Para domar al Mazda MPS hay que saber dar órdenes, algo que a veces se nos olvida por obra del jefe, la pareja o la suegra, mucho más duchos, tantas veces, en estas lides. Y es que, en ocasiones, desobedece, pero dirigido con mano firme es un soldado de medalla.
La culpa es del autoblocante. Al estar colocado en las ruedas delanteras, que son las mismas que tienen el poder de traccionar, cuando funciona interfiere en el volante, que suele girar unos grados en la dirección opuesta a la que deseamos. Vamos, que debemos ordenarle que obedezca y que siga dirigiéndose adonde queremos, de lo contrario, puede alterar la trayectoria deseada. Para ello basta con sostener el volante más firmemente de lo habitual, lo cual requiere de un poco de atención. Esto lleva a emplear recursos cerebrales que podrían emplearse en otras acciones, pero la cosa tiene su actractivo, pues con cada movimiento indeseado de la dirección sabemos que estamos rodando en el límite del agarre y que el sistema está funcionando a las mil maravillas.
Así, sus pérdidas de tracción se reducen enormemente, y el paso por curva mejora en grado similar. De hecho, creí que así armado, junto con su motor 2.3 de 260 CV –el más potente de todos, con turbo e inyección directa–, le convertirían en el modelo más rápido y deportivo de esta comparativa. Ha tenido que conformarse, en ambos apartados, con la segunda plaza.
Quizá sea porque le falte algo de chasis. A pesar de que es el mismo que utiliza el Focus, se percibe menos trabajo final a la hora de afinarlo, de forma que, aunque firme y apasionado, es un punto menos eficaz que el de su primo, y en general que el del resto de los coches de esta comparativa. Y también es más pesado. Aun así, Mazda ha hecho los deberes y su tacto es muy superior en todos los apartados frente a los Mazda3 convencionales, a cambio también de resultar más incómodo, sin llegar a ser "romperriñones".
Piel de cordero
Definitivamente, este coche es muy divertido de conducir. Sus prestaciones son espectaculares, su precisión acusada y, como vengo diciendo, el autoblocante pone la guinda haciéndonos disfrutar de lo lindo y marcando claramente el carácter deportivo.
El MPS es, de largo, el menos llamativo de la comparativa. Se ha decidido ocultar por completo sus posibilidades al sentido de la vista, que aparte de los logos, apenas puede atisbar su potencial por las enormes llantas de 18 pulgadas que monta. Incluso en el interior, que goza de acabados de andar por casa, no hay apenas elementos diferenciadores. Casualmente, hasta el color de la unidad que hemos probado le hace pasar desapercibido. Así que, para los que quieran rodar de incógnito, éste es el coche ideal. Que tome nota la policía secreta...