Cuando en 1994 apareció el primer Laguna, lo hizo rompiendo moldes en diseño, con una carrocería que unía la elegancia que se esperaba de un coche del segmento D con un indudable sentido práctico. La segunda generación ofreció un diseño aún más radical y exclusivo, con un inusual formato de dos volúmenes. Sin embargo, la tercera generación, que acabamos de conocer y conducir, muestra una estética demasiado conservadora si la comparamos con la generación anterior, elegante, eso sí, pero con una personalidad algo anodina.
Al respecto, los responsables de Renault admiten que para ellos no ha sido prioritario el diseño, y por ello han optado por la continuidad de formas, perfilando las líneas del estilo anterior para que resultaran más fluidas y elegantes. La prioridad se ha ceñido en mejorar todos los puntos mejorables en el Laguna existente y poner el acento en dotar al nuevo modelo de una calidad percibida y real que lo sitúen entre los tres mejores vehículos del segmento D, cuidando con esmero todos los detalles de acabado, dotándolo de un equipamiento más completo y con las más modernas tecnologías y haciendo hincapié en la fiabilidad.
El nuevo Laguna, tanto la berlina como el familiar (Grand Tour), ha crecido en sus dimensiones exteriores e interiores, destacando que ambas versiones tienen 9 centímetros más de longitud, hasta alcanzar los 4,69 y los 4,80 metros, respectivamente. En el interior, el habitáculo ofrece 11 milímetros más de distancia hasta el techo, y el espacio para las piernas de los pasajeros de los asientos traseros se ha incrementado en 20 mm. Además, el maletero de la berlina dispone ahora de 450 litros, mientras que el del familiar cubica 508 (el Laguna anterior tenía 430 y 475 litros, respectivamente).
Seguro y silencioso
La elegancia y la calidad son las notas más destacadas de la presentación de su interior, revestido con materiales cálidos de tacto exquisito, tal y como los responsables de la marca querían para su coche. En un salpicadero que contiene una información muy visible, llama la atención una pantalla central de información de gran tamaño que, además del sistema de navegación Carminat (opcional), muestra importantes datos de seguridad.
El coche imprime serenidad por su seguridad activa. Dispone de controles de estabilidad (nada intrusivo, como pudimos comprobar en una toma de contacto tan pasada por agua que hasta sufrimos episodios de aquaplaning) y de tracción (desconectable), de un sistema de anticipación a la frenada y, en la futura versión GT, del sistema Active Drive de cuatro ruedas directrices. La seguridad pasiva está encomendada a ocho airbags (no hay posibilidad de airbag de rodillas) y a un sistema para proteger mejor de impactos laterales mediante sensores en las puertas. También se ha cuidado especialmente el confort acústico.
Con un chasis bien puesto a punto, en el que se han retocado las barras estabilizadoras de la suspensión, se ha reducido la desmultiplicación de la dirección y se ha aumentado el tamaño de los discos de freno, el nuevo Laguna demostró en carretera un comportamiento muy neutro, con buena estabilidad y un confort y una suavidad de marcha muy satisfactorios, bien apoyado en unos motores brillantes, en especial los diésel de 110 y 150 caballos.
