Con una extraordinaria imagen deportiva, consecuencia de su protagonismo en el Mundial de Rallyes, una calidad y fiabilidad extraordinarias, de la que podemos dar fe después de llevar muchos años probando estos coches, y un gran respaldo en mercados tan maduros como el norteamericano, Subaru ha decidido reforzar sus flancos con nuevas apuestas que se alejan considerablemente de sus propuestas habituales.
El Tribeca que ahora presentan, y que ya se puede adquirir en el mercado español, es desde luego el modelo más ambicioso nunca fabricado antes por la firma japonesa.
Destacaríamos su atractivo estilo, unas equilibradas dimensiones, con una longitud de 4,85 metros que, respetable, es más asumible que los casi 5 metros que, por ejemplo, mide un Audi Q7, y un desahogado interior, que incluso puede contar con hasta tres filas de asientos, todo aderezado por un salpicadero de estilo muy personal.
Igualmente, su esmerada calidad de fabricación, ya sea por el buen tacto que desprenden los materiales empleados en el interior o el ajuste tan refinado de todos los detalles, debe ser objeto de todo tipo de alabanzas.
En esta lista de virtudes tampoco podemos dejar caer en saco roto su precio, desde 44.900 euros, y un comportamiento en carretera intachable, teniendo en cuenta sus dimensiones y los 1.900 kg que pesa.
Como es lógico, los muchos años que esta marca lleva trabajando en los sistemas de tracción total, una de sus señas de identidad más característica, ayudan y mucho a esas buenas sensaciones que nos ha dejado el Tribeca en nuestra primera toma de contacto.
En el debe, la verdad es que pocos apuntes. Uno de ellos podría ser la ausencia de un motor diésel.
Motor bóxer.
Como era de esperar, el motor gasolina del Tribeca dispone de una arquitectura de cilindros opuestos (más conocida como bóxer), otra característica exclusiva de la marca nipona. Con 3 litros y 245 CV, este propulsor, ya visto en el Legacy, brinda un agradable tacto y una elástica respuesta, aunque el cambio automático que monta como única posibilidad abusa de unos desarrollos más largos de los esperados, a lo que hay que sumar el hándicap de disponer sólo de cinco marchas. Esto nos obliga a usar de manera habitual el pasillo secuencial con el que está dotado para mitigar de algún modo la pereza de sus reacciones en el modo automático convencional.
El caso es que en la práctica, el Tribeca no va ni mejor ni peor que los modelos de la competencia que se mueven en estos niveles de potencia usando la gasolina como carburante. En una utilización normal, los 245 CV que ofrece son más que suficientes para disfrutar de unos desahogados cruceros en carreteras tipo autopista o autovía.
Cuando el trazado se retuerce, nos quedamos sin duda con las equilibradas y hasta deportivas reacciones de un bastidor que se nos antoja muy eficiente.
Está a la venta con tres niveles de equipamiento, y desde la variante de acceso Classic (44.900 euros) ya disfrutamos de una copiosa dotación de serie con asientos eléctricos y un potente equipo de sonido como principales accesorios.
Las versiones Limited (49.900 euros) añaden tapicería de cuero, techo solar y hasta navegador GPS, mientras que el Limited Plus (52.900 euros) suma la tercera fila de asientos e incluye un sistema de imagen DVD para las plazas traseras.