No es nuevo el hecho de que la mayoría de los españoles no tiene demasiada conciencia ecológica en todos los órdenes de su vida, y menos en lo que al automóvil se refiere. Pero las cosas han cambiado y el Gobierno está decidido a que los coches contaminen menos, para lo cual ha establecido una tasa ecológica, que entrará en vigor el 1 de enero de 2008 y para que surta efecto, necesita de la ayuda de todos los implicados en el sector de automoción, es decir, de las marcas y de los usuarios.
No vamos a entrar aquí en el análisis o la crítica de la medida en sí, de una forma o de otra, era necesaria. Pero sí tenemos que hablar de lo que está sucediendo a tres meses vista por parte de algunas marcas y de lo que, creemos, piensan los usuarios. En una etapa convulsionada por la medida, la incertidumbre es mucha, todo el mundo se pregunta qué va a pasar con las ventas. Se van a retraer en espera de pagar menos impuestos comprando coches más limpios, van a aumentar por el efecto descuento de las marcas para que el mercado se mantenga y no caiga más de lo que ya está cayendo...
Una cosa es cierta, el negocio de las marcas de coches es vender, y cuanto antes mejor. En este sentido, hay ya algunas que están ofreciendo compensaciones a los compradores si lo hacen ahora. Un ejemplo, si el vehículo a adquirir excede el tramo más alto de la tasa ecológica, superior al 12% actual del impuesto de matriculación (que desaparece en favor de dicha tasa), la marca compensa la diferencia a ese usuario. El resultado es un coche más en la calle que contamina por encima de los límites que se estiman como adecuados. Mala cosa, desde luego.
No obstante, llegados a este punto hay que reconocer que los fabricantes de automóviles llevan mucho tiempo, antes, desde luego, de la aparición de estas "tasas verdes", intentando que sus vehículos lancen al aire cada vez menos dióxido de carbono. Pero siempre habrá coches muy apetecibles que superen los límites máximos... y hay que venderlos.
Y es en ese momento cuando interviene el comprador, el usuario que desea un coche así. Entonces, la marca le ofrecerá lo que sea, o lo que pueda, para que lo adquiera contamine lo que contamine... Y lo venderá, porque al final, y como siempre, el precio decidirá la compra del coche y no el impuesto aplicado a su adecuación ecológica.