sábado, 04 de septiembre de 2010 Buscar

Audi R8 LMS

Audi espera vender unas ocho unidades de un R8 LMS

El Essen Motor Show alemán fue hace unas semanas escenario de la presentación del R8 LMS, un vehículo listo para competir en la categoría GT3 de la FIA. Al igual que suele hacer Porsche, ha sido creado para particulares, no para representar a Audi de forma oficial.

Su propulsor V10 entrega 500 caballos a las ruedas traseras –no incluye tracción quattro– mediante una caja de cambios secuencial de seis velocidades, y se pondrá a la venta a finales de este año 2009 al precio de 262.000 euros.

Audi R8 V10 y TDI

Para principios de este año que acaba de comenzar, Audi ha anunciado la aparición del R8 5.2 V10, que entregará la friolera de 525 caballos y también podrá asociarse al cambio S tronic de doble embrague. Al igual que ocurre con su hermano pequeño, este propulsor proviene de Lamborghini. Así armado, baja de los 4 segundos en el paso de cero a cien, y se venderá al precio de 157.900 euros.

Por otro lado, poco se sabe todavía de la posible producción en serie del R8 TDI V12 de 6 litros, una bestia de 500 CV de potencia y 1.000 Nm de par que apareció en el Salón del Automóvil de Detroit de 2008. Al parecer, esa ingente, tremenda y gigantesca cifra de par motor es la culpable, pues no hay caja de cambios que la resista. Eso sí, conociendo a Audi, si se lo proponen, es sólo cuestión de tiempo.

Pruebas

El Audi R8 es tan eficaz sobre el asfalto como fácil de conducir. Una verdadera delicia que ahora puede incluir caja de cambios R tronic de doble embrague.

07/01/2009

Rafa J. Cid / Fotos: Jorge Brichette

Audi R8 4.2 FSI quattro R Tronic

Todo coche con motor central es una delicia, y más si tiene 420 caballos de potencia. Súmese a ello un cambio secuencial de doble embrague y unos frenos cerámicos. El resultado es realmente… pecaminoso.

Confieso que he pecado, padre. He conducido un Audi R8 4.2 FSI.

–Dices bien, hijo. En estos tiempos que corren, gastarse 130.000 euros en un coche no es solidario.

–No es eso, sólo me lo prestaron para pruebas un par de días. De todas formas, aunque excesivo, el R8 no es tan caro, pues marcas como Ferrari, Porsche o Lamborghini, piden bastante más por cosas parecidas. Por cierto, su motor V8 de inyección directa y 420 CV proviene de esta última firma, y su carrocería es de aluminio.

–¿Es pues por las miradas de las jovencitas al pasar, verdad?

–Sí es cierto que este coche hace girar las cabezas de la gente; unos piden que aceleres, y otros te lo quieren cambiar por su coche, así, por las buenas. Un señor me ofreció su tractor. Llama mucho la atención por su línea, y también por lo bajo y ancho que es. Y eso que no han visto el interior, que parece una cabina de caza de combate, en la que la deportividad que aporta la fibra de carbono es capaz de integrarse en la elegancia general. Pero yo fui casi todo el tiempo por carreteras de montaña, y allí no había ni un alma.

–Entonces es que rebasaste los límites de velocidad…

–Tampoco, para correr de verdad acudí al Circuito del Jarama.

–¿Dónde está el pecado entonces?

–Es por su conducción. Es pecado capital.

–Ésos son otros pecados que nada tienen que ver con lo que cuentas, graves asuntos.

–Se equivoca. He pecado de lujuria.

–¿Lujuria?

–El R8 provoca sensaciones libidinosas en el organismo. La contundente aceleración te pega al asiento, y en 4,6 segundos ya estás avanzando a 100 km/h. Y cuando llegan las curvas, la posición central del motor es clave para constatar la superioridad de este tipo de colocación sobre cualquier otra; al fin y al cabo, es igual que en un Fórmula 1. Las inercias se reducen en todas direcciones, algo que enamora tanto en curva como en cambios de apoyo, y notas cómo el comportamiento general es diferente tanto al de los coches que tienen el motor delante del eje delantero –casi todos– como detrás del trasero, por ejemplo el Porsche 911. La eficacia es máxima, y se ve incrementada por la tracción total o la suspensión electromagnética, que endurece la respuesta de la amortiguación. Además, el rugido del motor despierta la adrenalina, y cuando bajas del coche, en el cuerpo sientes como una, como una…

–¡No siga, no siga…!

–También reconozco haber pecado de soberbia.

–¿Soberbia?

–Sí. Al ser el R8 tan eficaz, los ingenieros de Audi no han tenido que alcanzar la radicalidad para hacerlo apasionado y han podido ajustarlo para que, además, sea fácil de conducir. Llama la atención que un superdeportivo como éste tenga tal virtud, así que éste es uno de esos coches que te hacen creerte mejor conductor que los demás, porque todo parece sencillo a sus mandos. Éstos, además, son lo suficientemente suaves como para que el coche no produzca estrés en ciudad. Sólo los frenos cerámicos, algo bruscos, necesitan tacto al utilizarlos para no dar tirones. A cambio, son mucho más resistentes al maltrato.

Con la caja de cambios también pasa algo parecido. Hay que tener tacto con el pie derecho para que sea suave al arrancar o al aparcar –da tirones a baja velocidad con facilidad–, pero a cambio logra una velocidad tal en los cambios de marchas, que alcanzas la precisión y velocidad de muchos pilotos de competición. Todo gracias al doble embrague. Y eso que, al contrario que la caja PDK de Porsche o la BMW M, la R tronic no tiene modos que logren más velocidad en las transiciones entre marchas, aunque eso se pague, como en las citadas, con brusquedades.

–La cosa empieza a ser grave.

–Pues aún hay más: pereza e ira.

–¿Ambas?

–Ambas. Pereza a la hora de devolverlo, e ira una vez devuelto.

–Creo que todo esto no tiene perdón.

–Estoy dispuesto a la mayor de las penitencias.

–No hay penitencia que cure el espíritu si no hay arrepentimiento. Y me parece que a las primeras de cambio volverás a pecar.

–Sin duda. ¡Estoy deseando que lancen el R8 TDI y el V10 de más de 500 caballos!

–Entonces, te espera el infierno…

–¿Y hay R8 en ese lugar?

 

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