jueves, 08 de enero de 2009 Buscar

Firmas

¿Merece la pena ayudar?, por Manuel Doménech

04/12/2007

Manuel Doménech

¿Merece la pena ayudar?, por Manuel Doménech

Hace pocos días fui testigo de un hecho cuando menos sorprendente. Regresando a Madrid en coche, nos topamos con un accidente de moto y, como es lógico, paramos para socorrer al accidentado. No fuimos los primeros, una señora que llevaba a sus hijos al colegio ya lo había hecho y había llamado al 112. Hasta ahí, todo correcto. Mi compañero, motorista profesional, se encargó de atender al herido mientras esperábamos la asistencia médica solicitada... que no acababa de aparecer en el horizonte.

Tras casi 20 minutos de espera, y ante la manifiesta tardanza –no podíamos adivinar el alcance de las lesiones de accidentado, aunque constatamos que lo estaba pasando francamente mal–, telefoneamos de nuevo al 112, desde donde insistieron en que la ambulancia estaba a punto de llegar, como así fue, y se extrañaron de que aún no hubiera aparecido la Guardia Civil. A nosotros nos pasaba lo mismo.

Llegó una segunda ambulancia con médicos y empezaron a manipular al herido, que tenía una rotura de fémur. Cuando estaban a punto de introducirlo en la ambulancia llegó el primer coche de la Guardia Civil.

Las preguntas de rigor: que si habíamos sido testigos del accidente, que si conocíamos al herido, etcétera. Y cuando se enteraron de que mi compañero había hablado con la mujer del herido –por deseo expreso de éste–, se lo echaron en cara. Que si eso no se tiene que hacer… y nuevas críticas al saber que había levantado la moto y –también por deseo de su propietario– sacado de ella la documentación. Usted no puede tocar el vehículo.

No hicieron mucho más y al señalarles que habían tardado mucho en llegar –al parecer estaban en un pueblo situado a poco más de un kilómetro del lugar del accidente– se disculparon diciendo que no habían sido avisados. Entonces, ¿por qué acudieron? En fin, otro hecho lamentable que me mueve a pensar que ante la falta de flexibilidad por parte de la Guardia Civil es casi mejor no cumplir con la obligación del debido socorro. Parecía que habíamos cometido un delito. 

La moto accidentada era una Honda de 125 centímetros cúbicos con sólo 54 kilómetros en el marcador, tan nueva que las bandas de rodadura de los neumáticos conservaban, intactos, los pelillos de goma con los que salen de fábrica. Una 125, sí, un peligro cada día mayor en las ciudades y en las carreteras.

 

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