sábado, 04 de septiembre de 2010 Buscar

comparativas

Mitsubishi Montero DI-D vs Toyota Land Cruiser D-4D

13/03/2007

Rafa J. Cid / Fotos: Jorge Brichette

Mitsubishi Montero DI-D vs Toyota Land Cruiser D-4D

Aunque con el tiempo se han adaptado a un uso diario por carretera, los dos modelos que hoy analizamos son dos viejos roqueros con excelentes aptitudes fuera del asfalto, que les apartan de la moda de los SUV. En resumen, dos todoterrenos de pura cepa que no olvidan la suavidad y el confort. ¿Cuál es el mejor?

Todoterrenos de verdad. Así podemos definir a Mitsubishi Montero y Toyota Land Cruiser, dos modelos que sirven tanto para ir al trabajo todos los días como para atravesar importantes obstáculos campo a través. Se sitúan así a medio camino entre los nuevos SUV –más bien coches elevados que apenas pueden salir del asfalto– y los escasos todoterrenos puros que todavía quedan en el mercado, como puede ser un Land Rover Defender, verdaderos "tarzanes" de la jungla, pero ilógicos para usar a menudo.

El primero en llegar, allá por los años ‘50, fue el Toyota. De hecho, se consagró como el enemigo principal del que fue el primer todoterreno que en Europa se utilizó para campo y ciudad, el Range Rover. Más tarde, en muchos lugares del mundo donde se utilizaban para moverse por donde no había carreteras, como Australia, llegó a ser el preferido gracias a su mayor fiabilidad. El Montero llegó en los ‘80, y marcó un hito cuando cambió, en su última generación, el chasis de largueros por uno de tipo monocasco.

Nuestros protagonistas resultan así perfectos para los que necesiten un vehículo que les lleve de aquí para allá entre semana, como cualquier otro, y que esté listo para el ocio y la aventura el fin de semana. Por ello, ambos son la punta de lanza de la oferta de este tipo de vehículos, los más deseados por el público.

Eso sí, dado su tamaño y peso, la conducción deportiva no es uno de sus fuertes. Estos coches se disfrutan sorteando obstáculos, no negociando curvas. Aun así, como puedes ver en el reportaje fotográfico, no son nada aburridos en pistas de tierra…

Evolución reciente
Ambos modelos han sufrido recientemente un discreto "meneo", tanto estético como mecánico, que los ha actualizado. El Mitsubishi estrenó frontal a finales del pasado año, con capó de aluminio incluido para reducir el peso, nuevos faros de xenón opcionales (todavía ausentes en el Toyota) y una recolocación de la rueda de repuesto trasera, ahora más baja. Ha subido el peso unos 80 kilos, debido a nuevos refuerzos y materiales aislantes, mientras que la suspensión también ha sufrido variaciones, como más firmeza en su respuesta, tanto en amortiguadores como en muelles. A su vez, los frenos son ahora más grandes y eficaces. En total, la firma asegura que hasta el 74% de las piezas son nuevas.

El Toyota, por las mismas fechas, estrenó propulsor diésel, 7 caballos más potente que el anterior gracias a una nueva gestión del motor, además de variar su equipamiento, del que luego nos ocuparemos.

Como buenos competidores directos que son, sus cualidades son más parecidas de lo que esperaba. Ya lo avanzan las formas, muy similares: amplias aletas, morro alto que expresa robustez, corte recto en la trasera, ruedas de repuesto exteriores, líneas rectas con ángulos suavizados… alguien a quien no le llamen la atención los coches podría confundirlos fácilmente.

Dentro, la igualdad es de nuevo elevada. Ambos salpicaderos tienen casi exactamente la misma forma, lo que se aprecia particularmente en la protuberante forma central, la bandeja del copiloto o incluso el volante. De tanto enfrentarse, estos dos coches ya hasta se quieren entre ellos…

El color claro del modelo de Toyota le hace menos europeo que el de Mitsubishi, y más elegante, a lo que colaboran las inserciones en madera. Aun así, los cambios de la nueva generación del coche de los tres diamantes le hacen estar, en acabados y remates, un pequeño paso por delante, y su imagen es ligeramente más deportiva.

Motores
Como esbozaba líneas atrás, la principal evolución del Toyota ha sido la ganancia de 7 caballos en su motor 3.0 D-4D, que ahora genera 173 CV a tan sólo 3.400 rpm. Mientras, el par motor llega antes, y disponemos del 100% del mismo a tan sólo 1.600 rpm. Esta llegada tan presurosa de sus 410 Nm de par es buena para todo: sobre asfalto, nos permitirá aceleraciones rápidas y contundentes –todo lo contundente que puede ser acelerar con dos toneladas de peso–, y en tierra, nos sacará de apuros nada más pisar el acelerador.

Mitsubishi emplea un poco más de cilindrada, 3,2 litros, con los que consigue 160 caballos a 3.800 vueltas y 381 Nm de par a 2.000 rpm. La ausencia de turbo de geometría variable en su arquitectura no es decisiva frente al Toyota, aunque sería deseable, y de hecho la versión automática del Montero ya lo tiene (ha sido necesario para que cumpla las normas anticontaminación), y con él ha aumentado su potencia hasta los 170 CV.

Con cifras de potencia y par ligeramente inferiores, y la comentada ausencia de turbo variable, el Montero manual logra de todas formas estar a la altura: es más rápido en velocidad punta (177 km/h frente a 175), aunque no puede vencer al Land Cruiser en aceleración, y éste, con 11,5 segundos en el paso de cero a cien, mejora en seis décimas la marca de su rival.

En cuanto a las cajas de cambios, Mitsubishi opta por cinco marchas, y Toyota por seis. De todas formas, aunque no han sido objeto de nuestra prueba, recomendamos las cajas automáticas para todos los que vayan a hacer campo –y atascos–, salvo que sean verdaderos expertos. Evita muchos problemas.

Confortables
Aunque ambos modelos tienen suspensiones tirando a firmes, para evitar inmensos balanceos de la carrocería, su suavidad es muy destacable. Viajar a sus mandos es un verdadero placer, y los kilómetros se devoran con facilidad. Quizá con algo más de ruido que en un coche de lujo, pero con un grado de confort, en los dos casos, muy elevado.

Eso sí, a pesar de lo comentado, los balanceos siguen presentes, el subviraje es tremendo y, en general, las curvas cerradas no son su fuerte.

En este sentido, gracias a su chasis monocasco y las suspensiones independientes en ambos ejes, el Mitsubishi es mejor rodador, aunque por menos diferencia de la que esperaba. Su paso por curva es algo más rápido y preciso, más todavía gracias a los retoques en la suspensión de la última entrega.

Por el contrario, el eje rígido con brazos tirados del Land Cruiser, a costa de no ser perfecto para la carretera, sí resulta interesante para el campo a través. Pero, de nuevo, hay que probarlos a fondo para extraer diferencias. Ambos se meten por donde únicamente pueden ir las cabras y pueden sortear obstáculos imposibles.

Para ello cuentan con reductoras, buenos ángulos de ataque, salida y vadeo, y solamente echamos en falta más diferenciales autoblocantes, pues sólo cuentan con el central. En el caso de Toyota, es de tipo Torsen, y se encarga de repartir de forma permanente el par (40% delante y 60% detrás), pudiendo hacer que varíe hasta un máximo de 53% delante y 71% detrás.

Mitsubishi emplea el sistema Super Select II, con acoplamiento viscoso bloqueable. Así, en condiciones normales son las ruedas traseras las protagonistas, y según pierdan adherencia, la irán ganando las delanteras. Opcionalmente dispone de autoblocante trasero.

Suficiente equipamiento
Tomando, como tengo costumbre, las versiones básicas de ambos contendientes, encontramos niveles de equipamiento suficientes, aunque no desmesurados. En los dos casos vienen de serie airbags frontales y laterales, ESP, control de tracción y, por supuesto, la tracción total. El Mitsubishi añade control de descenso, muy útil, y llantas de aleación, pero su precio, unos 1.200 euros superior, compensa estos añadidos.

En ambos modelos las opciones son pocas, y para contar con más equipamiento debemos acceder a niveles de acabado superiores; pocos extras pueden adquirirse por separado.

Entre ellos, el "Mitsu" cuenta con faros de xenón, ausentes en el Toyota, y los dos carecen de automatismos en luces y limpiaparabrisas, tan cómodos para el día a día.

En definitiva, la igualdad entre estos dos modelos es realmente elevada. Para los que su prioridad principal sea el campo, el Toyota Land Cruiser es más recomendable por su robusto eje rígido y sus grandes dotes camperas, mientras que, el que piense en un uso diario, tiene una mejor elección en el Mitsubishi Montero, más preciso sobre el asfalto merced a su amortiguación independiente y chasis monocasco. Aun así, los dos siguen siendo muy buenos en todo. Así, da gusto.

 

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