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Pruebas

Con una estampa espectacular, el C6.R es, además, un eficaz vehículo para ganar citas como las 24 Horas de Le Mans.

04/02/2009

Elías DOMINGO.

Corvette C6.R

A finales de 2008 pudimos experimentar en primera persona la conducción de un GT1 de primer nivel. El Corvette C6.R del equipo Luc Alphand Aventures, campeón de las European Le Mans Series 2008, pasó por nuestras manos para obtener sensaciones de infarto en un producto con una imagen del american way of life.

Pocas veces tenemos ocasión de ver en estas páginas modelos con cifras tan apabullantes como las que ofrece este Corvette C6.R. Con un motor de 8 cilindros dispuestos en V y un cubicaje de 7 litros, uno de los vehículos más espectaculares de General Motors llega precedido por su fama, ganada en carreras de Resistencia de medio mundo. Los técnicos norteamericanos de Corvette Racing "pidieron permiso" a la matriz para sacarle todo el jugo al motor de 7.011 cc, obteniendo para este modelo una cifra de potencia que se mueve entre los 605 y los 620 CV. Si a ello le unimos una espectacular puesta a punto del chasis y el uso de materiales de primer orden, el resultado es claramente un vehículo pensado para ganar.

Le Mans nos espera.
El mejor lugar para poner a prueba las habilidades de este vehículo es, sin duda alguna, el trazado francés de Le Mans. Un escenario mítico en el que cada año tienen lugar las 24 Horas, una de las citas clásicas del automovilismo mundial. El equipo Luc Alphand Aventures nos demuestra, una vez más, su alta profesionalidad al tener todo dispuesto para comenzar la prueba. En esta ocasión, Ander Vilariño oficiará como maestro de ceremonias. El joven piloto guipuzcoano nos ayudará a extraer conclusiones de un Corvette que ha sido decorado para la ocasión con los colores de un videojuego, ya que el equipo encuadró esta sesión de tests dentro de un acto promocional, y junto a Ander probaron más pilotos procedentes de las Euroseries de F3 y de la FR 3.5. Nada que ver con lo que haremos nosotros: de todo, menos jugar.

"Hacía tiempo que no venía a Le Mans", señala Ander mientras nos acercamos al trazado. "Recuerdo que competí aquí hace unos 10 años, cuando corría La Filière de Elf, y, según me han dicho, el circuito ha cambiado un poco". Ha pasado tiempo, cierto es, aunque no lo es menos que en todos estos años Ander ha tenido ocasión de subirse en todo tipo de coches en circuitos y en fórmulas de extraordinaria potencia por sinuosas carreteras de montaña y, como hoy, dejando siempre una buena impresión a ingenieros y preparadores.

Lo primero que llama la atención del vehículo es su aspecto exterior. En las fotografías parece mucho más grande, y en él destaca su cuidado aspecto aerodinámico, con especial énfasis en la trasera, presidida por un imponente alerón y un cuidado extractor casi a ras de suelo. Parece bastante bajo en cuanto a altura, algo lógico, teniendo en cuenta que su único fin es romper el viento en circuitos, donde las irregularidades del asfalto son, por norma general, mínimas, aunque permite pasar por encima de los "pianos" altos sin ningún problema, haciendo de las chicanes casi líneas rectas.

En uno de los boxes del circuito comenzamos a descubrir diversas facetas del equipo Luc Alphand Aventures. En el suelo hay desplegadas varias piezas de la carrocería, dispuestas por si hiciera falta un cambio rápido. Los prominentes neumáticos se calientan en la parte trasera de los boxes, en una "minicarpa" cerrada con calefactores de aire (los calentadores no están permitidos), esperando ser devorados por el asfalto, donde los ingenieros tienen sus ordenadores funcionando a máxima velocidad en espera de recibir los datos de la telemetría. Ésta, por cierto, es en directo, por lo que es posible ver desde los boxes qué ocurre en el coche en cada momento, verificando al instante la posible existencia de algún problema y analizando la conducción del piloto.

En marcha.
Ander Vilariño no espera más y se sitúa en el vehículo. No serán muchas vueltas, las justas para rodar un poco y descubrir el comportamiento del vehículo en una pista húmeda. "Estoy cómodo", nos comenta. "De los muchos botones que tiene el volante, creo que únicamente utilizaré la regulación del control de tracción, el control de velocidad en boxes y la radio", anticipa con la habitual seguridad que transmite. El vehículo sale a pista y, en ese momento, podemos ver cómo desde el centro de control (ubicado en el box) la telemetría descubre las habilidades de Ander con el volante, y vuelta a vuelta el Corvette C6.R se convierte en una fiera más dócil.

El comportamiento es, básicamente, el esperado. En principio apreciamos un rodaje muy noble, resultando de vital importancia frenar el coche muy bien antes de entrar a la curva, porque, en caso contrario, tiene una cierta tendencia subviradora. Al frenar se nota un poco blando y se hunde un poco el morro. Si la aceleración a la salida de la curva se realiza muy de golpe, con brusquedad y sin mucho tacto, se puede experimentar un poco de sobreviraje, suavizado y matizado por el control de tracción, que funciona muy bien teniendo en cuenta la humedad de la pista en bastantes zonas de aceleración del circuito.

En todo caso, el C6.R no da muchos quebraderos, es bastante noble y se domina muy bien, aunque hay que ir tremendamente concentrado para conseguir un ritmo rápido. Y, en las rectas, los más de 600 CV de potencia catapultan al coche rápidamente, aunque, como es lógico, en líneas generales no tiene nada que ver con un prototipo o un fórmula en frenada y en paso por curva. El peso del conjunto marca la diferencia, aunque hay que reconocer que Corvette ha hecho un tremendo esfuerzo a la hora de construir un chasis y un motor a la altura de las circunstancias.

 

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