comparativas
13/06/2006
J.L. DEL CARPIO / Fotos: Jorge BRICHETTE
Berlinas diesel: Lexus IS 220d, Cadillac BLS 1.9D y BMW 320d
Un alemán, un norteamericano y un japonés. Hablamos de tres berlinas diésel destinadas a enamorar al conductor. Las tres tienen empaque, potencia y cualidades dinámicas más que sobradas como para satisfacer a los compradores de este segmento. Sin embargo, sus orígenes les delatan, y tienen diferencias más que patentes...
13/06/06
Aunque el crecimiento en tamaño de los compactos le ha comido mercado al segmento de las berlinas medias, no cabe duda de que sigue siendo uno de los campos de batalla en el que las marcas dan su “do de pecho”. Especialmente las marcas “Premium”, que nutren sus cifras de ventas de este tipo de vehículos. De hecho, y en el caso que nos ocupa, nos atreveríamos a decir que a final de año estos tres modelos en concreto y con esta motorización, serán los más vendidos de sus respectivas gamas y marcas.
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Estética diferenciada.
A primera vista no hay duda de quién es quién. Tenemos la suerte de tener entre manos a tres genuinos representantes de cada casa que se alejan de los diseños impersonales que nos hacen confundirnos entre marcas y que tienen un carisma y una personalidad bien diferenciada.
El BMW, a pesar de la relativa juventud de su diseño (acaba de presentarse la versión coupé como sabéis), ya es un veterano de nuestras carreteras. Estamos muy acostumbrados a verlo y a admirarlo, destacando especialmente su poderoso frontal, con los estilizados grupos ópticos invadiendo las aletas delanteras. La zaga es, a nuestro entender, menos afortunada (nos recuerda un poco al Fiat Tempra de hace unos años), aunque transmite la robustez y rotundidad necesaria en un coche de este tipo.
El Cadillac es el más original. Su prominente frontal con la calandra cromada es el protagonista total. Aunque las “mentes pensantes” de Cadillac han “europeizado” su diseño, aún quedan posos y reminiscencias de la tradición no sólo de la marca, sino de los modos y maneras de hacer coches al otro lado del Atlántico. La zaga incide aún más en esta filosofía, con unos grupos ópticos descomunales y unos intermitentes que ocupan toda una línea vertical muy larga y estrecha, siguiendo los usos tradicionales de las intermitencias americanas. En definitiva, a pesar de estar pensado para nuestro mercado, sigue mostrando reminiscencias muy made in USA lo miremos por donde lo miremos.
Otro tanto le ocurre al Lexus, que no puede negar que ha salido desde cuadernos de diseño del mismo país donde ven la luz los mangas, animes y demás cultura otaku. Frontal afilado, musculoso, faros delanteros triangulares y alargados, cintura y zaga elevadas y el grupo óptico trasero muy intrusivo en las aletas contiguas. Tres caras muy diferentes y tres personalidades muy identificativas de su origen.
Interiores de calidad.
Por dentro hay diferencias dentro de un nivel muy elevado. Los tres están cercanos en calidad, aunque el
Lexus tiene un interior más atractivo y original, gracias en especial al salpicadero y a los relojes, los más
modernos de los tres con diferencia. No llega a tener el aspecto espacial de un Honda Civic, pero sí transmite mayor aprovechamiento de los recursos tecnológicos, por lo menos visualmente.
El BMW, dentro de su sobriedad y elegancia de líneas, es quizá el que mayor calidad de ajustes presenta, pero sin ningún alarde visual. Tanto el Lexus como el BMW equipaban navegador, y en este nivel de acabado también el Lexus superaba al iDrive de BMW en aspecto y en facilidad de manejo.
El Cadillac queda ligeramente por detrás de sus competidores. Aunque sus acabados no tienen nada que ver con los habituales de su país de origen, todavía está un pequeño paso detrás en cuanto a diseño y estilo. Son igual de sobrios que los de BMW, pero mucho más impersonales. Excelentes en calidad y con buenos ajustes, pero nada que llame la atención; sin ninguna “alegría”.
Distinto comportamiento.
Ya en carretera, el BMW se desmarca no sólo con rotundidad, sino con calidad. Es el que acelera más rápido y el que cronómetro en mano deja bastante atrás a sus rivales, y además que es el que transmite mayor aplomo, viveza y facilidad para lograrlo. Además de ser el más veloz, es al que cuesta menos exprimirlo. Lo acertado de sus desarrollos y la neutralidad de su chasis nos dan la suficiente confianza como para acelerar sin titubeos, encontrando siempre la respuesta que buscamos prácticamente a cualquier régimen. Es un motor lleno, que muestra su poder desde abajo y sube de vueltas con facilidad. Tiene el tacto más deportivo, sin llegar a ser radical. Permite un paso por curva realmente veloz, pero sin poner en compromiso a los pasajeros. Hay poco más que decir del conocido bloque diésel de dos litros de la casa bávara, todo un referente en cuanto a comportamiento y consumos.
El Cadillac nos ha sorprendido, y mucho, en carretera. Aunque sabíamos que realmente se trata de un Saab 9-3 vestido de “Tío Sam” (se fabrican incluso en el mismo sitio), creíamos que iban a dejarlo mucho más blando de amortiguación. Sin embargo, nuestras sensaciones son que han trasladado los mismos tarados sin cambiar absolutamente nada. Así pues, tenemos un Cadillac con un bastidor muy europeo, incluso tirando a duro, cosa absolutamente inusual en cualquier coche americano. Así pues, su comportamiento es idéntico al del Saab, con el equilibrio por bandera, perdiendo la identidad yanqui pero ganando en comportamiento. No llega a ser tan eficaz como el BMW, pero sí que se puede “jugar” con él. Al límite tiende a sobrevirar, a meter el morro en las curvas, pero sin sorpresas que puedan pillarnos desprevenidos. El motor es un archiconocido por todos nosotros también. Además del Saab GM lo emplea también Opel en varios modelos, como el Vectra, y sabemos de sobra su buen hacer. El turbo sopla con fuerza y mantiene el máximo par durante un amplio margen de revoluciones. Quizá suena demasiado, que si en un Vectra es más perdonable, en una marca como Cadillac nos parece que deberían haberlo insonorizado un poco más.
El Lexus es el más potente de los tres, pero paradójicamente es el que menos transmite dicho poder. El turbo entra tarde, y la entrega de potencia es progresiva, sin tanta patada como en sus rivales. Se estira mucho, pero es precisamente por lo largo de sus desarrollos por lo que no parece tener la potencia que anuncia. De los tres es el que más nos hará “trabajar” si queremos ir deprisa. Obviamente tiene una fuerza importante, pero hay que saber encontrarla si queremos aprovechar su motor al 100%.
En carreteras reviradas, aunque su bastidor está al nivel del Cadillac en cuanto a respuesta, por la falta de bajos en marchas intermedias y altas se queda por detrás de sus rivales, especialmente del BMW, que es la antítesis del Lexus en cuanto a comportamiento. Por el contrario, es el más confortable de los tres con mucha diferencia. En autopista no tiene rival en el BMW y en el Cadillac, ya que es de lejos el más suave y refinado, con un andar silencioso y confortable. Y en ciudad, gracias a su bajo nivel de ruidos y suavidad, también es el más agradecido de los tres.
Para cada personalidad.
Resumiendo, cada uno de los coches que traemos a esta comparativa tiene una personalidad muy definida, lo que les hace combatir en diferentes batallas aunque luchen en la misma guerra. De esta manera, el BMW es el más divertido, el más eficaz, el que muestra una mayor respuesta al acelerador y, lo que es aún mejor, el que es más fácil de conducir si queremos ir rápido. Es complicado que se nos desmande y siempre da la impresión de que su chasis y su motor están por delante de nuestro nivel de conducción.
El Cadillac no es ni mucho menos tan deportivo, pero se defiende con dignidad. Se puede ir rápido gracias a la respuesta de su motor, pero no alcanza los niveles de nobleza del BMW. Tampoco es que pegue sustos, pero enseguida nos muestra que aunque pueda ir rápido tampoco es lo suyo.
Si el Cadillac es más equilibrado, el Lexus es el polo opuesto del BMW. Su potencia es incuestionable, y teniendo paciencia con el acelerador encontraremos sus 177 caballos. Por ello, comparándolo especialmente con el BMW, da la impresión de ser hasta torpón. Pero es simplemente que tiene una manera de conducirse diferente. No está pensado para ser el rey del semáforo, sino para ir en primera clase. El caso es que el coche corre y mucho, y su chasis aguanta un paso por curva elevado, pero su cambio y la configuración del motor invitan más a la autopista que a la carretera de montaña. En resumen, el BMW estaría más indicado para los amantes de la conducción deportiva que, por necesidades de maletero y/o familiares, han tenido que decantarse por una berlina.
El Lexus es el coche ideal para los que buscan más la comodidad que otra cosa, pero que no por ello quieren renunciar a un buen número de caballos bajo el pie para situaciones concretas. Por último, el Cadillac se queda a medio camino. Aunque más que a medio camino, nos atreveríamos a decir que sorprendentemente tira más hacia el BMW, pero su motor está claramente por debajo del alemán. Puede llegar a ser muy divertido, por extraño que parezca en un Cadillac de tres volúmenes con una estética llamativa como principal bandera. Así que, por motor y prestaciones nos quedamos con el BMW; por confort de marcha, elegancia y acabados, con el Lexus y, por precio, estética rompedora y equilibrio, con el Cadillac. Cada coche tiene sus particularidades y ventajas, y los tres se preocupan mucho de dejarlas patentes. Cualquiera de ellos satisfará a todos sus compradores, y la elección de uno u otro responderá a matices, a necesidades y preferencias del conductor muy concretas.