Otra vez en Madrid. Otra vez ilusionados con Carlos Sainz y Luis Moya. Desde luego, nos lo vamos a pasar en grande este fin de semana con ocasión de la disputa por la sierra madrileña del Shalymar y con el regreso, aunque simbólico, de una pareja mítica en el mundo de los rallyes como son estos dos fuera de serie.
El espectáculo está asegurado, la afición, no tenemos ninguna duda, también.
Se trata de un irresistible atractivo que tiene que devolver el optimismo a una región que en los últimos años se ha visto privada de contar con una prueba puntuable para el Campeonato de España y que, si pasa el "corte" de la preinspección, recuperará en 2008 toda su entidad en este sentido.
Nunca nos cansaremos de dar las gracias a Carlos Sainz y a José Alberto Dorsch, el alma máter de una entusiasta y efectiva organización, pues ambos están haciendo lo posible y lo imposible por recuperar el tiempo perdido.
Gracias, de verdad, muchas gracias a los dos. Al resto, a la afición, a los patrocinadores, a los colaboradores, a los comisarios, a la prensa..., sólo nos queda colaborar a tope para que el Shalymar sea un éxito y, especialmente, forjar la base de una carrera que quiere ir todavía más lejos, con un IRC en el horizonte y quién sabe cuánto más.
Sin abandonar la órbita de los rallyes, no nos queda más remedio que hacer parada y fonda en Irlanda. El triunfo de Loeb ha dejado el título en el aire cuando tan sólo queda una cita por disputar, precisamente la que se celebrará en Gran Bretaña el primer fin de semana de diciembre.
Con ventaja ahora para el piloto francés, 6 puntos es la suculenta renta que tiene con Gronholm, todo apunta a que el de Citroën revalidará entorchado, pero hasta el rabo... sobre todo en un lugar como Gran Bretaña, escenario de suculentos e imprevisibles desenlaces. Emocionante final nos espera.
Mientras tanto, Dani Sordo sigue encadenando pódium tras pódium. En Irlanda tampoco se bajó del cajón y cumplió, una vez más, con su papel de escudero a la perfección. Tranquilos, todo llegará. El cántabro huele a triunfo, y sólo las órdenes de equipo, comprensibles a todas luces, máxime cuando está en juego todo un campeonato, están retrasando su cátedra. Hoy por hoy, Sordo es el único que puede suceder a Loeb.