viernes, 05 de diciembre de 2008 Buscar

comparativas

De pecaminosa puede ser considerada la conducción de estas máquinas. Tanto placer no puede ser bueno...

12/12/2006

Rafa J. Cid / Fotos: Jorge Brichette

BMW M6 Cabrio, Mercedes SL 600 y Dodge Viper

Si conducir es lo más divertido que se puede hacer con la ropa puesta, entonces lo que tienes ante tus manos es una verdadera orgía de potencia sin límites, sensaciones fuertes y glamour. Cualquiera de estos tres coches nos lleva por el camino de la perdición. Pero ojo, cada uno a su estilo. Compruébalo.

Cualquiera de estos bombones colmaría los deseos del conductor más exigente, pero hoy hemos tenido suerte y tenemos a los tres. Viper, SL y M6 son vehículos de fuerte personalidad, resultan muy diferentes entre sí y comunican sensaciones muy dispares. Su denominador común es una potencia descomunal –506 CV como mínimo, 1.528 en total–, y también precios de otra galaxia –120.000 euros como poco–. A partir de ahí, las cosas toman caminos muy distintos.

El más apasionado es el Viper. Rudo en sus modales, hasta tosco en su funcionamiento y sin electrónica, es el coche que más se parece a los deportivos de toda la vida. Espectacular en sus formas, tremendamente llamativo, es el indomable.

La cara opuesta la pone el Mercedes. Aunque su aceleración sigue siendo brutal, sus maneras son las más refinadas y suaves. No sólo por su funcionamiento, también por la exquisitez de sus acabados y formas.

Por último, el M6 es casi tan refinado como el SL, pero su deportividad es la más acentuada. Eso sí, gracias a la electrónica puede resultar a la vez educado con sus ocupantes cuando se desea, y es el único que puede acoger a cuatro.

¿Con cuál nos quedamos? Todavía es pronto para decidir...

¡Agárrate!
A lo mejor tienes una de las pocas motos, o uno de los muy escasos coches más rápidos que los que hoy tratamos, quizá seas piloto de cazas de combate o hayas hecho alguna misión espacial en el Columbia. De lo contrario, no encontrarás nada que puedas conducir que tenga tanto poder de aceleración como los bólidos que hoy nos ocupan. El Dodge Viper pasa de cero a cien en 3,9 segundos, nos aplasta contra el asiento mientras todo lo que hay a nuestro alrededor se difumina, y la lejanía se convierte en lo que simplemente tienes delante en un parpadeo. Instantes después de estar en Alemania, podríamos encontrarnos rodando a 306 km/h envueltos en el rotundo rugido de su V10, que aumenta los niveles de testosterona tanto como la portada de esta semana de Interviú.

El causante es su motor V10... de ¡8,3 litros de cilindrada! Su cifra de potencia es de 506 CV, y su par motor de 712 Nm. En ambos casos a muy bajas vueltas, como corresponde a tanta cilindrada: respectivamente se alcanzan a 5.600 y 4.200 rpm. Su rendimiento es pobre (61 CV por litro), su tecnología atrasada y su consumo bestial (hasta 30 litros a los cien en ciudad...), pero ojo, esta fiera es la más rápida de este singular trío. Y eso es un grado.

Mercedes llega a un lugar muy parecido por un camino distinto: con casi tres litros menos de cilindrada, recurre al doble turbo para alcanzar los 517 CV a 5.000 vueltas que entrega su refinado V12, cuyo par motor es incluso superior al del yanqui: 830 Nm desde 1.900 rpm (quizá debería haberlo puesto también entre exclamaciones...).

Su actuación es igual de contundente, pero más refinada. Mientras el Viper ruge, tiembla y parece levantarse un palmo de cada lado con cada aceleración -incluso en parado-, el Mercedes es mucho más refinado y suave. Su avance es apenas unas décimas inferior (el 0 a 100 se produce en 4,5 segundos), pero la perfecta insonorización, o la suavidad de la caja de cambios de cinco marchas –no es la 7G Tronic, que no cabe– y la dirección, junto con la ausencia de vibraciones, hacen parecer que las cosas van más despacio. Aun así, no dejamos de estar en una verdadera montaña rusa que hace una cosa ligeramente peor que sus rivales: traccionar. A pesar de que cuenta con control electrónico para controlar el derrapaje, e incluso control de estabilidad, al SL 600 le cuesta entregar toda su fuerza al tren trasero porque su par motor es el mayor de esta comparativa (y sus ruedas las más pequeñas). Y más teniendo en cuenta que llega como un torrente, pues nada más pisar el acelerador, si el motor no está listo para entregarlo al completo, la caja de cambios se encarga de que lo haga en una fracción de segundo.

BMW tiene un camino más. Poca cilindrada, cinco litros justos, y sin turbo. Así que son tecnologías como la de doble Vanos, las cuatro válvulas por cilindro y un largo etcétera las que consiguen un rendimiento espectacular de 101 CV por litro. Genera 507 en total a un régimen de giro alto, 7.750 rpm, y el par es de 520 Nm a 6.100.

De esta forma, el M6 es el que menos bajos tiene, aunque de nuevo la caja de cambios, con su rapidez, se adelanta a nuestros deseos y hace que la aguja del cuentavueltas vaya donde hay chicha. Es, de largo, la mejor: SMG III con embrague automático en vez de convertidor de par.

De este modo, este coche es el que mejor entrega la potencia, el más ordenado al hacerlo, aunque también el menos pasional, parece el más lento. Nunca me imaginaba diciendo esto de un M6, pero estamos hablando a un nivel tan elevado que este coche sigue provocando una de las sensaciones más fuertes del mercado a la hora de acelerar, lo que pasa es que hoy se ha encontrado con otros dos todopoderosos. En este sentido recordamos la presencia del Launch Control, que permite realizar la aceleración perfecta desde parado sin que el conductor tenga que hacer prácticamente nada. Como digo, esta prueba es toda una experiencia... ¡y hablamos del modelo más lento de los tres!

Que llegan las curvas
De un pisotón nos hemos plantado delante de la primera curva. Con tanto poder de aceleración, casi no hay rectas. Y éste es otro reino. Y en él manda el BMW M6.

Mr. Viper es todo un reto. Sacarle todo el jugo sin ayudas electrónicas a un vehículo de 500 CV, con toda la potencia transmitida por las ruedas traseras, es algo propio de conductores profesionales. Las suspensiones reciben un calibrado relativamente suave, tanto o más que el SL, de forma que el coche es bastante confortable en marcha salvo por las comentadas vibraciones, traqueteos e impurezas en general. En su comportamiento, esa falta de radicalidad le hace más fácil de conducir, todo lo contrario que sus llantas, de perfil extremadamente bajo. El coche es bastante comunicativo con el conductor y, salvo por el cuidado que hay que tener con el pie derecho, responde adecuadamente. Pero vuelvo a hacer hincapié en que el mayor problema es la potencia, y un acelerón en un momento poco adecuado puede conllevar reacciones imprevistas que van más allá del mero sobreviraje.

Llegados a este punto, encontramos una de las razones que le han hecho ganador de Le Mans y de muchas carreras de GT: el peso. El suyo es de poco más de 1.500 kilos, menos que el de la generación anterior, y casi media tonelada por debajo de sus rivales. Con el reloj en la mano, en una carrera en circuito utilizando este trío, con el Viper llegaríamos sudorosos, agotados y temblando... pero ganaríamos.

El SL cuenta con suspensión electrónica ABC, con lo que puede ser ligeramente más deportivo que el coche de la serpiente, y también mucho más cómodo a la vez, según los deseos del conductor. Eso sí, todo lo hace con más delicadeza y, aunque no parece comunicar mucho a la hora de ser manejado, lo que en principio le hace más soso, el caso es que cuando nos metemos en problemas no sólo la electrónica nos saca de ellos, las reacciones del chasis también son menos violentas y más fáciles de manejar. En general es superior en efectividad, nobleza y suavidad a pesar de sus dos toneladas de peso. Pero, como decía, éstas son clave a la hora de hacer tiempos. ¡Ah!, y sus sistemas de seguridad no pueden ser desconectados del todo. Nada de salir de costado de las curvas. Prohibido desde la oficina de algún directivo de Mercedes.

Por último, el M6 es el paradigma de la deportividad. Gracias a la electrónica, la caja de cambios tiene hasta siete posiciones que van de más suavidad y lentitud de cambios a rapidez de rayo y brusquedad de mula. Suspensión, dirección y motor tienen ajustes similares. Así que recién levantado, con la gota de colonia cayendo por su cuello, este coche cuela como berlina para pasear, y una vez puesto el traje de faena, es el que más se parece de los tres a un coche de competición. Conducir de forma deportiva a sus mandos enamora, la ordenada entrega de la potencia colabora a que todo salga como queremos, y cuando deseamos derrapar, resulta que es el que más fácil nos lo pone, el más predecible. Así que es de largo el más eficaz, el de mejor tacto, pero de nuevo, por su peso –otras dos toneladas– muy probablemente el Viper le vencería en un circuito. En carretera de montaña, lloviendo y de noche, me quedo con el M6.

Flechazo a primera vista
Desde el primer vistazo, nuestros tres mosqueteros particulares intentan ser diferentes. El Viper ha suavizado sus líneas con respecto a su predecesor, las formas son ahora más rectas y ligeramente menos redondeadas, pero sigue siendo tan llamativo, y más en color rojo, que es el que más miradas cautiva, con diferencia. Es verdaderamente imposible pasar desapercibido conduciéndolo.

Por dentro las cosas cambian. Espectacularidad en las formas sigue habiendo, pero la calidad de los materiales y sus ajustes son propios de coches de 12.000 euros, no de 120.000, algo que desluce el conjunto. El Viper se merece más interés por los acabados. Y también una capota eléctrica, pues la que tiene es totalmente manual. Eso sí, un detalle interesante es el ajuste eléctrico de los pedales, que permite una excelente posición de conducción independientemente de nuestra altura.

La cosa quizá no fuese tan sangrante de no ser porque el Mercedes SL está en esta comparativa. Su interior es un ejemplo a seguir desde todos los puntos de vista. Destila lujo, cuidado y glamour por los cuatro costados, ya sea por los cueros, las costuras, las formas o casi todo lo que solemos analizar.

Por fuera las apreciaciones son parecidas. Las formas de la carrocería se cuentan entre las más intemporales del mercado, como en general toda la gama Mercedes, de forma que su estética seguirá fresca durante mucho tiempo. Y lo mejor es que no lo consigue por el camino fácil, el de ser poco atrevido para gustar a muchos sin disgustar a nadie. No, el SL es un vehículo original, atrevido... pero no lo parece. Desafortunadamente, salvo para los que deseen pasar totalmente desapercibidos, el color azul de nuestra unidad de pruebas verdaderamente se "come" el coche, apaga su espectacularidad. En gris, su color de toda la vida, el que nos viene a la mente cuando recordamos el SL alas de gaviota de los ‘60, sí le sienta como un guante.

Los diseñadores también han tenido oportunidad de lucirse con la Serie 6 de BMW, disponible en versiones abierta y cerrada. Quizá en próximas generaciones haya un coupé cabrio... por el momento, la capota de lona no viste tanto como la dura que luce el SL, aunque, eso sí, es totalmente automática.

El interior está mucho más próximo a su rival alemán que al americano. El nivel de detallismo quizá no sea tan espectacular como el del Mercedes, pero está en su liga... que parece la de Campeones. Además, una importante ventaja es que su carrocería es de 2+2 plazas, no biplaza como los demás, lo que aporta mucha polivalencia. La nota original la pone el cristal trasero, que puede bajarse y subirse con independencia de la capota, sirviendo incluso de paravientos.

Precio y equipamiento
Mercedes y BMW lo incluyen todo en sus coches, desde automatismos en luces y limpiaparabrisas hasta suspensión electrónica, pasando por ópticas de xenón o tapicería de cuero. El Viper, por el contrario, llega con lo justo, sin electrónica y con pocos elementos de confort. Quizá por ello puede permitirse el lujo de ser el coche más barato, todo lo contrario que Mercedes, del que le separan 29.000 euros, casi cinco millones de las antiguas pesetas. Entre ambos se coloca el M6.

En definitiva, sigue siendo difícil quedarse con uno de estos tres bombones. Descartamos el Viper porque no alcanza el refinamiento, la calidad y la seguridad de sus rivales. Pero es apasionante, el más rápido y el más llamativo, virtudes que le hacen deseable.

Entre BMW y Mercedes las cosas están más igualadas. El Mercedes es el más exquisito, y el que más llama a los que tienen cultura automovilística, pues bebe directamente de la tradición de la firma de la estrella y lo hace todo bien, desde negociar curvas hasta transportarnos cómodamente. Es la elección perfecta para la mayoría de los conductores.

Pero tú y yo no estamos entre la mayoría de los conductores. Nos gusta la deportividad sin cortapisas, la efectividad y las suspensiones duras. Entonces, nuestro coche es el M6.

 

Sites de Grupo Zeta