jueves, 08 de enero de 2009 Buscar

Firmas

El último acto, por Josep Viaplana

05/11/2007

Josep Viaplana

El último acto, por Josep Viaplana

No se entiende que el título de Raikkonen esté en suspenso si ello no figura en un campeonato repleto de esperpentos.

Ver a Raikkonen vestido de rojo, ¡sonriente!, festejando su primer título, era el peor de los castigos que uno podía imaginar para Ron Dennis cuando a dos carreras del final estaba a 17 puntos de su hijo deportivo, Lewis Hamilton. McLaren regaló el título. Y punto.

El problema es que ahora los cronistas, los que tenemos que explicarles a nuestros lectores lo que ha pasado este año, obligados a utilizar el mayor rigor posible, nos encontramos que igual el que hemos dicho que es campeón, el que ustedes han visto en lo más alto del podio festejando el éxito y el que la pasada semana fue aclamado por Ferrari en Mugello, pues no lo es. Que no, oigan, que el campeón es otro porque un tercero llevaba la gasolina un grado más fría. Ni yo ni ustedes, queridos lectores, y permítanme el atrevimiento, lo entendemos. Ni lo podemos entender. ¡Ni lo queremos entender!

Así de fácil, así de complicado. McLaren ha puesto en entredicho la resolución de un campeonato que ha perdido sólo el mismo equipo y ahora se ampara en una situación ridícula para defender unas tesis que colman el vaso de una temporada repleta de esperpentos. Las polémicas y los escándalos extradeportivos han sido más protagonistas que la propia pista, y ello, créanme, es un flaco favor a la Fórmula 1.

Así empezó el ciclismo con el tema del doping, y del ciclismo de hace sólo cinco años al de hoy media un abismo. De hecho, hay un solar. Que Hamilton ganara el título ahora en los despachos sería tan repudiable que la imagen de la F1, ya de por sí bastante tocada, saldría por los suelos. Sé que legalmente no había ninguna razón para no admitir a trámite la apelación de Ron Dennis, pero también sé que ello puede ser la mayor de las vergüenzas para todos los que, de una manera y otra, estamos en la Fórmula 1.

Si Hamilton es el campeón será el caos. Oigan, no hablemos más de ello. Es imposible. Una pesadilla. ¿Y si es verdad? No, no, despierten del sueño. Raikkonen es y debe seguir siendo el campeón.

 

 

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