Cuánto daño ha hecho ese dicho de "la cara es el espejo del alma". Pues no, de ninguna manera, los malos tienen cara de malos en las películas, en el mundo real poseen todo tipo de aspectos, y las rubias con cara de ángel, las hay buenas y las hay brujas.
A los coches que nos ocupan les pasa, en cierto modo, algo de todo esto, que su imagen no casa del todo con su realidad. El anterior Mini era uno de los turismos más deportivos del mercado, pero se lo compraba un montón de gente que buscaba un coche coqueto y pequeño para la ciudad, que en realidad hubiese preferido suspensiones más blandas o una dirección menos directa. Al contrario, tras sus primeras generaciones, los Golf GTI se volvieron más burgueses que sus predecesores y, a pesar de que tal apellido es sinónimo de deportividad, otros muchos modelos de la competencia resultaban mucho más dinámicos.
Pero las cosas han cambiado, de forma que la cara y el alma de nuestros protagonistas son ahora más parecidas: la última entrega del Mini sigue siendo una delicia sobre el asfalto, pero ha moderado sus modales e incrementado su sentido práctico. La nueva generación del Golf GTI no sólo es un deportivo con letras grandes, también ha bajado su precio en comparación con sus rivales, de forma que resulta más atractivo que nunca. Solamente el cambio DSG le aparta económicamente de la competencia, pero es que merece la pena...
Vamos a ver cuál resulta más interesante de estos dos modelos. Desde luego, ambos lo son, y mucho.
Coquetos
Manteniendo el inconfundible aire de familia que les caracteriza, los dos coches tienen discretas diferencias estéticas frente al resto de sus hermanos de gama. Así, el Volkswagen cuenta con una rejilla frontal negra de panal de abeja con un bisel rojo, paragolpes y alerón trasero específicos, salida de escape y llantas de 17 pulgadas con las pinzas de freno en color rojo... y prácticamente los mismos elementos -rejilla, defensas, escape y llantas- son, junto con un discreto alerón trasero y una amplia toma de aire en el capó, las pinceladas que diferencian al Cooper S del resto de Minis.
Dentro, el Golf incluye asientos con mayor sujeción, aunque no llegan a ser tipo bacquet, y llama la atención el volante asimétrico, más atractivo que útil, pues los automóviles que suelen llevarlos, normalmente de competición, lo hacen porque tienen poco más de una vuelta de tope a tope, mientras que éste casi alcanza las tres. Eso sí, este modelo ya no es el referente en acabados que solía ser antaño, y aunque su interior no tiene tacha, otros rivales están por encima.
El Mini, en cambio, ha mejorado sus acabados manteniendo un diseño moderno y desenfadado. Éste ha cambiado sus formas discretamente, pero el aspecto general sigue siendo el mismo, como digo, con mayor calidad. Quizá su punto flaco sea la ergonomía, ya que hay que apartar la vista de la carretera y mover la cabeza para ver el velocímetro, a pesar de lo grande que es, y éste aglutina algunos mandos que no son de manejo intuitivo. Incluso, si optamos por el navegador irá situado en el centro de su gran esfera, dejando ver solamente la punta de la aguja que se encarga de mostrar la velocidad.
Así que, comparativamente, la calidad es bastante similar. El interior del Golf parece más robusto y espartano, mientras que el Mini, gracias a su atrevimiento en lo que a diseño se refiere, resulta más llamativo. Eso sí, como era de esperar, el Golf vence por goleada en lo que a espacio se refiere, y es más de 10 centímetros más grande en anchura, tanto delante como detrás, así como en espacio para las piernas. De igual forma, aunque el maletero del nuevo Mini ha crecido hasta los 160 litros de capacidad, éstos siguen siendo pocos frente a los 350 de su rival.
Motores jugosos
El motor del modelo de BMW es un 1.6 turboalimentado construido en aluminio (mismo material que el de su contrincante) que ofrece 174 CV a 5.500 vueltas, con un par motor de 240 Nm entre 1.600 y 5.000. Como bien insinúa esta cifra, resulta muy agradable de utilizar por su rápida entrega de la potencia, que aumenta y aumenta hasta poco antes del corte de inyección, momento en el que inicia un ligero descenso. Así, la sexta marcha de la caja de cambios ha sido pensada para mejorar los consumos más que para aprovechar a la perfección el motor, y los errores en el manejo de la misma no nos hacen perder mucho tiempo. Su consumo medio oficial es de 6,9 litros cada cien kilómetros.
La unidad que hemos probado del Golf GTI cuenta con la caja de cambios DSG, lo que condiciona la utilización del motor, pues si no hay fuerza suficiente, se encargará por sí sola de reducir para encontrarla. Esto hace más complicado calibrar, por ejemplo, la calidad de la entrega de la potencia a bajas vueltas. Pero sólo en teoría. En la práctica cada pisotón al pie derecho se convierte en una rápida aceleración, pues el motor no sólo tiene unos bajos excelentes, sino que también la caja es tan rápida que en un pestañeo ha puesto la aguja en zona de par máximo. Éste es constante, 280 Nm, entre las 1.800 y las 5.000 vueltas, favorecido por la inyección directa y el turbo. Los 200 CV de potencia máxima llegan a 5.100 vueltas y, al igual que en el caso del Mini, las encargadas de entregar toda esa fuerza son las ruedas delanteras. En ambos casos las pérdidas de tracción son pequeñas, aunque en el Cooper S se percibe un ligero aumento de las mismas frente a su predecesor.
En cifras, el Golf es más rápido en todas las mediciones, aunque por poco (233 km/h frente a 225; 6,9 en el paso de cero a cien por 7,1), ya que si bien tiene más caballos, también pesa 150 kilos más, lo que equilibra la balanza.
Rodando, que es gerundio
Si los motores de estos coches son una gozada, los chasis van por el mismo camino: estamos tratando con dos vehículos que apuestan decididamente por la deportividad, con resultados excelentes. El GTI pone en la balanza más dinamismo que confort, pero en su justa medida, para resultar suficientemente suave en el día a día y también rodar como los ángeles por carreteras viradas cuando apetezca. En este sentido tiene una respuesta más apasionada que sus predecesores, y muy similar a la de turismos como el Renault Mégane Sport o el Ford Focus ST, aunque con un punto menos de comunicación entre conductor y carretera, ya que parece, hablando exageradamente, que va sobre raíles y nos transporta a velocidades de vértigo sin que nosotros conduzcamos.
El Mini, a pesar de que se ha moderado, pone un poco más alto el listón en agilidad. Sigue siendo una verdadera anguila que se mueve por las carreteras como pez en el agua, de forma que su conducción es tremendamente divertida. Antes, directamente parecía un kart... ahora no resulta tan nervioso de reacciones y es más suave de amortiguación, resultando más práctico para todos los días. Aun así, con la suspensión deportiva en opción resulta algo incómodo, sobre todo para los pasajeros de los asientos traseros, pero por otra parte, se une al conductor a la hora de hacerse uno con el asfalto, y sus límites están más a la vista que en el caso del Golf.
En resumen, los conductores dinámicos disfrutarán con ambos coches. Más equilibrado el Golf, más apasionado el Mini, pero ambos en la misma guerra: la de los coches con los que una carretera de montaña se convierte en un parque de atracciones.
Gadgets, sí o no
El principal gadget del Golf GTI es el cambio de marchas DSG. Tiene un inconveniente, que la versión que lo incluye cuesta 2.000 euros más. Todo lo demás son ventajas: cambios rapidísimos, levas en el volante para no tener que soltarlo en ningún momento, automatismo total cuando estamos, por ejemplo, en un atasco... Deportividad y comodidad encuentran así un punto de unión.
El Mini cuenta con un sistema electrónico que hace más directa la dirección e interfiere en la reacción del motor ante las solicitaciones de aceleración, como en los BMW M3 o Opel Astra OPC. En el salpicadero un botón Sport para activarlo a voluntad. Sin embargo, al no contar, como éstos, con suspensión electrónica, las variaciones que produce en la dinámica del vehículo no son las suficientes como para que se saboree en gran medida.
En general, el coche de Volkswagen viene más equipado, pero también es 3.000 euros más caro.
Veredicto
Ante tantas virtudes, más que un ganador claro, estos coches se adaptan mejor a uno u otro público. Si lo que buscas es conducción pura y dura, no tienes problemas de espacio y medio millón de las antiguas pesetas es una diferencia clave para ti, sin duda, tu coche es el Mini. Por el contrario, si el tamaño importa en tu elección, necesitas usar el coche todos los días y puedes permitirte pagar un poco más, entonces te recomiendo el Golf, pues, como has visto, también es un número uno en deportividad.