Es de los coches que siempre van a captar miradas allí por donde pasan. Nosotros nos hemos "tirado" directamente a la versión más dinámica, la que equipa el motor de dos litros con turbo y 200 caballos. Sus prestaciones la avalan, siendo la mejor de todas cuantas hay en la gama de la variante abierta del A3. Cuenta con un chasis que es capaz, aún con una rigidez menor que el A3 cerrado, de aguantar de sobra los envites deportivos a los que pueda ser sometido sin el mayor titubeo; vamos, que podemos hacer nuestros pinitos en cualquier carretera, disfrutando del mayor de los techos posibles: el cielo.
Por si fuera poco, el cambio DSG está presente en este modelo gracias a la denominación S Tronic, un cambio con levas en el volante capaz de hacerte disfrutar de un automático casi tanto como de un manual.
A cielo abierto
El techo de lona es rápido y, en esta ocasión, de accionamiento eléctrico de serie. Lo bueno es que cuando lo llevas puesto no hay ruidos aerodinámicos parásitos y el encaje es perfecto. En parte es porque lleva una capa aislante en el medio muy buena y nos ha parecido en conjunto una capota de excelente factura.
Hasta más o menos 130 km/h se puede circular con bastante normalidad sin que el aire que entra en el habitáculo moleste mucho, pero a partir de ahí mejor contar con un deflector trasero. En cabrios cortos como éste, los remolinos de aire aparecen algo más tarde, aunque todo es cuestión de diseño.
Otra de las cosas buenas de este cabrio es que el maletero, aunque sea lo de menos, mantiene invariables sus 260 litros; por lo menos cuando llevas algo dentro no hay que preocuparse de reorganizarlo al quitar el techo.
Con la capota guardada, la imagen de este A3 recuerda muy poco a la de un A3 cerrado y, de hecho, hasta parece más largo. La calidad percibida, y real, es muy buena, tanto de la capota como del resto del coche. Un Serie 1 Cabrio de BMW equivalente es más caro y, sin embargo, un Volkswagen Eos con el mismo motor y cambio está en el mismo nivel de precio (aunque, eso sí, la capota es dura). Por eso el precio no es malo precisamente, y eso que, en bruto, pensar en casi 40.000 euros asusta un poco.
Animación sobre ruedas
Salvadas las referencias ineludibles a la estética y a lo bien hecho que está y que resulta, la otra "chicha" de este coche está en su motor y su chasis. Las vibraciones del arco que conforma el parabrisas se pueden percibir más de una vez, sobre todo si al asfalto le da por "romperse". Pero, aun en las circunstancias más adversas, el chasis aguanta los doscientos caballos del motor turboalimentado, y más si hace falta; además, no hay nada más potente en la gama, al menos de momento.
Es por ello que la faceta deportiva aparece pronto cuando nos encontramos con carreteras reviradas. Ninguno de los dos ejes, que mantienen la geometría de la versión cerrada, hace ningún ademán de perder la compostura, esto es, no hacen extraños y son capaces de proporcionar un alto agarre en carretera. El delantero tolera, con mucha capacidad de tracción, que en un momento dado podamos acelerar fuertemente en curva sin demasiados problemas de subviraje y, además, con las ruedas de 17 pulgadas nos encontramos con que tenemos una gran direccionalidad y aplomo al suelo, por lo que la conducción en todo tipo de terrenos asfaltados con este A3 es prácticamente ejemplar, por no hablar de los controles electrónicos y demás, de serie, claro.
El caso es que es un coche muy noble y también muy fácil de conducir a velocidades elevadas. Lo de cambiar en el volante, ya lo hemos dicho otras veces, a veces es una gozada y merece la pena ser explorado. Se disfruta en tramos revirados, aunque también en autopista o carreteras abiertas, pero creemos que en menor medida. Lo mejor de todo, a nuestro juicio, es reducir. Este cambio es muy rápido y se le saca mucho partido, además de que podemos, sin apartar las manos del volante ni la vista del frente, cambiar y seguir acelerando sin problemas. Una gozada, vamos, lo de cambiar y cambiar con los dedos. Además, como el motor responde gratamente, la dirección es suave y precisa, y los frenos, cuando llega el caso, superefectivos; es una continua invitación a explorar los límites de este modelo en concreto.