El Fiat Punto y su continuador, el Grande Punto, han sido coches que han apostado tradicionalmente por el tamaño y el confort antes que por la deportividad: entre los modelos de su categoría siempre se han contado entre los más grandes y familiares. Por ello, no es de extrañar que, con el trabajo realizado por Abarth, el nuevo modelo se convierta nada más empezar a hablar en el más divertido Punto de todos los tiempos, con diferencia.
Como veremos, su deportividad no alcanza las cotas de apellidos ilustres en este campo como los OPC de Opel o Renault Sport, pero es suficiente para apasionar, y su equilibrio permite que sea válido perfectamente para ser un coche de uso diario. Y en lo que a estética se refiere, nada tiene que envidiar a los citados contendientes: los escorpiones de Abarth, que yo recuerdo desde niño, han vuelto acompañados de un buen número de elementos exclusivos de diseño que mejoran la imagen del Grande Punto y la cargan de historia.
Diferente
Para gozar del apellido Abarth, lo primero es parecer un Abarth. El escorpión en el frontal, que sustituye al logo de Fiat, es la primera piedra –también podemos verlo bajo la ventanilla trasera–, y el edificio continúa con defensas específicas con amplias tomas de aire y faros oscurecidos, llantas de 17 pulgadas, faldones laterales, un discreto alerón trasero o la salida de escape doble. Tampoco olvidamos los espejos retrovisores, que con su color diferente al resto del coche dicen esta boca es mía. Todo ello aporta un aire fresco y dinámico que no le hace perder la elegancia, a lo que se añade el citado toque retro, lo que para mí es un excelente equilibrio visual: este Grande Punto llama más la atención que el resto de sus hermanos de gama, sin estridencias ni sobredosis.
Dentro podemos continuar manteniendo esta afirmación: las modificaciones y añadidos Abarth no solo aportan deportividad, están tan bien hechos que logran aumentar también la presencia y elegancia de la cabina. Ejemplos son los pedales de aluminio, el pomo de la palanca de cambios en cuero negro con costuras rojas, al igual que el volante y los tiradores interiores de las puertas, o los asientos, casi unos bacquets de coche de carreras con el reposacabezas integrado. Por último, el salpicadero en blanco brillante que tan atractivo resulta en el 500 ha aparecido también aquí.
Motor turbo
El motor 1.4 utiliza un compresor IHI para alcanzar los 155 caballos de potencia, y está disponible con 120 ó 150 CV en otros modelos de la casa. Su cifra de par máximo es de 206 Nm, en realidad 230, pues la función Power Boost lo incrementa de tal manera con solo pulsar un botón –que también hace la dirección más directa–. Su respuesta es muy interesante, pues resulta bastante lineal y tiene fuerza ya desde bajas vueltas, de forma que mueve con enorme soltura a este Abarth y no hay que jugar constantemente con la caja de cambios para que corra de verdad.
El chasis ha sido también perfectamente acondicionado para adaptarse a las nuevas exigencias del escorpión, y el resultado es mucho mejor que el conseguido con el antiguo Stilo Abarth. Ahora se percibe un mayor trabajo de puesta a punto, que va más allá de las novedades técnicas, que se resumen en una menor altura al suelo (10 mm), frenos Brembo, suspensión más firme, barras estabilizadoras más gruesas y las llantas de 17 pulgadas.
El Grande Punto Abarth es mucho más gratificante que los demás Punto. Logra mantener casi intacto el confort, mejorando un mundo la agilidad. Se perciben menos balanceos de la carrocería, la amortiguación sigue filtrando bien las irregularidades, y el conductor tiene un contacto más directo con la carretera. Excelente. Quizá en todo el conjunto la dirección sea el punto menos brillante.
Eso sí, la deportividad Abarth no es en ningún modo radicalidad, y quizá los más adictos a las curvas pidan algo más, aunque no sería fácil poner más énfasis en el dinamismo sin empezar a quitar puntos al sentido práctico o al confort.
Tal y como está, el Abarth es deportivo y perfectamente válido para el día a día, y ya son pocos los modelos del mercado capaces de ir más allá en este sentido. Eso sí, no resulta nada divertido que el ESP no pueda desconectarse, cosa que no tiene mucho sentido en un modelo de tracción delantera con pretensiones deportivas.