viernes, 04 de julio de 2008 Buscar

Pruebas

BMW 120d frente a Volvo C30 D5

19/11/2007

Rafa J. CID / Fotos: Jorge BRICHETTE

BMW 120d frente a Volvo C30 D5

Dos notas llaman la atención en esta comparativa: las prestaciones y sensaciones que logran transmitir estos dos modelos, por muy diésel que sean, y la enorme deportividad del Volvo C30, igual o incluso superior a la del BMW 120d con el que se enfrenta. ¿Cuál es más interesante...?

El C30 es un coche que rompe moldes. Pero no a simple vista. Y eso que parece que su imagen da un paso más allá en lo que a vanguardismo estético se refiere dentro de la casa Volvo, pero resulta que no, que su predecesor, el 480, ya enseñó formas muy similares hace un par de décadas, y es su claro inspirador.

La revolución va por dentro. El V40 ya anunció que la firma sueca quería más dinamismo y jovialidad en sus creaciones, sobre todo en las más pequeñas, y el C30 D5 –junto al T5– se lleva la palma. En este caso armado con chasis deportivo opcional, se convierte en el Volvo más dinámico –con permiso del S60 R, muy deportivo pero demasiado grande–, sin medias tintas, gracias a un chasis con suspensiones independientes en ambos ejes, que tiene mucho que ver con el del Ford Focus, y a una firmeza tan elevada de la amortiguación que hace al coche incluso incómodo a poco mal que esté la carretera. A cambio, se desliza por las zonas viradas como nunca habíamos visto con anterioridad en un coche de la casa.

A BMW se le había ocurrido esta idea mucho, mucho antes, y por ello no es de extrañar que el 120d con el que le hemos enfrentado posea un talante igual de deportivo. En este caso, era lo que esperábamos. Y para lograr vencer a un chasis de BMW, hay que madrugar mucho…

Y debemos olvidar, de nuevo, los prejuicios a la hora de valorar sus motores: aunque diésel, logran un nivel de calidad en la marcha y unas prestaciones que ya poco tienen que envidiar a los de gasolina. Y con consumos muy inferiores.

Chulazos
Como esbozaba al inicio de estas líneas, la estética del C30, aunque inspirada en el ya conocido 480, sigue siendo vanguardista. El coche, especialmente por detrás, no se parece en nada a ningún otro modelo del mercado, mientras que su frontal, más conservador, le confiere el aire de familia. Y el BMW no se queda muy atrás. La casa alemana nos tiene acostumbrados a diseños modernos, sobre todo desde la aparición de Chris Bangle, y el Serie 1 es atrevido estéticamente sin perder elegancia.

En los dos casos, el interior es fiel reflejo de lo que vemos desde fuera. Se aprecia una gran calidad de acabados y diseños atrevidos, que separan a ambos vehículos de los creados por firmas que no son de lujo, a pesar de que son los más sencillos de sus respectivas marcas. En el caso del C30, su cabina es casi idéntica a la de los V40, y su diseño casi minimalista resulta todavía más depurado que el del alemán, pero no por ello menos atractivo. Para muchos, será al contrario.

El espacio no sobra en ninguno de los dos casos, y encontramos en el maletero del C30 un punto a mejorar: es pequeño (251 litros de capacidad, por los 330 de su rival) y su cierre superior, mediante una lona de plástico, resulta inapropiado para un modelo de su calidad.

A disfrutar
No hay que hacer grandes pruebas para comprobar la eficacia de nuestros dos protagonistas. Ambos poseen chasis en los que la balanza se decanta claramente por la deportividad, con lo que resultan especialmente adecuados para conductores dinámicos. De hecho, los que no lo son tanto los considerarán, a los dos, incómodos, especialmente al Volvo, pues los rebotes de la suspensión resultan algo secos, en particular en terreno roto. BMW, con un grado similar de firmeza, logra una mayor calidad de amortiguación, e incluso más eficacia. Y es que, como hemos dicho muchas veces, la dureza de las suspensiones suele incidir en mayor agarre, pero un buen ajuste de las mismas permite que modelos más suaves logren más agilidad, incluso con otros muchos parámetros igualados. Esto es lo que les ocurre a nuestros protagonistas: los ingenieros alemanes, más acostumbrados a lidiar con chasis deportivos, han logrado un ajuste más fino, que asegura más eficacia y también más confort que el de su rival.

Pero, ojo, por una diferencia más escasa que nunca. El Volvo está en su misma liga, es decir, ha logrado plantar cara a una marca que tiene un sobresaliente en dinamismo. El C30 divierte tanto como el 120d, y resulta todavía más fácil de conducir, ya que su tracción delantera hace que todo sea más fácil a la hora de negociar curvas. ¡Enhorabuena, Volvo!

Los diésel también corren
Aún recuerdo cómo la primera vez que me subí a un 120d, sabiendo solamente que era un Serie 1, tuve que pensar unos instantes si lo que conducía era un coche diésel o un gasolina. Esto da una idea de su calidad de funcionamiento. Hace poco ruido, y el que hace no parece diésel. Corre que se las pela, no consume nada de nada –su media ponderada es de ¡4,8 litros!– y sus 177 caballos de potencia llegan bien pronto y sorprenden cuando entra el turbo en acción. Para lograr tan bajos registros de gasto de combustible se apaga en las paradas, lo que en un principio parece un poco extraño, hasta que nos acostumbramos. En cuanto pisamos el embrague para introducir primera, se enciende a la velocidad del rayo, sin fallar una sola vez.

Algo muy parecido podemos afirmar del propulsor del Volvo (salvo que no se apaga, claro). De 5 cilindros en vez de 4 y 2,4 litros por los 2 de su rival, muestra un funcionamiento muy similar, con mucha fuerza total y buenos bajos. A pesar de su mayor cilindrada y potencia, que asciende a 180 CV, no logra mejorar las prestaciones del BMW, ni en aceleración ni en recuperaciones o velocidad máxima, aunque las diferencias son pequeñas. Y, desafortunadamente, pierde la partida, con claridad, en los consumos, con una media que supera por 2 litros a la que logra el 120d. El Volvo ha sido asociado a una caja de cambios automática de cinco marchas, y que es la única opción disponible. Por su parte, BMW ha optado por una manual de seis relaciones.

Precio y equipamiento
Muy parejos en equipamiento hemos encontrado a estos dos gallos de pelea: climatizador, control de estabilidad, airbags frontales y laterales u ordenador de a bordo son comunes a ambos. Volvo añade algo más de equipamiento de seguridad, y el BMW, el sensor de lluvia y los faros antiniebla. Faros de xenón, luces automáticas o regulador de velocidad se venden aparte, con lo que sus dotaciones no son como para tirar cohetes, dado que cuesta, el más barato, 28.700 euros; y éste es el BMW. Volvo incrementa la factura hasta los 29.995.

De este modo, el modelo más aconsejable de los dos es el alemán, que vence en casi todos los apartados. Por bien poco, con lo que el coche sueco es también una excelente compra –y todavía más original, si cabe–, pero la factura, más baja para el 120d, redondea el resultado.

 

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