Aunque la economía del País del Sol Naciente crece poco a poco pero con seguridad, el sector del automóvil no lo hace. Quizá esa haya sido la razón de que el salón del automóvil que se celebra en su capital, Tokio, haya tenido un tono menor al de otras ediciones, con las marcas domésticas más preocupadas de sus cifras de ventas y de su facturación que de mostrar al público alardes de imaginación en sus coches.
Las ventas de automóviles llevan cayendo desde el año 2004 a razón de un 1,8%, pero este año las acumuladas hasta la fecha suponen un descenso del 6,3%, por lo que la previsión para final de año es de 4,4 millones de coches, muy lejos de los 4,65 millones de 2006 y más aún de los 5,1 millones de 1990...
Pero los fabricantes continúan dando beneficios, al menos Toyota y Honda, porque en la actualidad Nissan está obteniendo menos que en el mismo período del año pasado. La situación del sector se salva por la exportación, debido a la favorable paridad del yen respecto al euro y al dólar. Tras la crisis de 2001, año en el que no se llegó a los 10 millones de coches producidos, el crecimiento ha sido constante, por lo que se espera que al final del año se superen los 11,5 millones de vehículos fabricados en 2006. De ellos, más de la mitad se exportarán. De momento, ya se han vendido fuera de Japón un 8,2% más que en 2006.
Lo mismo está ocurriendo con la importación de coches. Por cuarto año consecutivo se venden menos turismos extranjeros en Japón. El año 2006 terminó con poco menos de 278.000, cifra que no se espera alcanzar este año. No son muy apreciados los coches de importación en Japón, a pesar de los esfuerzos que hacen marcas como Peugeot, Citroën y Renault por ver crecer su negocio en un mercado tan difícil. En realidad, solamente se aprecian los deportivos y las limusinas. Tanto es así, que las calles de Tokio son un verdadero escaparate que difícilmente se ve en las calles de nuestras ciudades más importantes. Parece como si regalaran los Rolls-Royce y los Bentley, y no digamos los Audi, BMW y Mercedes. Y no resulta extraño ver varios Ferrari seguidos, por cierto de color blanco muchos de ellos, y todo tipo de Alfa Romeo, Porsche, Maserati y Aston Martin; como tampoco lo es volverse a oír el bramido de un Lamborghini Murciélago detrás de ti... Cosas de un mercado diferente.