¿El petróleo se acaba, o se quiere acabar con él? Ambas preguntas pueden tener una respuesta afirmativa. Por un lado, es cierto que las reservas en el mundo occidental se están reduciendo, por otro, hay razones más que suficientes para acabar con el petróleo, al menos como fuente de energía para el automóvil. razones sociales, políticas, económicas y ecológicas, todas ellas unidas en una sola: dejar de depender de él.
Estados Unidos lidera la batalla a través de las grandes marcas de Detroit, con General Motors a la cabeza. En aquel enorme país las reservas disminuyen de forma alarmante, y eso conlleva una dependencia de suministro por parte de terceros países políticamente contrarios. Por eso, incluso por encima de la necesidad de avanzar tecnológicamente, las marcas americanas buscan soluciones alternativas sin rechazar ninguna vía para erradicar el petróleo o minimizar su uso. La primera vía es lograr la mayor eficiencia energética, es decir, que los coches consuman lo menos posible. La segunda se refiere a la utilización de bioetanol, combustible que se puede obtener de diferentes fuentes. El siguiente paso es el de las mecánicas híbridas –en las que la electricidad ya entra en juego para reducir el consumo de los combustibles derivados del petróleo–, previo a la electricidad como fuente única de energía, solución erradicada hace no muchos años, que vuelve a estar de actualidad. Y la culminación es la célula de combustible, en la que el hidrógeno entra en acción para generar la electricidad necesaria para mover un coche. Entramos, por lo tanto, en la era de la electrificación del automóvil, indispensable para reducir las emisiones contaminantes hasta lograr el "cero" absoluto.
General Motors confía ciegamente en el hidrógeno, pero mientras llega el momento de su comercialización, todavía lejana, ha firmado un acuerdo con la empresa Coskata para producir etanol en todo el mundo. ¿Cómo hacer para no perjudicar los intereses de otros sectores económicos? Produciéndolo a través de residuos de madera, residuos municipales e industriales, y hierbas y cultivos energéticos, elementos que todos los países tienen en abundancia. De esa manera, aunque no se erradicarían al 100% las emisiones, sí permitiría dejar de depender de los estados que hoy son dueños de la energía.