mégane sigue estando un peldaño por encima en cuanto a calidad de interiores. Aunque empieza a achacar el paso de los años, sobre todo en cuanto a diseño, la calidad de los materiales es mejor que la de su oponente y ofrece una mejor impresión nada más sentarte dentro.
Efectivamente, el Cee’d cede en este terreno, aunque no por eso habría que tirarle de las orejas. Los acabados, y en concreto los plásticos que abundan en todo el habitáculo, tienen un aprobado, y se nota más esmero que en otros modelos de la marca.
El Cee’d, además, está muy bien equipado, con elementos como el ESP, climatizador, ordenador de a bordo, mandos de la radio en el volante o conexión auxiliar a ipod. En este aspecto los dos contrincantes están muy a la par, el Mégane ofrece prácticamente lo mismo, aunque carece de conexión a ipod y USB para mp3. Sin embargo, se pueden montar, como opción los faros de xenón, opción incompatible con el compacto coreano.
Hasta ahora la cosa está muy reñida, veremos qué pasa con respecto al motor y las sensaciones de conducción.
Las apariencias engañan
El propulsor que mueve a cada uno de los dos tiene un denominador común, que es su bajo consumo.
El 1.5 CRDi con sus 115 caballos se muestra igual de "mechero" que el francés con 1,6 litros de cilindrada y 106 CV. Hacer un viaje con cualquiera de los dos puede ser una buena forma de ahorrar dinero, ya que pararemos poco en la gasolinera.
Aquí tampoco hay un claro ganador, las potencias y los pesos de los que hablamos son muy semejantes. Podría imponerse a lo mejor la caja de cambios de seis velocidades del Mégane, pero lo cierto es que las dos proporcionan los mismos resultados. En un ritmo de 120-140 km/h hemos registrado en ambos casos cifras muy cercanas a los 5 litros de media, lo que es un dato muy bueno.
Sin embargo, cuando examinamos las prestaciones, aquí sí que hay uno que asoma la cabeza. Aunque a priori los 10 CV más que da teóricamente el modelo coreano no deberían suponer una ventaja tan clara, lo cierto es que las sensaciones que se perciben desde el interior son de una superioridad evidente. A partir de unas 2.000 rpm, el Kia responde al acelerador con mucha más contundencia que su rival, que se muestra mucho más suave y progresivo, y aunque a lo mejor puede llegar en mejor forma a la zona alta del cuentavueltas, el Cee’d es muy superior en bajos y medios. No hace falta utilizar tanto la palanca de cambios como en el Mégane, gracias a un superior par motor que se percibe claramente en las recuperaciones y adelantamientos.
Las dos cajas de cambios son, como hemos dicho ya, de seis velocidades en el Renault y 5 en el Kia, y también en ambos casos igual de agradables de utilizar por su tacto y precisión en las inserciones de marcha.
Para el día a día
Ninguno de los dos ostenta la estirpe de deportivo, de hecho no han sido concebidos para ello. La finalidad de estos dos vehículos no es otra que la de un utilitario para todos los días, con un espacio y una comodidad razonables para realizar largos desplazamientos. Sin embargo, hay diferentes matices que podemos encontrar en cada uno de ellos cuando nos ponemos a sus mandos.
El esquema de suspensiones es muy similar, con arquitecturas independientes tanto para el eje delantero como para el trasero. Esto les permite desenvolverse con total seguridad en carreteras con asfalto bacheado, aunque a la hora de afrontar curvas y fuertes apoyos, la sensación de aplomo que encontramos en el Mégane no la percibimos en el modelo coreano. Es cierto que la dirección eléctrica ni nos gusta, ni nos ha gustado nunca, pero la nobleza con la que nos obsequia el chasis del Renault cada vez que giramos el volante para afrontar una curva puede ser determinante a la hora de decidirse por uno de los dos.
El Cee’d balancea más en los virajes pronunciados y hemos percibido un molesto cabeceo del tren delantero cuando hay oscilaciones en la carretera.
El ESP no es desconectable en el francés, lo que por otro lado nos parece correcto en un coche al que no se le va a dar un uso deportivo.
Difícil elección
En cualquier caso, se nos hace difícil decantarnos por uno de los dos. El Renault Mégane es un coche excelente, y por eso encabeza la lista de ventas en nuestro país. Posee unas buenas cualidades dinámicas, unidas a un diseño peculiar y una calidad por encima de la media.
Sin embargo, la marca coreana ha dado un importante salto cualitativo, ofrece prácticamente el mismo equipamiento que su rival, con un motor más potente pero cede en el apartado dinámico. Y claro, todo esto también se ha visto repercutido en el precio. La pelota está en vuestro tejado.