viernes, 05 de diciembre de 2008 Buscar

Pruebas

Elegante y discreto, el S6 es una berlina de lujo muy capaz sobre el asfalto como deportivo.

27/09/2006

Rafa J. Cid / Fotos: Claudio Luna

Audi S6

El nuevo S6 demuestra que se puede ser un valeroso deportivo sin dejar a un lado los buenos modales. Se sitúa así entre el radical BMW M5 y los burgueses Mercedes Clase E AMG, y sigue llamando la atención lo mucho que ha mejorado en dinamismo con respecto a la anterior generación.

Pisar a fondo el pedal de acelerador del Audi S6 supone avanzar a ritmo vertiginoso, y en 5,2 segundos la aguja del velocímetro ya marca los 100 km/h. Como un Miura hacia la plaza. Nunca mejor dicho, pues Lamborghini, la firma del toro, ha sido la creadora del motor V10 de 5,2 litros de cilindrada y 435 CV que le da vida, posteriormente retocado por Audi para instalarlo en el vano de los A8 en primer lugar (con 450 CV), y ahora en el nuevo S6.

Pero esta fiera, máximo representante de la gama intermedia de Audi, los A6, no es sólo motor. Como verás, es un deportivo con letras grandes, y si bien no alcanza en este apartado al furioso BMW M5, verdadero referente en dinamismo, conjuga una dinámica ejemplar con las virtudes de una gran berlina de lujo.

Seguimos acelerando.
El cuerpo se carga de adrenalina mientras se pega al asiento por la acción del pie derecho sobre su correspondiente pedal, y el sonido acompaña, acariciando nuestros oídos. El rugido que emite parece el motor de un avión de turbohélice, aunque estemos tratando con un atmosférico.

Completamente construido en aluminio, con ajuste variable de las válvulas tanto en admisión como en escape, toma la tecnología de la inyección directa gasolina FSi, que colabora a mejorar su rendimiento y a que la cifra de par motor, 540 Nm, sea superior a 100 Nm por litro, una barrera difícil de superar hasta hace bien poco por motores de aspiración.

Este V10 no necesita girar demasiado deprisa para tener contundencia. En todo momento es eficaz y voluntarioso, y más teniendo en cuenta que la caja de cambios se encarga de bajar marchas a la velocidad del rayo si el conductor lo demanda. Se trata de la eficaz caja ZF secuencial de seis marchas, que entrega la fuerza a las cuatro ruedas mediante un convertidor de par, asociado a un diferencial central autoblocante.

Así que, como esbozaba líneas atrás, las aceleraciones son contundentes siempre que lo deseamos, da igual que estemos parados, llaneando por autopista o adelantando en carretera convencional. Gracias a la tracción total las pérdidas de tracción son nulas, y el reparto prima que sean las traseras las que llevan la voz cantante. En condiciones normales gestionan el 60% de la fuerza por el 40% de las delanteras, pero la proporción puede variar hasta un máximo en cada eje, respectivamente, de 85% y 65%.

Llegan las curvas.
La carga deportiva del S6 es elevada, y su límite se ha marcado con la intención de mantener un confort suficiente para que los pasajeros sigan disfrutando de la marcha. Aun así, el tarado de las suspensiones es bastante firme, de manera que el coche es claramente más duro que el resto de los A6, y con ello menos cómodo. Pero no llega a ser extremo, aunque las juntas de dilatación y los baches y badenes los pasaremos recibiendo golpes secos.

Por fin, llegan las curvas. Llama la atención en primer lugar el subviraje. Al morro le cuesta entrar en los giros, pero en cuanto nos adaptamos a su forma de ser encontramos que todo lo demás son virtudes. El paso por las mismas resulta rápido y tremendamente noble, con una trasera bien agarrada pero que deja un ligerísimo juego al conductor si éste desea moverla, y que se corrige sin volante, sólo con acelerador, gracias a la tracción total. En este sentido, el ESP está bien reglado para que actúe justo cuando debe.

El coche, una vez plantado el morro, es altamente eficaz, balancea muy poco y se conduce como si fuera más pequeño y ligero. Me ha llamado la atención que resulta más comunicativo de lo que esperaba –la verdad es que esperaba que lo fuese muy poco–, y el conductor recibe suficiente información de inercias y de cuán cerca o lejos están los límites del coche para acercarse a ellos sin jugársela.

En definitiva, hablamos de una virguería de chasis que resulta incluso hasta demasiado deportivo para lo habitual en la categoría, de manera que es perfecto para los amantes de la conducción: muy dinámico sin llegar a ser radical. Como adelantaba líneas atrás, el S6 se coloca así en agilidad y efectividad por detrás del BMW M5, ese gran referente, pero por delante de los Mercedes AMG. El listón está realmente alto.

Ambiente de lujo.
Si el chasis se debate entre divertir y transportarnos con suavidad, como si de un deportivo se tratase, el habitáculo apuesta por el lujo habitual entre las aburridas berlinas de su categoría. Así, los acabados, los materiales, el diseño... todo nos hace sentir como en un palacete, la calidad se percibe a borbotones y las diferencias con el resto de A6 son escasas, reduciéndose a algún nuevo material para los recubrimientos.

El equipamiento de serie es abundante, y se ofrecen atractivos extras como el programador de velocidad activo, el sistema de asistencia al aparcamiento con cámara trasera, los faros que giran con el volante para una mejor iluminación en curva, el sistema de control de la presión de los neumáticos o cierre automático del maletero. Eso sí, hay una carencia: al contrario que sus hermanos de gama, no cuenta ni en opción con suspensión electrónica, algo que colaboraría a hacerlo tanto más confortable como más eficaz.

En definitiva, el S6 es una brillante berlina de talante deportivo que enamora tanto por potencia como por chasis, sin dejar de cumplir las funciones que debe desempeñar todo coche de lujo.

 

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