Como si de un buen vino se tratase, el chasis del Audi S3 ha mejorado con los años y ya puede beberse en su punto culminante de maduración. Este modelo siempre se ha caracterizado por su calidad de factura y facilidad de conducción, y su agilidad se situó a la misma altura con la llegada de la última generación, que ahora recibe retoques estéticos y carrocería Sportback. Si en sus primeras versiones la deportividad traía consigo respuestas secas de la amortiguación, sobre todo en terreno en mal estado, y para la facilidad de conducción se necesitaba un chasis demasiado conservador, en el nuevo S3 no ocurre lo mismo: sin perder esa capacidad para rodar a ritmos de infarto con total seguridad, logra entusiasmar al que aprecia la conducción, y presenta una suavidad de marcha suficiente para ser utilizado todos los días.
En definitiva, el S3 se coloca en un punto medio entre los fieros Mitsubishi Lancer o Subaru Impreza y los no menos espectaculares Opel Astra OPC o Seat Ibiza Cupra. Puede competir con todos ellos en sensaciones, y su calidad o exclusividad son superiores.
Por fuera
Como decía, este modelo es una evolución del que llegó en 2003, y que ya en 2005 recibió algún retoque estético. Ahora, se distingue del anterior S3 de ese último año por pequeños detalles, como los intermitentes integrados en los retrovisores, las tomas de aire laterales de la defensa o los faros con luces tipo led, muy de moda últimamente. Es novedad la posibilidad de poder adquirirlo con carrocería Sportback, que es en la que nos hemos subido, versión más amplia que la estándar y sin apenas diferencias en cuanto a comportamiento.
Dentro, la calidad de factura sigue siendo superior a la de todos los competidores citados, y hay que irse a algún BMW para encontrar algo con tanto dinamismo y semejante boato. Continúa recordando mucho en este sentido al primer TT, que marcó un punto de inflexión al respecto.
Más ahorrador
El excelente motor 2.0 TFSI de inyección directa y turbo sigue siendo el encargado de dar vida al S3, cómo no, mediante tracción a las cuatro ruedas. El nuevo ajuste de la misma, junto con mejoras aerodinámicas como un nuevo carenado en la parte inferior del coche, han logrado que el consumo baje de 9,1 a 8,5 litros. Conserva intactos sus 265 CV y su alto nivel de prestaciones.
Su agrado de utilización es muy elevado, pues resulta un bloque con fuerza en todo el espectro de revoluciones: si a bajas vueltas ya da la talla, también mantiene el do de pecho hasta la zona alta sin problemas. Si a esto unimos una buena ordenación de la potencia, con una patada del turbo nítida pero no brutal, su funcionamiento se acerca al de los grandes motores atmosféricos, lineales y poderosos.
Ha sido asociado a una caja de cambios de seis marchas que es válida para estos terrenos de montaña de los que te hablo, aunque se adapta todavía mejor a las autopistas y a las altas velocidades por las que sólo podemos suspirar en España. Lo mismo podemos decir del volante, ya que su atractiva asimetría hace a las manos sentirse extrañas cuando, girándolo en terreno revirado, llegan a ella y palpan formas que se apartan del círculo perfecto.
¡A por las curvas!
Sentados al volante nos encontramos rápidamente a gusto, y al empezar a andar comprobamos en los badenes que la respuesta de su amortiguación es bien firme, y si lo fuese un poco más empezaría a ser incómodo para el día a día. Manteniéndose en esa frontera, no llega a la radicalidad, pues la amortiguación electrónica Magnetic Ride se encarga de suavizarla cuando no se le exige al chasis. Ésta es opcional, y éste es el primer A3 que puede utilizarla.
Y cuando aparecen las curvas, comprobamos cómo resultan una delicia: el coche va sobre raíles, conecta lo suficiente al conductor con la carretera y la tracción total permite pasos por curva realmente fieros y avances prodigiosos sin resbalamiento de ningún tipo.
Así pues, éste es uno de esos coches que te hacen buen conductor. Si hasta ahora he comentado varias veces que es fácil de conducir, lo es por varias razones: su chasis es eficaz sin ser nervioso, su motor corre en todo momento y la tracción total evita las pérdidas de agarre de los tracción delantera y la dificultad de conducción de los trasera. Brillante.
Equipamiento
El S3 no es barato, pero vale lo que cuesta. Como decía, su nivel de terminación es ejemplar, y su equipamiento resulta completo, pero no sobresaliente. Así, hay que pagar aparte elementos como luces o limpiaparabrisas automáticos, el control de velocidad o la suspensión electrónica –que por 1.300 euros no resulta demasiado cara–, aunque no faltan detalles interesantes como climatizador, faros de xenón o control de estabilidad.
En definitiva, el S3 tiene la fiereza de los compactos más deportivos, una hogaza más de calidad de factura y combina como pocos una eficacia sensacional con una gran facilidad de conducción. Un deportivo muy recomendable.