Al igual que ocurre con el Ibiza Cupra, el Mégane Renault Sport es idéntico, en lo que a comportamiento se refiere, a su versión de gasolina. Renault afirma que la variante dCi solamente cuenta con ligeros retoques en sus ajustes para corregir la diferencia de pesos, que han afectado a suspensiones y dirección y que verdaderamente son imposibles de notar sin ponerlos a los dos juntos. De forma que, una vez más, estamos tratando con lo más selecto de la categoría a la hora de afrontar las curvas.
Si a su homólogo de gasolina le salen rivales hasta debajo de las piedras, pasando por los Ford Focus ST, Honda Civic Type R, Opel Astra OPC… el caso es que ninguna de esas marcas se atreve con tanta potencia diésel y una manera tan deportiva de gestionarla. Una vez más, las prestaciones hablan por sí solas: 220 km/h de velocidad máxima y 8,3 segundos en el paso de cero a cien.
El motor, con sus contundentes 380 Nm de par, logra que nos quedemos pegados al asiento al acelerar, aunque, de nuevo, sus 175 CV no llegan tan deprisa como ocurre en las versiones menos potentes. Su actuación es similar a la del Cupra, pues, si bien parece entregar más fuerza al mismo régimen, también le cuesta un poco más subir de vueltas. En todo caso, como decía, manteniendo la aguja entre las 2.000 y las 4.000 rpm avanzamos como llevados por un huracán, lo que es una garantía de diversión.
Delicatessen
La puesta a punto del chasis del Mégane es la mejor del grupo que hoy analizamos. Con la misma agilidad que el Cupra, logra más confort de marcha, sobre todo rodando en firmes irregulares, donde resulta menos seca. Eso sí, la diferencia es pequeña y el Mégane Sport no es un coche confortable. Esto se consigue con una amortiguación de más calidad y también con unos reglajes discretamente más inclinados a la conducción deportiva, pues las reacciones del chasis son un poco más vivas, lo que colabora a mejorar la agilidad, a cambio de no resultar tan fácil de conducir.
Eso sí, el control de estabilidad soluciona cualquier susto, y de hecho recomendamos la elección de la amortiguación opcional "Chasis Cup", que incluye también la posibilidad de desconectar el ESP, algo imposible en los modelos de serie.
En lo que a precios se refiere, la versión dCi del Mégane Sport es unos 700 euros más cara que el modelo de gasolina.