Trescientos caballos. Autoblocante. Estética deportiva… El Ford Focus RS se deja de tonterías y va directo al grano: a la búsqueda de la más rabiosa deportividad. A falta de conocer de primera mano el atrevimiento de sus ingenieros a la hora del ajuste final del chasis –lo que nos ha dado disgustos en modelos como el Mitsubishi Lancer o el Subaru Impreza al comprobar su suavidad–, el nuevo modelo se consolida como una de las apuestas más interesantes cuando pensamos en un vehículo deportivo de altas prestaciones para surcar carreteras reviradas, lo que corrobora la presencia del autoblocante, un elemento que sigue siendo muy escaso.
Por los ojos
No basta que la mujer del César sea honesta, también tiene que parecerlo. Siguiendo esta máxima, el Focus RS no sólo es deportivo, también lo muestra a los cuatro vientos, tanto por dentro como por fuera.
El alerón trasero llama poderosamente la atención, pero en vivo serán los amplios pasos de rueda, necesarios para encajar las llantas de 19 pulgadas y el mayor ancho de vías (40 mm superior al de los Focus de serie), la característica que más impresionará a nuestros ojos, haciendo al coche más bajo, musculoso y pegado al suelo. Además de nuevas y espectaculares defensas –la delantera, con una amplia toma de aire–, en la parte posterior encontramos un difusor de viento flanqueado por escapes cromados. No olvidamos, visto de lado, las branquias tras las ruedas delanteras y los faldones laterales.
Con todo ello, el RS no deja de parecer un Focus, pero se corona como el más espectacular y diferenciado de todos ellos.
Por dentro, afortunadamente, la fiesta continúa. Los relojes de presión del turbo y temperatura del aceite que ya vimos en el ST tienen eco en el RS, sobre el salpicadero, y éste cuenta con inserciones en fibra de carbono y relojes específicos, además de asientos deportivos con un toque de color.
Mecánica
El RS toma las suspensiones de los demás Focus, que son una excelente base para trabajar, pues su arquitectura es independiente, olvidando los muy comunes ejes traseros semirrígidos de casi toda su competencia. Como decía, se ha ampliado la anchura de vías, se ha bajado la carrocería y se han endurecido muelles y amortiguadores –con nuevos ajustes–, lo que augura un paso por curva espectacular. Y aún hay más: manteniendo la tracción delantera, se ha añadido un autoblocante, que hará las delicias de los amantes de las curvas. Además, la dirección no sólo es más directa, también ha sido preparada para que la acción de este elemento no le perturbe, cosa habitual hasta la llegada de los Alfa Romeo Q2. El equipo de frenos lo forman generosos discos de 336 mm delante y 300 detrás.
La guinda la pone, cómo no, el motor. El bloque de 2,5 litros y 5 cilindros utilizado en el ST aumenta su potencia hasta los 300 caballos, una cifra impresionante para un coche de este tamaño; la de par no lo es menos: 410 Nm. Para ello, además de modificar la electrónica, los ingenieros del equipo de Jost Capito (máximo responsable de Rallye Sport) han retocado elementos como válvulas, camisas de cilindros o sistema de admisión.
Más detalles
Las prestaciones de este rabioso deportivo todavía no han sido desveladas con precisión, pues el desarrollo del mismo aún no ha concluido. Pero, para abrir boca, se habla de un paso de cero a cien en menos de 6 segundos. Además, se anuncia un ESP especialmente reglado para este modelo, menos intrusivo que el del resto de la gama y totalmente desconectable.
En definitiva, estamos deseando subirnos a este coche, y sin haberlo hecho podemos asegurar que el RS será un modelo apasionante, que dará mucho que hablar. Sus creadores han sabido mantener el aire de familia diferenciando un sinfín de apartados, y evolucionando la mecánica hacia la deportividad pura.