jueves, 20 de noviembre de 2008 Buscar

Pruebas

Audi RS4 Cabrio

03/01/2007

Juan Manuel GARCÍA RUBIO / Fotos: Jorge BRICHETTE

Audi RS4 Cabrio

Apabullante. Todo un coche de carreras preparado para pasear a “Miss Daisy” con total suavidad. Con 420 caballos y una rigidez casi excepcional, este cabrio puede dejar boquiabierto a todos. Cien caballos por litro son muchos, y la preparación de este automóvil es más que superior.

El RS4 Cabrio es uno de los mejores descapotables del momento, si no el mejor. Está concebido para dar placer, indistintamente de cómo se use: cerrado y con estilo de conducción racing, cerrado y como un coche de todos los días en ciudad, abierto y con vocación deportiva o abierto y con la única intención de disfrutar del viento azotando la melena o simplemente los tres pelos de la calva del más imberbe de sus propietarios. Da igual, con el RS4 Cabrio de ultimísima hornada se puede hacer de todo. Y siempre con la excepcionalidad de su motor y su precio y de un comportamiento envidiable sea donde sea.

Es un coche que va tan bien que puede hasta aburrir. Sí, ya que tiene las virtudes de los coches potentes excepcionales porque te puede quitar el hipo en carretera o ser el más cómodo de los coches en ciudad, aunque en este caso sólo sea en la plazas delanteras. Pero es ahí donde radica lo especial de este coche, como todos los buenos automóviles.

Motor excelente
No son los caballos, no es el par, no es la realización del chasis, tampoco la suspensión, ni el cambio y ni mucho menos el comportamiento o el acabado. En el RS4 Cabrio juega a favor la alineación de todos ellos para dar como fruto algo que la "S" de los productos de la marca no llegan a colmar del todo; y ello a pesar de la nada desdeñable factura. Las versiones RS son la máxima expresión, ahora con 420 caballos, y lo demuestran en el A4, no sólo en el Cabrio, un auténtico bombón, sino también en la berlina y en el Avant.

Propulsor envidiable
Lo bueno de este V8 atmosférico es que entrega esos mencionados 420 caballos de una manera exquisita. Impresionantes por cómo empujan, casi brutalmente si es que además nos atrevemos a pisar el acelerador sin contemplación. Si además hemos pulsado el botón situado en el volante, que varía la respuesta al acelerador, haciéndolo más rápido, y además también interviene en la dirección, dejándola aún más precisa, tenemos un cabrio sí, pero un cabrio del que nos podemos olvidar, pasando inmediatamente a la acción. Nos encontramos entonces ante una verdadera máquina de competición. A través de ese botón, los asientos te sujetan sobremanera, porque los "pétalos" laterales se mueven ejerciendo más presión sobre las piernas y sujetando mejor incluso que en los de los coches de carreras. Seleccionada esa posición, como decimos, a la que llegas enseguida picado por sacarle lo mejor a este pura sangre, empiezas a acelerar como un poseso. Y si por delante tienes un circuito, ni te acuerdas de que llevas un cabrio entre las manos, un coche que en teoría parece hecho para desmelenarse por puro placer.

La aceleración es brutal, pero tampoco podía ser de otra manera. Eso sí, siempre con una perfección en la trayectoria que pone de manifiesto la excelente puesta a punto de elementos como el impresionante equipo de ruedas, las propias suspensiones y, claro está, el alabado chasis. Por supuesto que si esa potencia oficial de más de 400 caballos es importante, no lo es menos el par, que hace posible que cualquier insinuación sobre el acelerador, y da lo mismo que vayamos en una marcha larga o corta, se traduzca en un empuje constante y lineal.

El ruido del motor, bronco en aspiración, es toda una melodía, y no precisamente en MP3, que te engancha nada más arrancar. Está calculada, como no podía ser de otra forma, y no es molesta. La potencia máxima, que Audi anuncia a las 7.800 rpm, no es un límite para llevarte la aguja del cuentavueltas bastante más allá y asomarse al abismo de las 8.000 vueltas, donde precisamente se marca la zona roja. La facilidad para subir, siempre con empuje constante, te hace estar muy pendiente de lo que sucede, porque ganas más velocidad en caída libre. Menos mal que la dirección y los frenos tienen también un tacto exquisito y te ofrecen fiabilidad para rodar rápido y enfrentar cualquier situación con total garantía.

Mejor que un kart
Como las suspensiones de este coche están preparadas para la conducción más agresiva, y aunque es un cabrio y se le presume una conducción tranquila, el resultado final alcanzado es un "tarado" más bien duro, aunque no por ello incómodo. Se agradece sobre todo porque mientras ruedas tranquilo no se te caen los empastes, y si decides darle vidilla a ese motor que pide a gritos moverse en la zona alta del cuentavueltas, te encuentras con un coche que lo digiere todo sin problemas. El chasis no se retuerce, y es entonces cuando te das cuentas de que llevas un coche prácticamente de carreras, pero con todas las comodidades, y más, de un coche de calle y de lujo.

No hay balanceos, y los apoyos en cualquier tipo de curva, lenta o rápida, se hacen con absoluta garantía de que no habrá extraños. Las ruedas, como hemos apuntado, agarran todo y más, y permiten además una direccionalidad perfecta para llevar el coche por donde le has marcado. Metidos en faena, el RS4 Cabrio es un tipo duro de roer. Si te sobran manos para una conducción exigente, se puede ir muy, pero que muy rápido, y de ahí que hayamos dicho también que si delante tienes un circuito donde experimentarlo te vas a dar cuenta de lo que es capaz de hacer este coche.

El límite de adherencia es muy alto. El ancho equipo de neumáticos y la tracción a las cuatro ruedas confieren un paso por curva muy elevado y fiable. Si lo sobrepasamos, tenemos dos opciones: la primera, levantar el pie del acelerador y el coche vuelve a su redil (en casi todas las circunstancias) como una oveja guiada por su perro; la siguiente, y más divertida, es tratar de sacarlo a base de contravolante y más acelerador para tratar de jugar con la transferencia de potencia entre ambos ejes. Dependiendo de la velocidad, lógicamente, a la que nos haya ocurrido una situación como ésta, y del espacio que dispongamos, tendremos que optar por una u otra opción a la hora de salvar la situación.

 

 

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