lunes, 15 de marzo de 2010 Buscar

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Pruebas

Audi TT TDI

21/10/2008

Rafa J. CID / Fotos: Claudio LUNA

Audi TT TDI

Si Audi triunfa en Le Mans con un motor diésel, no es de extrañar que sus coupés más dinámicos los lleven también. Vamos a ver qué ventajas e inconvenientes presenta el Audi TT TDI frente a sus hermanos de gasolina.

Corren tiempos extraños, en los que el gasóleo cuesta más que la gasolina y los motores diésel ganan carreras míticas como Le Mans. Las razones que han llevado a todo esto son sencillas, pero valga la redundancia, quizá no muy razonables: los avances tecnológicos de la última década en los motores de ciclo diésel les han llevado a vender una barbaridad, porque han mejorado otro tanto. Las firmas han invertido en ellos, han ampliado sus gamas incluyendo versiones deportivas y, cómo no, los han llevado a la competición. Hasta ahí todo bien. Pero entonces ha llegado Hacienda –que somos todos– y ha dicho, más o menos, que con tan pocos coches de gasolina en el mercado hay que subir los impuestos del gasóleo para que las finanzas cuadren. Y así se han roto las reglas de evolución naturales del mercado.

Así que el Audi TT TDI de 170 CV es más caro que la versión gasolina equivalente, como sucede de toda la vida con los coches diésel, y bebe un líquido que, vaya por Dios, ahora resulta que también es más caro. Si sumamos a todo esto que los motores diésel corren que se las pelan, pero para talibanes de la conducción como tú y como yo los de gasolina siguen siendo superiores en dinamismo, el caso es que la cosa es para pensársela: el Audi TT 1.8 T de 160 CV tiene la misma velocidad punta, es más rápido acelerando –aunque no en recuperaciones– y cuesta… 7.200 euros menos que el TDI. Es cierto que no incluye tracción total, como sí hace este último, pero la diferencia de precio sigue siendo excesiva. Imagínate cuánto combustible puedes comprar con ese dinero.

Todavía tengo grabado en mi mente una antológica lucha de muchas vueltas entre René Arnoux y Gilles Villeneuve en un Gran Premio de la temporada ‘79 por la segunda plaza. Se comieron todos los pianos, las pucelanas, tocaron sus ruedas y se adelantaron infinidad de veces. Todo ello a 300 km/h. René Arnoux dijo entonces: "He perdido, pero estoy contento porque me ha ganado el mejor piloto del mundo".

Tanto el motor 2.0 TDI como el 1.8 TFSi son excelentes, y si prefiero este último es, además de por todo lo expuesto, por su excelente calidad: es de los pocos de gasolina con inyección directa, sus consumos son particularmente bajos y, además, empuja tanto que parece diésel en este sentido: a 1.500 vueltas da todo su par motor, mientras que el TDI lo hace a 1.750.

¿Diésel?
Si hoy pongo al TFSi como a Villenueve, el TDI es Arnoux. Al dejar de compararlos sale a la luz toda la calidad del motor 2.0 TDI. Sus mejores virtudes son su capacidad de ahorro y lo rápido que entrega la potencia. Su consumo medio es de 7 litros a los cien, pero la verdad es que, cuando se le da candela, la cifra no se dispara tanto como en sus rivales de gasolina. Además, su enorme par motor, 350 Nm, que entrega de forma constante entre 1.750 y 2.500 revoluciones, hace que nada más pisar el acelerador salgamos disparados. Eso sí, cuando la aguja escala el cuentarrevoluciones la fuerza parece menguar en vez de crecer, y su techo llega rápido. Y todavía hay más. Su sonido es embriagador, no parece de un diésel, resulta espectacular en este sentido. Incluso las vibraciones son muy moderadas.

Buena parte de la culpa de todo esto la tiene el cambio de tecnología en los motores Audi-Volkswagen: los conjuntos bomba-inyector están siendo sustituidos por sistemas de raíl común, como es el caso.

Por lo demás, todo un TT
Si el motor empuja de lo lindo, el chasis está a la altura. El TT es mucho más fácil de conducir al límite que sus rivales directos, tanto por el sistema de tracción total como por sus reglajes, y lo mejor de todo es que lo consigue sin perder tacto deportivo. El TT TDI lo tiene, y mucho, pudiendo potenciarse con elementos como la suspensión magnética, que varía la respuesta de la amortiguación.

La calidad de su interior o la originalidad de una carrocería que no se vende en masa son más de sus atractivos, y en la última versión las plazas traseras han crecido un poco, aunque sigue siendo un 2+2, no un cuatro plazas.

 

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