Hay quien piensa que determinadas cosas nunca pueden casar. Se equivocan, y una vez más lo demostramos a través precisamente de un monovolumen (de los grandes) con un excelente toque deportivo. Y no es que ese "toque" sea únicamente estético. Va más allá, mucho más allá, con un chasis afinado para la ocasión y un motor, conocido en otras versiones de la marca, que es envidia por eficiencia y potencia.
Combinación perfecta
Ésa es la expresión. La combinación perfecta porque el S-Max 2.5 Turbo de Ford es deportivo familiar en su máxima expresión. Y no lo decimos únicamente por el tamaño de este coche, cercano a los cinco metros, sino por el nivel de prestaciones que alcanza y lo que es capaz de transmitir.
Disfruta del saber hacer de Ford en muchos apartados, como un tacto suave y preciso. A eso hay que sumar un motor muy potente en el que esos 220 caballos son de verdad y ofrecen una respuesta rápida al acelerador, capaz también de mover las seis relaciones del cambio con, vamos a decir, una soltura casi inusitada.
Por su parte, el chasis, el equipo de ruedas, los frenos y la dirección conforman el mejor familiar de siete plazas deportivo que hay en estos momentos y con el que ir rápido es casi un juego de niños. Aguanta casi lo que le echen y es muy manejable. Tampoco resulta cómodo, aunque el ancho y el perfil de las ruedas se mueva en direcciones opuestas al confort.