viernes, 04 de julio de 2008 Buscar

Novedad

Mercedes SL 63 AMG

25/03/2008

Juan Manuel GARCÍA RUBIO

Mercedes SL 63 AMG

Lo mejor de este espécimen no es lo bien hecho que está, ni su atractivísima imagen, ni el precio precisamente. Lo mejor es su motor y sus prestaciones. Y es que con 525 CV parece imposible defraudar, por mucha electrónica que lleve.

Nos vamos a retrotraer directamente a las dos palabras más famosas que uno de los más famosos toreros españoles ha sido capaz de esgrimir, en este caso, para definir este coche: "im presionante".

Sí, absolutamente deslumbrante es el SL 63 AMG de nueva factura, una máquina que, como no podía ser menos, no sólo es bella por fuera y por dentro, sino que con ese "pedazo" de motor V8 de 525 caballos deslumbra cada vez que se aprieta el pedal del acelerador, y no hay quien sea capaz de torearlo. Con la nueva puesta en escena, que trae numerosos cambios, como los faros y otros elementos, se queda fuera la motorización del SL 55 AMG de 517 CV, pasando a ocupar su puesto ésta que ahora traemos a estas páginas, y ahí encontramos la verdadera novedad de la gama más deportiva.

Ofrece prestaciones espeluznantes, si es que encontramos el lugar idóneo, y además es muy elitista, ya que cuesta más de 165.000 euros, admitiendo, por si fuera poco, opciones aparte.

Todo corazón
Así es el SL de más de quinientos caballos. Incluso sabiendo que el rey de la gama de los SL no es éste, sino el SL 65 AMG, con nada menos que 612 caballos y casi 250.000 euros de precio. Sin embargo, el 63 AMG está pensado desde un punto de vista más deportivo, y así lo demuestra el carácter de su motor, más puntiagudo y con un cambio mejor.

El caso es que con semejante caballaje, el 63 AMG se muestra más que pletórico de fuerzas para catapultarnos hacia delante sin el más mínimo titubeo y, como muestra, valga el dato de aceleración de 4,6 segundos para hacer los 100 km/h desde parado. Es sencillamente demoledor si apretamos el acelerador y estamos decididos a sentir la fuerza con la que nos aprieta contra el asiento. A eso hay que añadir un sonido de motor y de escape, sencillamente, fascinante.

De acuerdo que el SL ya tiene unas dimensiones de deportivo grande, como un Gran Turismo, y por ahí van encaminados los tiros con este coche; pero es igual de cierto que Mercedes ha sabido imprimirle siempre, y en esta última realización mucho más y mejor, una dinámica de juego que no se pone en duda ni siquiera por los muchos controles de seguridad que aporta la marca y que, en ocasiones, pueden desmerecer algunas partidas.

Por ejemplo, de todos es conocido el ABC de la marca (Active Body Control), que se encarga, muy efectivamente por cierto, de limitar que la carrocería no se permita el lujo de titubear en cuanto a cabeceo en frenadas, aceleraciones y en balanceos se refiere. Además, esta versión presume de un tarado de suspensiones duro, por lo que tenemos casi una tabla en carretera, que es más bien partidaria de asfaltos en buen estado. Y no porque en carreteras malas muestre las descomposturas propias de un chasis mal hecho, sino por aquello de que sus ocupantes vayan cómodos, pues la estabilidad en carretera no plantea ninguna pega, siempre y cuando seamos capaces de aguantar los ritmos que es capaz de alcanzar este coche. Fácil, muy fácil es llegar sin darnos cuenta a ritmos por encima de los permitidos en cualquier país que conozcamos.

No es fácil llevar un coche de 525 caballos todo lo rápido que podríamos, y no siempre se consigue llegar a un límite alto. Aunque lo cierto es que Mercedes ha sido capaz de ofrecer, una vez más, una máquina que vuela sin tener que hacer el curso de piloto de aviones. Claro está que no aporta las sensaciones de un Porsche 911 con similar potencia, pero es un coche muy rápido y a la vez cómodo, dentro de lo que permiten unos ajustes casi radicales. Es tan fácil de llevar en las primeras impresiones que asusta.

La caja de cambios es automática y de siete relaciones, pero distinta a la del resto de la gama, con convertidor de par, e incluso mejor que la automática que monta el 65 AMG. Se llama "AMG Speedshift MCT 7 speed" (como para recordar el nombrecito) y su embrague está bañado en aceite, mostrándose no sólo suave, sino también muy rápida (es capaz de realizar los cambios en 100 milisegundos), por lo que casa muy bien con este motor y su nivel prestacional. Aguanta hasta 1.000 Nm de par, y de ahí que el 65 AMG no la monte, porque aunque ésa es su cifra máxima de par, siempre hay que reservarse un margen superior para la conseguir fiabilidad requerida.

Por ser quien es, esta versión es una superdotada. Si los frenos de disco ventilados en las cuatro ruedas son verdaderos platillos volantes, no son menos espectaculares sus respectivas pinzas de seis pistones, ni sus dimensiones en lo que respecta a los delanteros (360 mm), mientras que los traseros tampoco se quedan mancos. Por si fuera poco, Mercedes pone a disposición una opción para elevar a los frenos directamente a los altares: discos de material compuesto de 390 mm. Este pack, denominado "AMG Performance Studio", conlleva además un diferencial trasero viscoso tarado al 40%, un volante más pequeño y unos ajustes especiales en la suspensión. Con ello ya tenemos prácticamente un coche de carreras, e incluso de serie ya nos podemos meter en un circuito y ponernos las pilas a gusto. Opcionalmente, toda la gama SL puede montar el denominado paquete deportivo por 2.800 euros. Eso sí, el "Performance Package" para el SL 63 AGM cuesta algo más de 11.000 euros.

Las ruedas de este monstruo del asfalto, que comparte con el 65 AMG, hacen gala de su descomunal poderío y se visten de fiesta con neumáticos de 255/35 delante y 285/30 detrás, en llantas de 19 pulgadas, que proporcionan un agarre poco más que excepcional aunque, como hemos podido comprobar, jugando con el asfalto mojado o resbaladizo podemos ver con facilidad como los controles electrónicos llegan a actuar.

Mucho que contar
Indudablemente, cada generación del SL gana en atractivo, belleza, técnica y precio. Para definir a las versiones AMG se han dispuesto detalles especiales, pero lo mejor siempre está por dentro, como el equipamiento.

Como si de un juguete se tratara, Mercedes ha dispuesto en el cuadro de este coche un cronómetro (Race Timer) por si tenemos la tentación de ir a un circuito y explayarnos. Por si fuera poco, dispone también de control de la temperatura del aceite motor y del voltaje de la batería, para que no se escape ningún dato. También podemos visualizar el programa seleccionado en el cambio (Confort, Sport, Sport plus y M de manual) y el del control de estabilidad, ya que podemos jugar con él para adaptarlo a nuestros gustos. En definitiva, un misil de tierra que muchos pilotos de aviones querrían conducir... o pilotar.

 

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