jueves, 18 de marzo de 2010 Buscar

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Pruebas

Abarth 500 1.4 T-JET

09/02/2009

Juan Manuel García Rubio / Fotos: Jorge Brichette

Abarth 500 1.4 T-JET

Por poco más de 18.000 euros ya te puedes comprar un coche divertido y con historia a sus espaldas que cabe en cualquier garaje. Y, además, que anda, pues los 135 caballos de este 500 dan de sí lo suficiente como para disfrutar. Lo dicho, lo breve y bueno, dos veces bueno, y en este caso más.

Atrás, muy atrás, quedan las navidades. Pero eso no importa para volverse a apasionar con los tiempos que llegan y las novedades que caen en nuestras manos. Una de ellas es todo un juguete, el Abarth 500, que se vende en concesionarios propios.

Ahora, por fin, el 500 adquiere un verdadero tinte deportivo. No solo por el magnífico aspecto exterior, con la palabra Abarth hasta en la sopa, sino porque gracias a la sobrealimentación del motor de 1,4 litros se consigue tener bajos y no tener que acudir con tanta asiduidad a la caja de cambios para obtener un mínimo de respuesta. De todas formas, este coche de habitáculo reducido y que cabe en cualquier garaje sin ningún problema va muy bien a medios y altos regímenes, y ha ganado mucho en deportividad.

Apasionante y convincente
El pequeño Abarth 500 entra por los ojos como un amor a primera vista. Parece un juguete… el juguete de papá, eso sí. Es más bajo que un Fiat 500, porque va más aplomado. Se ha jugado muy sabiamente con sobredimensionar los paragolpes, ponerle los estribos correspondientes, adosarle un pequeño alerón en el portón y, la guinda final, las ruedas de 16 pulgadas (en opción puede montar hasta de 17) y las pegatinas "Abarth" que tan buen aspecto le otorgan. En principio, es la misma fórmula de los Abarth de hace un par de décadas. El caso es que el aspecto es realmente convincente y es capaz de transmitir muy buen feeling desde el primer momento.

Dentro, te encuentras con la misma buena impresión. Lo primero, los asientos, que han ganado una barbaridad en todo. Son cómodos pero sin descuidar por un momento que tienen que sujetar el cuerpo como es debido, con los cabeceros integrados en el propio diseño. Son deportivos sin faltar al resto de la estética, y grandes si tenemos en cuenta el pequeño habitáculo con que nos recibe este coche. El nuevo volante se suma a la moda del rebaje inferior, que se agradece cuando eres un conductor con mucha pierna, y también porque no es regulable en profundidad, sino solo en altura. Así pues, la posición de conducción es muy buena y acorde con el sabor racing que transmite este vehículo.

El aspecto interior está muy cuidado y en consonancia con su carácter. Como es lógico, el tamaño es del todo reducido, y sin embargo la sensación de control es absoluta. A ello contribuye, por ejemplo, una ejemplar colocación de la palanca de cambios, muy a mano siempre. La botonería es prácticamente la misma que te puedes encontrar en un Fiat 500, y el equipamiento de serie resulta muy completo, con reloj de presión del turbo e indicador luminoso del momento óptimo para el cambio de marcha.

Motor a punto
Desde luego, el propulsor 1.4 que monta Fiat en el 500 de 100 CV les está dando mucho juego. En el Abarth 500 se tira de sobrealimentación para conseguir unos muy buenos 135 CV a 5.500 vueltas… y hasta para llegar a los 160 caballos de la versión esseesse (SS).

Su utilización tiene en buena medida un truco para que rinda como a nosotros nos ha gustado. En el salpicadero encontramos el botón "Sport", cuyo cometido es ofrecer más par (no más potencia) a mayor régimen variando las leyes de la centralita electrónica y la presión del turbo, además de actuar también sobre la dirección. La fuerza de empuje con este sistema activado pasa de 180 Nm a 2.500 rpm a 206 Nm a 3.000 vueltas, y se nota bastante. Lo cierto es que al final dejas siempre este botón pulsado, pues, aunque la dirección se vuelve más dura, tampoco es incómoda en ciudad, que es donde más lo puedes acusar.

La verdad es que este motor empieza a tirar bien desde abajo a las primeras de cambio, sigue ofreciendo fuerza a medio régimen y estira fácilmente, siempre con empuje, por encima de la zona roja del cuentavueltas. Por eso resulta divertido estirarlo, con un cambio que ayuda en este sentido, aunque se echa en falta la sexta velocidad que sí tiene su primo hermano, el Fiat 500 de 100 caballos. El caso es que casi se convierte en una adicción controlar el cuentavueltas y a la vez el reloj de presión del turbo junto al "shift up", o cambio de marcha superior, que funciona tanto si tenemos activado el modo "Sport" como si no para indicarnos en qué preciso momento conviene cambiar de marcha. Por si fuera poco, el sonido de escape, aunque atenuado, contribuye también a que te sientas en un ambiente muy deportivo.

Gracias a este propulsor, el Abarth 500 es capaz de superar los 200 km/h y de acelerar y recuperar de forma bastante facilona, con lo que nuevamente encuentras motivos para ir jugando todo el rato. En los laterales del paragolpes delantero, donde tiene esas aberturas tan marcadas, lleva incorporados sendos intercoolers.

Mucho aplomo
Como te apuntábamos antes, el mayor aplomo en carretera del Abarth 500 respecto al Fiat viene dado no solo por una menor altura libre al suelo, sino también por unas gomas más anchas, junto a una amortiguación endurecida. El resultado es un coche muy apegado al suelo, a pesar de su corta batalla, que se mueve por el asfalto como pez en el agua.

En carreteras amplias a velocidades alegres, donde por ejemplo te puedes encontrar una junta con desnivel en plena curva, puedes notar a veces cómo en apoyos fuertes se puede descomponer algo la estabilidad, pero no hay más que mantenerse firme y esperar que enseguida vuelva todo a la normalidad. Además, subvira muy poco y es muy neutro en cualquier circunstancia, lo que le hace pasar por las curvas con bastante rapidez. La suspensión es precisa, tanto como la dirección. Por eso te atreves a tomar una curva con decisión, pues no se percibe casi el más mínimo hundimiento de la carrocería, ni siquiera en los apoyos más complicados y fuertes.

Los frenos delanteros de disco ventilados también han sido sobredimensionados para adecuar la frenada al nuevo nivel de prestaciones, y lo cierto es que su eficacia nos ha quedado más que probada, con una resistencia al calentamiento también alta. A ello contribuye que en frenadas fuertes el peso del conjunto es bastante liviano para las cifras que se manejan hoy en día en coches más grandes y voluminosos.

 

 

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