El Qashqai está a medio camino entre un SUV y un compacto del segmento C, donde se encuadra el Golf. En algunos aspectos tiene más de todoterreno ligero, como por ejemplo la pinta, y en otros, se acerca mucho a las características de los compactos citados. En el caso concreto que nos ocupa, la motorización de gasolina de dos litros coincide en potencia con la eficaz planta motriz del Golf de 1,4 litros. Además, en sus versiones de acabado básico, tanto en uno como en otro vehículo, también tienen casi idéntico precio. Para Nissan, de hecho, el Qashqai intenta ser una alternativa a los usuarios de esos compactos y todoterrenos ligeros del tipo RAV4, etc. Por eso, quizá para muchos nos encontremos con un dilema a la hora de elegir un buen vehículo para las necesidades cotidianas. Con el Nissan, sin ser un verdadero todoterreno, te puedes permitir salir por caminos sin asfaltar sin ese miedo que te produce si lo haces con un modelo como el Golf y sientes rebotar las piedras en los bajos tanto como si te estuvieran "lapidando". Además, el Nissan es más grande por fuera y vale prácticamente lo mismo. Es más familiar y polivalente pero, eso sí, es menos ágil y su motor es menos eficiente, comparativamente hablando, que el del Golf, que el de este Golf.
Mejor más grande o mejor más ágil
Las diferencias entre la carrocería del Qashqai y las del Golf saltan a la vista. Nosotros, además, las hemos acentuado eligiendo el producto alemán en la configuración de tres puertas. Con ello también hemos procurado igualar los precios de adquisición. Desde luego, es más versátil el Nissan en este caso, por aquello de mejores y mayores accesos al interior, aunque luego, si cuentas los centímetros entre uno y otro, encuentras que las diferencias no son tantas como las visuales. Así, el japonés mide 4,31 metros de largo y el Golf 4,20. Pero el Nissan es también más ancho y más alto lo que, en conjunto, proporciona un coche más grande. También el maletero es algo mayor en el Nissan, y el habitáculo ofrece dimensiones con mayores posibilidades. Si las plazas traseras del Golf no son ninguna maravilla (como todas las de este segmento), las del Nissan no son tampoco para tirar cohetes, ni lanzar las campanas al vuelo. Eso sí, entre ambos hay mayor desahogo en el Nissan, de eso no cabe la menor duda. Vamos, que por habitáculo nos quedamos con el Nissan.
Los acabados del modelo japonés están a la altura de los del Golf, y eso es una más que buena referencia. Otra cosa es el equipamiento de estas versiones que, en ambos casos, son bastante pobres cuando nos salimos de los elementos convencionales (elevalunas, cierre, etc.), aunque de esta forma se contienen muchos los precios, y para muestra sólo basta echar un vistazo a la relación de equipamiento de la ficha técnica de estos dos modelos. No existe, ni siquiera como posibilidad pagada aparte y en ninguno de ellos, la opción de montar cosas como los faros de xenón, llantas más grandes, tapicería de cuero o suspensión deportiva, entre otras cosas. Eso sí, en ambos casos hablamos de coches con mucha personalidad, tanto por fuera como por dentro; con una imagen más conocida en el caso del Volkswagen y más novedosa en el del Nissan.
Dos motores, dos corazones
Otra de las grandes diferencias son los corazones de estos coches. Mientras que Volkswagen puede presumir de un alarde tecnológico (compresor y turbo conviviendo juntos) mediante el cual un motor de baja cilindrada rinde como uno grande (casi o igual que un V6, pero sin consumir lo mismo), en el Nissan encontramos un buen dos litros, agradable de conducir y bastante lleno de potencia siempre, pero un simple atmosférico al fin y al cabo que al lado del de este Golf queda hasta eclipsado. Claro que son dos coches diferentes, y por tanto ninguno mejor que otro, eso nos queda más que claro.
En el Nissan, este motor de dos litros es, además, suave y está bien insonorizado, algo que se agradece siempre. "Ruge" algo más cuando lo forzamos en los regímenes altos, donde se encuentra algo menos a gusto, pero en general es un motor más que silencioso. No es deportivo, aunque tampoco se ha pretendido. Se utiliza de forma muy agradable y es de esos propulsores con los que no tienes que andar todo el tiempo tirando del cambio. Lo mismo sucede en el Golf, donde el cambio manual lo usas más por gusto que por necesidad de estar metiendo marchas para encontrar la zona buena con el motor. En este caso, la sobrealimentación, o mejor dicho las sobrealimentaciones, se encargan de tener el par disponible, siempre a punto, y muy burros tenemos que ser, o tener un despiste del quince, para no aprovechar bien cualquier marcha.
En el Golf, tenemos, podemos decir, dos vidas, pero siempre con consumos ajustados, que además es lo bueno y donde reside la "magia" de este motor. A bajas y medias revoluciones, el compresor sobrealimenta el motor. Cuando se pisa fuerte el acelerador, o se rueda rápido por encima de esos márgenes, deja de funcionar automáticamente para pasar a sobrealimentar el turbo, con lo que tenemos una repuesta contundente siempre, muy llena de vida hasta el corte de vueltas. Aquí sí que encontramos deportividad a flor de piel en el pie derecho, y sin embargo no es un motor brusco ni incómodo. Tampoco es ruidoso precisamente. Lo bueno de esta combinación de "sobrealimentadores" es su complementación y que cada uno actúa cuando mejor lo sabe hacer. No es una técnica nueva, pero estaba totalmente en desuso en automóviles de serie. En el caso de este Golf básico, tenemos además un peso bastante contenido, con lo que la respuesta es en todo momento muy potente (la relación peso-potencia es muy buena, y no digamos ya la relación caballos por litro, que está en esos 100 CV). Para que nos hagamos una idea, para nosotros rivaliza en algunos aspectos con el mismísimo GTI, el "hermano noble" de los Golf por derecho propio. Para muestra también un botón, y de ahí la aceleración en el 0 a 100 es suficiente. De hecho, sería recomendable para aquellos que busquen buenas prestaciones en un coche eficaz en todos los sentidos, pero tampoco quieran (o no puedan) llegar al desembolso que requiere un GTI (eso sí, también mejor equipado que esta, como decimos, versión básica). De todas formas, se puede configurar un 1.4 TSI con más equipamiento (y más precio) si se opta por otros acabados superiores, y siempre sin llegar a lo que cuesta un GTI.
En carretera, diferentes
La conducción de ambos coches es, también, y por una lógica aplastante, bien distinta. Mientras el Golf es un coche muy ágil, muy vivo, obediente a las solicitudes del volante y el acelerador, el Qashqai requiere algo más de atención, pero sencillamente por ser más grande, pues lo que se dice en kilos tampoco es un peso pesado precisamente.
La conducción del Golf es más deportiva si así se requiere. Éste es un modelo rápido como una liebre y muy ágil. Lo mismo lo llevas en ciudad con una facilidad propia de un auténtico compacto que cuando te metes en carretera, en todo tipo de carreteras, te encuentras con un chasis que se adapta perfectamente a la conducción requerida. No tiene exactamente los mismos reglajes del Golf GTI, pero por lo mismo es más cómodo en circunstancias normales, mientras que en conducción al límite el conjunto soporta una conducción agresiva sin demasiados problemas.
El Qashqai es un buen familiar, y desde luego tiene un comportamiento en carretera que ofrece mucha confianza. Ello no sólo se debe a un buen recorrido de suspensión, muy controlado, sino también a un buen esquema en ambos ejes, especialmente en el trasero, donde "gasta" un multibrazo que se lleva a las mil maravillas con el delantero y con el que permite un manejo general muy confiado. Es de esos coches bien hechos en estos aspectos, y permite un aplomo superior al de todoterrenos, o pseudotodoterrenos, que montan un eje rígido atrás que no se muestra precisamente complaciente a ritmos rápidos, o cuando el asfalto se complica lo más mínimo. Obedece y se tiene bien por donde le ordenas, con el volante sin hacer extraños ni cosas raras. Por eso transmite confianza y te puedes atrever a llevar ritmos alegres sin problemas.
En este caso, este Qashqai es un tracción delantera, muy conducible y ligeramente menos pesado que las versiones 4x4, con una dirección fácil, no demasiado lenta y con unos frenos y un cambio que acompañan las labores normales de manejo de un coche de este tipo. De todas formas, las versiones de tracción integral no llevan reductoras y el acople entre ambos ejes para la tracción total lo realizan mediante un embrague multidisco. O sea, que ni así el peso es un factor determinante ni en realidad nos encontramos con un todoterreno de los de verdad o con las posibilidades fuera de carretera de un TT con todas las de la ley. Por eso, incluso casi estamos convencidos de que es mejor un Qashqai 4x2, equipado hasta el techo y, en el fondo, con un resultado en carretera, que es donde más se va a utilizar, mejor.
En definitiva, dos coches que valen prácticamente lo mismo, pero con diferentes aspectos; uno ágil y más compacto y otro en un envoltorio más familiar.