sábado, 04 de septiembre de 2010 Buscar

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¡Vaya pantomima!, por Josep Viaplana

07/08/2007

Josep Viaplana

¡Vaya pantomima!, por Josep Viaplana

La decisión del Consejo Mundial de no sancionar a McLaren después de declarar culpable de espionaje al equipo de Ron Dennis era, cuanto menos, contradictoria. La FIA entendió que había pruebas suficientes que señalaban que la escudería británica tenía información confidencial de la competencia, pero en cambio no pudo, supo o quiso probar que se hubiera hecho uso de ella, con lo cual se advertía en la sentencia que al mínimo indicio reabriría el caso.

La alegría de Ron Dennis duró poco, ya que en Ferrari, que siempre han sabido jugar sus cartas con los medios, especialmente con los italianos, crearon una atmósfera que ha contaminado el ambiente, presionando a la FIA por los cuatro costados ante un veredicto que consideran escandaloso. Ciertamente, no dejaba de ser curioso que el caso de espionaje más espectacular de la historia de la F1 quedara en agua de borrajas, que no se quisiera llegar al fondo de la cuestión y más cuando se evidenció que altos cargos de McLaren tenían conocimientos de unos papeles que revelaban todos los secretos del F2007.

Max Mosley, que tiene alguna cuenta pendiente con Ron Dennis, un hombre que se mueve por el paddock con suma prepotencia, que se muestra por encima del bien y del mal, siempre moviéndose con guantes blancos, ha recogido el desafío y ante la sorpresa de unos y otros, presionado por la Federación Italiana, por Ferrari y por la mayoría de medios de comunicación, ha decidido unilateralmente reabrir el caso… y ahora las consecuencias de la vista del Tribunal de Apelación son imprevisibles. Nadie duda hoy que a McLaren le puede caer, simplemente, un puro que pasa por quedarse sin puntos en el Campeonato de Constructores.

En definitiva, una pantomima. Los 24 "hombres sin piedad" que se reunieron, en primera instancia en París, se convirtieron en unos corderos a la hora de tomar decisiones. Mosley parece querer mano dura, promete llegar hasta el fondo en una decisión sin precedentes de ser la propia FIA quien cuestiona las decisiones de sus propios tribunales. La duda, razonable, es si se llegará hasta las últimas consecuencias, ya que en ese caso puede haber mucha gente que quede "tocada" y, ciertamente, uno no sabe hasta dónde se quiere llegar teniendo en cuenta que Stepney, que es el ingeniero con el que se destapó todo el escándalo, sigue proclamando que es víctima de una conspiración.

 

 

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