No vamos a discutir si es o no el primer SUV deportivo del mercado, pues otras marcas podrían reivindicar que los suyos ya lo eran antes de la llegada del CX-7, pero lo cierto es que el SUV de Mazda lo es por diseño, por mecánica y por comportamiento.
Llega año y medio después de su comercialización en Norteamérica, y lo hace sólo con un potentísimo y eficiente motor turbo de gasolina y cambio manual. A propósito, Ignacio Beamud, nuevo consejero delegado de Mazda Automóviles España, nos confesó que serían necesarios una variante diésel y un cambio automático. El motor diésel lo está desarrollando la propia Mazda y tardará en llegar entre 13 y 14 meses, mientras que, de momento, no está prevista la opción automática.
Mazda inscribe el CX-7, el primer SUV de su trayectoria como fabricante, en el subsegmento de los SUV compactos no Premium, y considera que es un producto de clara inspiración deportiva, un cruce entre el RX-8 y el antiguo todoterreno Tribute, un vehículo de tamaño medio, muy espacioso, seguro y con tracción total.
Estilo europeo
El CX-7 muestra un diseño exterior diferente del que se vende en Norteamérica, con elementos más del gusto europeo, como un parachoques de distinta forma, lavafaros, faros antiniebla delanteros y traseros y faldones guardabarros.
La anchura de un frontal de líneas muy marcadas, la inclinación de 66 grados del parabrisas, una silueta muy fluida con una elevada línea de cintura, una cuidada aerodinámica (Cx de 0,34), unos pasos de ruedas sobredimensionados, unas llantas de 18 pulgadas y una robusta zaga rematada por grupos ópticos redondeados y dos grandes salidas de escape marcan la apariencia deportiva de su diseño exterior.
En el interior, amplio y con un diseño que mezcla lo deportivo con el carácter práctico habitual de un SUV, destaca un equipamiento al que sólo le falta el navegador, que Mazda monta como un accesorio de concesionario. El equipamiento es cerrado, ya que hasta la pintura metalizada es de serie.
La deportividad del habitáculo se refleja en el puesto de conducción, con un cuadro de instrumentos compuesto por tres esferas con una información muy clara, una consola central bien orientada, una palanca de cambios ubicada en posición elevada, un asiento con reglaje eléctrico y una postura al volante buena, aunque el volante sólo se regule en altura.
Genes MPS
Nada mejor que utilizar el potente motor turbo de los Mazda3 y Mazda6 MPS para obtener deportividad mecánica. Un propulsor eficiente, con un funcionamiento muy equilibrado y un altísimo rendimiento que permite al coche, bien asistida por un cambio manual de seis velocidades, obtener unas prestaciones excelentes, aunque pesa cerca de los 1.800 kilos. El cambio es el mismo del Mazda6 MPS, aunque con la primera y la marcha atrás con diferentes relaciones.
En la toma de contacto pudimos comprobar su buen andar por asfalto gracias a una notable puesta a punto de su chasis, con una suspensión de dureza bien escogida, una dirección con una buena asistencia hidráulica variable y unos potentes frenos con discos ventilados.
El sistema de tracción total con reparto activo de par también colabora en el buen comportamiento del coche sobre asfalto, pero no tuvimos ocasión de comprobar si fuera de él también es eficaz, aunque suponemos que es adecuado para pistas rápidas bien compactadas a pesar de que tiene una altura con respecto al suelo de 205 milímetros, superior a la de otros SUV.