Alrededor de 260 kilómetros de un trazado que conjugaba pistas rápidas y anchas, a través de ramblas y cañones, retorcidos caminos de montaña y estrechas sendas, con centenares de cruces y con un marcaje muy ligero, que obligaba a emplearse a fondo a los copilotos. Era el rutómetro diseñado por Andinas Racing, concretamente por Antonio Segura, quién, además de piloto, fue también el organizador de la pasada Baja Almanzora.
A la cita murciana acudieron prácticamente la totalidad de los aspirantes a algo, a excepción de Roma, que, aunque líder hasta entonces de la general por un solo punto, tiene comprometido su calendario en función de los intereses de Mitsubishi Ralliart y Repsol.
En la polvorienta y revirada etapa prólogo, los favoritos salían a por todas, sabedores de que era muy importante tener por delante el menor número de nubes de polvo posibles al día siguiente. Estas prisas y algún problema mecánico como el del Mitsubishi de José María Hernández, segundo de la general, propiciaron que los "cautos" destacasen. De esta manera, José Manuel Salinero y Montse Ruiz eran los más rápidos y saldrían los primeros al día siguiente. Termens y Vilalta no comenzaban con buen pié al ir todo el rato dentro del polvo del citado Hernández, mientras que el hermano de éste, Fernando, era el segundo. Otros que bordaban la prólogo eran Recuenco y Alijas, que colocaban su L-200 en la tercera plaza, con las de Anglada y Creixams y Plaza-De Quinto inmediatamente detrás. Herrador pudo cuajar un puesto destacado en esta superespecial, pero perdió unos treinta segundos en un vuelco, que no le impidió continuar, estando también entre los de la mala suerte Vera y Herrero, a los que se les soltaba el manguito del turbo, con la consiguiente pérdida de potencia.
Primeras Bajas
La carrera empezaba en la rambla que acompaña, aguas arriba, al Río Guadalentín. Un comienzo amplio y polvoriento, en el que una de las primeras bajas era la de Termens, víctima de un sensor que le paraba el coche en cuanto subía mínimamente de vueltas. Poco más duraría Plaza, con problemas en su cambio, y bastante más Salinero, que rompía una rótula a 25 kilómetros ya de la meta.
Salvo los incidentes mecánicos, la clave de la carrera, como hemos dicho, estaba en el recorrido, muy poco señalizado y con constantes cruces y zonas poco claras, lo que hizo que el resultado final dependiese en gran medida de la calidad del copiloto a la hora de seguir el libro de ruta, ver las cintas de confirmación y "oler" las trampas que jalonaban la carrera.
Fernando Hernández y Jordi Morales, que salían en segunda posición, pronto se vieron libres de la estela de Salinero y tomaron la cabeza sin abandonarla hasta el final. Por el contrario, Recuenco y Alijas se perdían constantemente al romper su terratrip y Vila-Creixams (otros veteranos del "Viet Cong") imprimían el ritmo adecuado para saber aprovecharse de los errores ajenos, colocarse a la estela de Hernández y ser segundos en la llegada.
Los compañeros de equipo de Vila, Anglada y Oller pudieron haber luchado por la victoria, pero una rotura en la caña de la dirección de su L-200 les mandaba fuera de la pista en una zona más que delicada, aunque sin consecuencias físicas para ambos.
Quienes menos se vieron sorprendidos por las particularidades del recorrido fueron Segura y Corvera. El trazado había sido diseñado por el primero, que era el organizador de la prueba, lo que unido al buen rendimiento y adaptación que han logrado de su Toyota Hilux les colocó en la tercera plaza definitiva, logrando batir incluso al X5 de Herrador y Puebla, que lograba alcanzar la meta en cuarta posición, tras sufrir el piloto bastantes problemas físicos debido al calor, el esfuerzo y la concentración, por lo que hubo de ser atendido por los servicios médicos de la carrera nada más cruzar la meta.
Pese a graves problemas de turbo y de ruedas, el quinteto de cabeza lo cerraron los hermanos Blanco, también con una Toyota Hilux y compañeros de equipo de Segura, lo que colocó a los dos coches de Andinas Racing entre los cinco primeros.