comparativas
Volkswagen Golf 2.0 FSI vs 2.0 TDI
A pesar de todo, el Golf mantiene su estatus pese a quien pese. Es el más deseado de entre todos los compradores de este segmento.
Otra cosa es que se les vaya de presupuesto y entonces opten por otros modelos menos caros, como el León si lo que buscan son prestaciones, o el Mégane si les importa más el confort de marcha. Pero si pudieran, el Golf sería su elección. Las razones de su éxito van más allá de sus cualidades.
Tener un Golf tiene un plus de glamour que no tienen sus rivales (quizá el Civic entre también en el club), pero eso no quita que dicho glamour está arropado por un producto de sobresalientes características. Espacio, estabilidad y prestaciones a partes iguales hacen del Golf la referencia del segmento. En este duelo entre hermanos hemos traído dos modelos idénticos hasta en cilindrada. Sin embargo, y al igual que ocurre con los “leones”, tienen planteamientos totalmente distintos.
El gasolina es más cómodo, más suave y, sobre todo, más silencioso. El diésel goza de la patada de su motor, del nervio de sus aceleraciones y de la efectividad de su eficacísimo propulsor, todo un ejemplo de prestaciones a cambio de consumos ridículos. Eso sí, la sonoridad es bastante alta, demasiada en marchas cortas, aunque afortunadamente en largas desaparece por completo. Por su parte, el gasolina es muy elástico, se estira linealmente y tampoco gasta en exceso. Con ambos se puede ir rápido, y gracias a su excelente estabilidad es posible tomar curvas a velocidades considerables. Eso sí, la estabilidad no es sinónimo de deportividad, y el precio que hay que pagar por ello es sufrir un cierto balanceo de la carrocería. Admiten ambos una conducción fuerte, pero si se quiere apurar al máximo es mejor el León. El Golf es más equilibrado y racional, aunque no hace ascos a ese tipo de conducción. Entre el diésel o el gasolina, es el primero el que nos permite divertirnos más, ya que sus aceleraciones y recuperaciones son tan contundentes que sentiremos llevar más coche. En el 0 a 100 es lo único en el que el gasolina triunfa, ya que al recorrer el primer kilómetro el diésel recupera esa diferencia e incluso le supera en una décima. Lo que sentimos al llevar el diésel es que el motor está más “lleno” y transmite mucho más, y en sólo 35.000 kilómetros compensaremos los 1.000 euros de sobreprecio entre ambas versiones.
Por lo tanto, por prestaciones y consumos, el claro ganador de esta “guerra” es el diésel.
Kilómetros para compensar 34.965
Ahorro diésel cada 100 km: 2,86 €
ELEGIMOS: DIÉSEL