viernes, 25 de julio de 2008 Buscar

Firmas

08/01/2008

Editorial. No hay derecho

Mientras que el mundo esté en manos de estos indeseables terroristas, sean de la rama que sean, nadie podrá vivir tranquilo.

Mientras que el mundo esté en manos de estos indeseables terroristas, sean de la rama que sean, nadie podrá vivir tranquilo. Lo sucedido con el Dakar, anulado por la amenaza concreta de Al-Qaeda de atentar a su paso por Mauritania, se puede convertir en una práctica habitual por parte de estos desalmados que sólo viven para sembrar el pánico.

Ahora más que nunca, cualquier concentración importante de masas, la celebración de un gran evento deportivo o la puesta en marcha de una acción de impacto mediático singular podrían ser presa firme y segura de la decisión caprichosa de estos salvajes.

Hoy le ha tocado al Dakar, mañana, quién sabe. El caso es que el golpe ha sido duro, muy duro, como dificilísimo ha tenido que ser el tomar una decisión de estas características por parte del organizador. Comprensible y valiente, no hay que olvidar nunca que en juego estaba la vida de 2.500 personas, la organización no ha tenido más remedio que dar el brazo a torcer sí o sí, y eso a sabiendas de que establecer un precedente de esta magnitud o plegarse ante estos malnacidos es todavía peor.

Ya no hay marcha atrás en el que debería haber sido el 30º aniversario de una carrera mítica, del raid más duro del mundo, como se le conoce en todos los rincones del globo, que ha sufrido una estocada hasta la bola.

Las consecuencias económicas, impredecibles, pueden ser sólo un grano de arena en comparación con la desilusión que ha sembrado la amenaza terrorista en esa gran familia que es el Dakar.

Millones y millones de euros se han ido por la borda, los de las grandes marcas y patrocinadores y, por supuesto, los de los que verdaderamente hacen grande a esta prueba, esos automovilistas y motociclistas que lucen el cartel de privado y que se dejan hasta el alma por poder pisar al final el Lago Rosa.

No hay derecho. En pleno siglo XXI cuesta entender que estos "zumbados" puedan manejar a su antojo el planeta.

Que puedan matar a "barra libre" y que puedan destrozar, así, por la cara, la ilusión de todos los que sentimos esta carrera como nuestra.

Que sepan también los terroristas que con su acción han hecho desaparecer muchas toneladas de gestos de humanidad, y de dinero, que la caravana dejaba a su paso por el desierto. En los últimos años, las acciones de este tipo habían sido legión y muy bien recibidas por países tan desfavorecidos como Marruecos, Mauritania o Senegal, que esperaban como agua de mayo al Dakar. No había manera más lógica de recompensarlos. Ahora sólo nos quedaría pedir que, de cara a 2009, se reorganice la carrera, con un nuevo recorrido que evite países en conflicto y la tentación de los más fanáticos. Fácil, lo que se dice fácil, no va a ser.

 

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