El chorro del turbo suena como un dragón echando fuego por la boca, las suspensiones son duras como piedras y el comportamiento del chasis es algo nervioso, mucho si lo comparamos con lo habitual hoy en día. Creerás que estoy en el infierno de Dante, pero no, resulta que esto es el mismo cielo: me encuentro dando vueltas al circuito del Jarama con el Astra OPC, y lo estoy pasando en grande. Ésa es la clave, demonios, este coche está en las antípodas del aburrimiento y es el mejor de esta comparativa para los que sepan conducir y disfruten con ello. ¡Ah! y también es el más rápido.
Todo rezuma deportividad en esta máquina, y la clave de su éxito es la suspensión electrónica: ésta aporta el toque definitivo de cara a aumentar la eficacia sobre el asfalto y además convierte al coche, cuando se desconecta el modo "sport", en un modelo más educado y confortable para viajar o usar todos los días.
Pero ahora no voy a la oficina. La suspensión está en su modo de funcionamiento más deportivo, lo que, a su vez, redunda en que el motor gire un poco más alto de vueltas y la dirección se haga más directa. Y el ESP está desconectado. Quien sepa de coches sabe que este sistema es, salvando las diferencias, similar al que estrenó el BMW M3.
El Astra OPC es un reto. Sus pérdidas de tracción son acusadas, de forma que hay que tener tacto con el pie derecho a la hora de acelerar. Y eso que el motor 2.0 turbo de 240 CV resulta muy ordenado. Aunque la verdadera fuerza llega más allá de las 3.000 vueltas, cuando lo hace no hay una patada fuerte que complique más las cosas.
El chasis hace de las suyas en algunos puntos del circuito, y las reacciones al intentar corregirlas son bruscas. Pero la eficacia es tal, la dirección es tan directa y el avance tan poderoso, que domar a este purasangre se convierte en todo un reto.
La estética acompaña
Y quien no quiera recoger el guante, basta con volver a conectar el ESP, con lo que seguiremos teniendo el coche más rápido de los que hoy nos ocupan, por un poco menos de diferencia. Solucionado el problema... si es que lo había. Este modelo enamora a los talibanes de la conducción, entre los que me encuentro. As salaam alaykum, que la paz sea contigo.
El miedo generalizado a todo lo que se parezca al tuning ha hecho que las marcas olviden todo atisbo de alerón llamativo o paso de ruedas sobredimensionado para estos coches, que se cuentan entre los pocos que podrían merecerlo. Así que, tal como lo ves, el OPC es también uno de los coches más deportivos en lo que a apariencia se refiere. Por dentro es algo más discreto, aunque tiene cierto grado de personalización que se aprecia en los asientos o la palanca de cambios que, por otra parte, es enorme y no ayuda a cambiar adecuadamente.