La pasada semana estuve en Mauritania, en la entrega del material sanitario de la Fundación Dakar Solidario, y les puedo asegurar que sus gentes no entienden nada, asustadas por las consecuencias que tendrá para sus economías el hecho de que la carrera no pase este año por sus pueblos. De hecho, había quien esperaba aún la llegada de la prueba después de haber recorrido cientos de kilómetros con la intención de vender los artículos de artesanía que había estado preparando durante todo el año para la efeméride.
El Dakar no llegará este año a Mauritania y, probablemente, ya no pasará más. El golpe fue duro para los participantes que se quedaron en Lisboa sin su particular reto, pero les aseguro que es brutal para las gentes de uno de los países más pobres del mundo, que lo necesitaban para subsistir. ¡No saben la suerte que hemos tenido de caer en este lado del mundo! Mi abuelo siempre me lo decía, pero ya saben que a los mayores no les hacemos caso hasta que no están a nuestro lado, y también hasta que no nos hacemos mayores.
Ahora la ASO está estudiando diversas alternativas, aunque se da por seguro que el próximo Dakar, que mantendrá la marca como estandarte, se disputará en Sudamérica, saliendo de Argentina y llegando a Chile. Se baraja que el punto de partida sea, precisamente, Buenos Aires, el 3 de enero, lo que le daría mayor realce a una carrera que hoy necesita reparar su orgullo. La organización del Dakar, que ya estuvo el pasado mes de abril en Argentina y Chile, tiene diseñado completamente el itinerario, con el recorrido de las etapas y la ubicación de los campamentos. Año nuevo, vida nueva. El problema, sin embargo, son las miles de personas que esperaban la carrera como agua de mayo y, sobre todo, aquellos enfermos cuya esperanza de vida, su propia calidad de vida, depende en gran parte de la aportación del Dakar Solidario.