Siempre hay objetivos que se pueden conseguir de distinta forma. El resultado final ya será elegido por unos u otros en función de los gustos. En BMW, para conseguir un coche rápido, o hasta racing si se quiere, no suelen alardear externamente de ello, o al menos no demasiado. Por el contrario, Seat suele hacer todo lo contrario hasta enarbolar bandera de este hecho. Basta recordar el eslogan de la marca o sencillamente hasta cómo sazonan las carrocerías cuando se trata de un modelo con marcado carácter deportivo. De ahí las siglas FR y todo lo que de ellas se exprime... Y se exprime mucho a juzgar por la cantidad de modelos y derivaciones de estos mismos. Eso sí, siempre quedan los Cupra, todavía más cantosos.
Por eso, con motores y potencias similares, como los modelos que nos ocupan, se plasma todo el carácter corporativo al que hacemos referencia. Basta mirar el 120d para darse cuenta de que en frío no parece un modelo tan prestacional como es, desde los rendimientos en velocidad y recuperaciones hasta en consumos. Y también basta girar la cabeza y visualizar tan sólo una parte del Seat para entrever que ahí hay algo más que la intención.
La versión León 2.0 TDI FR es hasta agresiva, si nos apuramos en describirlo como deportivo. Se sazona, eso sí con clase y esmero, la carrocería hasta darle un aspecto muy atractivo, al menos para los que buscan que el coche ande pero que también lo transmita a los cuatro vientos. Desde luego que este León lo hace, y si las miradas desgastasen, este coche que nosotros hemos tenido de prueba ya no sería rojo, si no que estaría directamente en la chapa.
Cuatro cilindros, sí, pero distintos
En ambos casos, a las marcas de estos coches les ha bastado con un bloque de cuatro cilindros para extraer tanta caballería, prueba de que los máximos avances tecnológicos están dando su fruto día a día. Aunque para el conductor es algo que no repercute demasiado a la hora del funcionamiento (al menos no de una forma palpable en cada momento), el motor del BMW recurre a la inyección directa por conducto común, mientras que en el Seat se confía más en el sistema de bomba-inyector, que además estira un poco más en la franja de revoluciones cuando de sacar el máximo jugo se trata. Luego la realidad es que el Seat aventaja en caballos frente al BMW, algo a tener en cuenta para los que les gusta presumir de cifra oficial de potencia.
Ambos motores giran muy redondos, sin vibraciones, y desde luego nos deleitan con una potencia y par considerables a la hora de tener estas cifras en cuenta. Luego está el turbo de geometría variable, que en los dos modelos es el otro gran elemento a tener en cuenta. A la hora de pasar por la gasolinera, el BMW es un poco más afinado, pero la realidad es que estos dos coches son verdaderos mecheros para lo que ofrecen y lo que son capaces de dar. Y si no, un vistazo a la ficha técnica para ver esos valores en todos los apartados, incluso en el peor de los dos.
En las primeras vueltas, ésas en las que soltamos el embrague en primera velocidad, o en ciudad y en carretera en marchas más o menos largas, el León es algo más remolón justo hasta superadas las 1.500-1.600 vueltas, y hasta las 2.000. Es a partir de entonces cuando se siente toda la riqueza de este propulsor. Es entonces cuando la “patada” (minimizada, por supuesto) del turbo hace valer sus prestaciones con aceleraciones. Podemos llegar incluso a perder rueda en forma de pérdidas de tracción, controladas dependiendo de la circunstancia.
El BMW, que es un tracción trasera, no lo olvidemos, para lo bueno y para lo malo, también tiene control de estabilidad y trac- ción de serie. Ambos son desconectables desde el salpicadero. Con ellos puestos la tracción es envidiable, y aquí no se “pierde rueda” por mucho que nos empeñemos. Este 120d tiene una particularidad destacable, y es también su suavidad de funcionamiento, que además se adorna con una mejor insonorización; en el Seat se nota más que es un diésel por el ruido en frío, y especialmente con las ventanillas abiertas, aunque, eso sí, nunca es molesto. El manejo del cambio es preciso pero no suave, por lo que es un apartado, creemos, a mejorar desde el punto de vista del tacto.
¡Rápido, que van!
Son coches que cumplen perfectamente con cualquier cometido. A excepción de una habitabilidad generosa, y en esto está en desventaja el BMW, con un interior más pequeño y bajo; ambos modelos son casi como el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Suaves y sosegados, despiertan al más mínimo toque de acelerador y cambio. Ahí radica, creemos, su magia, la de poder transformarse sin complejos.
La aceleración del Seat sale ganando (en cifras oficiales), aunque sea por poco. Pero es que además la sensación parece mucho acrecentada (nuestra unidad de pruebas montaba la opción de las ruedas de 18 pulgadas) en patada al acelerar. El Seat tiene una fidelidad de trayectoria tan envidiable como la de su rival, aunque como es un tracción delantera dulcifica con mimo las curvas y las hace muy fáciles incluso a velocidades elevadas. En el BMW, si se sabe disfrutar de ese eje posterior, es un placer dar gas paulatino según se va recorriendo la curva para que la dirección obedezca en todo momento a las solicitudes de las manos. De hecho, la mejor curva se inscribe en un equilibrio perfecto entre el trabajo de la dirección con nuestros brazos y el gas.
En ningún caso las suspensiones son incómodas. Duras sí, pero últimamente el compromiso entre dureza, eficacia y comodidad está mejor logrado en marcas que saben mucho de esto, caso de Seat y BMW.
Adecuados por dentro
Como hemos dicho, hay algo más de espacio (bastante, si somos de los que valoramos cada centímetro en un coche) en el Seat, especialmente en lo que a altura se refiere, y más concretamente en las plazas traseras. En el BMW vamos a encontrar un interior de calidad, con ajustes de primera y mandos que funcionan siempre bien. En el Seat, en general, tres cuartos de lo mismo, pero sin la discreción de su rival. De hecho, en el coche español te recorre más la sensación deportiva, empezando por ver las siglas “FR” casi hasta en la sopa. Del diseño cambiaríamos el pomo de la palanca de cambios, grande y poco ergonómica.
El equipamiento está al nivel de coches que suponen para sus gamas un representante importante. El León, eso sí, es bastante más barato a prácticamente igualdad de equipamiento, con una diferencia considerable. Si somos muy sibaritas, en el BMW podremos tener opción a elementos que en el Seat no encontramos, pero “a precio alemán”.