jueves, 28 de agosto de 2008 Buscar

comparativas

BMW X6 xDrive35i vs Porsche Cayenne 3.6

27/05/2008

Juan Manuel GARCÍA RUBIO / Fotos: Claudio LUNA

BMW X6 xDrive35i vs Porsche Cayenne 3.6

Los dos son verdaderos fuera de serie en su especie, auténticos titanes del asfalto con aspecto de todoterreno. Sus respectivos motores de gasolina les hacen devoradores absolutos de los kilómetros, mientras que sus chasis resultan imanes que los mantienen pegados “a lo negro”.

Ahora, el X6 pasa a ocupar, junto a Porsche, el trono y el cetro del máximo mandatario en cuanto a todoterrenos de corte deportivo se refiere. Lo hace porque BMW, cómo no, no se queda manca con este modelo, que es mucho más que un X5, con la parte trasera en forma de falso coupé. El X6 va en carretera como un avión y aporta un aplomo fuera de toda duda; tanto como el referente a batir, el Porsche Cayenne.

El aire retro "a lo Porsche" no es lo único que resulta atrayente del Cayenne, pues en carretera va como la seda y ofrece un tacto deportivo que ni siquiera iguala su rival, más potente pero más caro. La potencia del Porsche es inferior a la del X6, aunque su agilidad y su manejabilidad, con casi 300 CV, siguen siendo impresionantes.

BMW ha atacado con toda la artillería, tampoco cabe duda. El X6 parece una auténtica nave espacial, especialmente por las descomunales ruedas de 20" de nuestra unidad de pruebas (opcionales, pues de serie monta unas de 19"). Su aspecto recortado atrás impresiona, y ahora mismo es la novedad en las calles. Y en cuanto al motor, el de esta versión ya deja muy claro que con 306 caballos bajo el capó difícil iba a ser que a BMW le saliera rana este modelo. Así, la aceleración es extremadamente satisfactoria, a pesar de los pesos en los que nos movemos, pues ninguno de estos dos "megacoches" baja, ni por asomo, de los 2.100 kilos en orden de marcha. Aunque, eso sí, son auténticas alfombras persas voladoras para los que el asfalto parece ser sólo un mero punto de contacto; y hay baches de los que ni te enteras. El caso es que si con el Cayenne devoras los kilómetros de rectas, y también de curvas, con el X6 el comportamiento en carretera es algo supremo, casi un juego de niños.

Ese aspecto de falso coupé en el X6 también es el culpable de que la altura interior en las plazas traseras se resienta de forma considerable, aunque atrás parece que vas en un auténtico salón rodante gracias a la anchura y a la distribución posterior en dos únicas plazas. Prácticamente lo mismo que en el "Porcheto", excepto porque la cabeza de sus ocupantes detrás va mucho más desahogada.

El X6 ofrece más espacio detrás para las piernas que su rival, y en cuestión de maletero, BMW prácticamente iguala a su oponente porque, aunque el portón trasero limita la altura, la capacidad de carga se ve complementada por un hueco enorme debajo del piso.

La hora de la verdad
La conducción del Cayenne es ágil… muy ágil. ¡Qué chasis para ser un todoterreno! No tiene desperdicio, y el manejo en todo tipo de circunstancias sería excepcional si no fuera porque a veces te das cuenta, por ese efecto llamado inercia, que bajo tus posaderas controlas 2.235 kilos. Dada la facilidad con que se lleva este coche, a veces uno se olvida de la Física. Frente al X6, el Porsche aporta mayor docilidad en todo momento, aunque ello no implica que el BMW esté cojo en cuestión de defenderse en el asfalto, ya que sobre él se mueve sin pestañear.

La dirección es algo más dura en el X6, y prácticamente igual de rápida respecto a su rival, a pesar de la sensación de que delante tenemos un motor pesado. Pero es simplemente eso, una sensación, porque lo que ha querido BMW es ofrecer mayor dureza de dirección para tener mejor sensibilidad al volante. En cuanto a los frenos, ambos modelos tienen un equipamiento más que suficiente.

Los motores de estas dos bestias son impresionantes; el de BMW tira de turbo para moverse como pez en el agua donde haga falta, mientras que el Cayenne se vale de un atmosférico de excelente resultado gracias a cilindros de tamaño superior y a una cilindrada también más alta. Con ello, casi es capaz de emular al seis en línea de este X6 y ofrecer valores similares de potencia y par, aunque siempre por debajo. Igualar ese par constante entre 1.300 y hasta nada menos que las 5.000 rpm del BMW le es imposible al propulsor del Cayenne, mucho más puntiagudo. Y eso que para el 6 en V de Porsche subir de vueltas como la espuma en una caña de cerveza tirada rápida tampoco resulta el menor problema. Pero la ventaja es aquí para el motor sobrealimentado, que le mete segundos en todos los apartados al Porsche.

Tanto en uno como en otro hay cajas automáticas de tipo secuencial y de seis marchas. La forma de accionar este elemento desde el volante queda obsoleta en el Porsche frente a los mandos propuestos por BMW, mucho más útiles, pues se pueden accionar con el pulgar y con los dedos por el reverso. La palanca del BMW, casi un joystick, se hace también muy manejable tras los primeros contactos.

Para terminar, Porsche ofrece reductora en el Cayenne, mientras que su oponente se ha decidido directamente por una tracción automática sin más, pero que funciona a las mil maravillas.

Como conclusión, el caso es que, por una u otra razón, deseamos el Cayenne como siempre, pero ahora se presenta el dilema del X6, su igual en los altares de los dioses que, aunque quizá algo menos deportivo y más caro, aporta buenas dosis de modernidad y exclusividad.

 

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