Ha pasado un mes desde que acabó el campeonato y todavía no hay noticias. Bueno, si incluyéramos las especulaciones y los rumores habría noticias a miles. Sin ellos, entendiendo la palabra noticia como un anuncio de un hecho concreto y determinado, ninguna. Es decir, que el futuro de Fernando Alonso sigue siendo una incógnita. Todo el mundo pregunta, todos queremos saber, pero no hay nada cerrado, por lo menos a la hora de cerrar esta crónica. Ésta es la realidad. Son más de cuatro semanas intensas, especialmente para Luis García Abad, su representante, que aún trabaja para que el piloto, nuestro bicampeón, el héroe nacional, disponga del mejor coche posible, de un bólido que esté a su altura, es decir, con el que pueda ganar carreras y corresponder al calor que recibe por parte de su pueblo.
Está difícil, y cada vez más.
El tiempo, de hecho, corre en su contra. Los equipos están cerrando sus puertas y él, de momento, está fuera. Sigo pensando que puede haber una carambola que nos coja por sorpresa. Sigo teniendo la mosca detrás de la oreja. No puede ser todo tan fácil, tan llano o tan simple. No es el estilo. Renault tiene que ser la última opción porque si fuera la primera no hubiese habido ningún problema para que las dos partes la hubieran cerrado ya, a no ser que Fernando sea el anzuelo con el que Flavio Briatore quiere reconstruir la escuadra, tanto desde el punto de vista deportivo como económico y técnico.
Ha pasado ya más de un mes desde el último Gran Premio, se han hecho ya los primeros tests de cara a 2008 y quizá aún haya que esperar, como mínimo, otra semana. Lo importante, sin embargo, no es el tiempo que transcurra, que Fernando pueda o no conducir el coche antes de final de año para conocer las sensaciones sin el control de tracción y con la nueva centralita electrónica, sino que finalmente se haga con un volante con el que se divierta. Conociéndole, está claro que si se divierte el éxito está asegurado.