Ford es líder destacado del Mundial de Rallyes, tanto en Marcas como en Pilotos, y todo apunta a que Loeb tendrá que sudar mucho más que el año pasado para renovar su título de campeón.
Para celebrar la participación y el buen estado de forma en el Mundial, la marca del óvalo ha decidido darse un pequeño homenaje y de paso premiar a todos sus seguidores con una exclusiva edición, que hará las delicias de los más apasionados.
Tomando la base del Sport. Para configurar el Focus WRC-S, Ford ha aprovechado la versión coupé 2.0 TDCi de 136 caballos con el acabado Sport. A nivel externo, hereda parte del kit aerodinámico del ST (paragolpes delantero y alerón trasero). El resto de los elementos (paragolpes trasero, faldones laterales, y llantas de aleación) proceden de la versión Sport. Pero esta serie limitada se distingue fundamentalmente por estar realizada en color blanco, con el logotipo WRC acompañado de una bandera a cuadros de carreras y con su número de serie personalizado (en este caso, Ford nos tenía reservada la última unidad).
En su interior no vemos demasiados detalles exclusivos, pero sí que encontramos alguna novedad interesante. Por ejemplo, la consola central y, más concretamente, el equipo de sonido y el climatizador reciben nuevos mandos y diseño; ahora tienen un aspecto más atractivo y moderno (similar al del Mondeo y el S-Max). Las tonalidades verdes de los dígitos se sustituyen por unas rojas, que transmiten mayor deportividad.
Al igual que el resto de la gama, su interior presenta unos buenos acabados en líneas generales. Todas las piezas y su ensamblaje transmiten solidez y buena realización. Encontramos varias inserciones plateadas en todo el habitáculo, concretamente en la consola central, volante, tiradores de las puertas, pomo, freno de mano y pedales. Por contra, no presenta demasiados detalles exclusivos que le permitan ganar el caché necesario de una edición tan exclusiva. Tan sólo destacamos los asientos de cuero con bordados blancos (a juego con los paneles de las puertas) firmados por Marcus Gronholm.
Pero entremos en materia y comencemos con lo que realmente nos importa, o al menos, más interés nos genera, que es su comportamiento y cualidades dinámicas.
Cómodo y eficaz
Como comentamos en el inicio de la prueba, el Focus WRC-S adopta los reglajes y la base mecánica de la versión Sport. Partiendo de esa base, no hablamos de un GTi radical, sino más bien de un coche para todos los días, con suficiente confort como para que nadie perciba que está en una versión claramente deportiva.
Las suspensiones puede ser algo blandas para los que busquen un coche decididamente deportivo (es menos rígido que el ST), pero hay que reconocer que Ford ha logrado un coche que consigue un buen equilibrio entre confort y diversión al volante.
Cuando empezamos a abordar las primeras curvas y empezamos a conocer su carácter y cómo se comporta, comenzamos a darnos cuenta de que, pese a tener unas suspensiones algo blandas, con el Focus WRC-S se puede ir muy rápido. En zonas rápidas, los balanceos de la carrocería pueden llegar a restar algo de confianza, pero hay que tener fe, ya que el Focus entra sin problemas por donde nosotros le ordenamos.
En zonas lentas se muestra como un coche bastante ágil y divertido, con un tren trasero de reacciones muy vivas (mucho más progresivas que en el ST), que se puede descolocar fácilmente a poco que le provoquemos.
El tacto general del coche es agradable, aunque mejoraríamos algunos detalles. La dirección transmite buenas sensaciones y nos informa perfectamente de lo que ocurre en la carretera. Los pedales transmiten solidez y buena realización, sin embargo no nos gustó la excesiva dureza del embrague (tiene cambios bruscos de asistencia en su recorrido) ni el tacto esponjoso del freno. Por otra parte, el cambio tiene unos recorridos muy marcados y para nuestro gusto es demasiado duro, no obstante puede manejarse con rapidez.
En cuanto al equipo de frenos, destacaríamos su respuesta y el excelente tarado del ABS, que permite una frenada efectiva con un leve bloqueo cuando decidimos alargar las frenadas al máximo. En este caso, percibimos ciertos movimientos parásitos (producidos fundamentalmente por el tren trasero), que generan una reacción algo inestable, incluso cuando frenamos en recto.
Más cabeza que corazón
Parece que, poco a poco, nos vamos acostumbrando y no resulta tan anómalo encontrarnos un "petrolero" en un GTI. Y es que, aunque no tengan el encanto de un gasolina, son versiones mucho más lógicas, con un menor consumo y con un rendimiento que en muchos casos se sitúa por encima. Para animar a esta versión, Ford ha elegido el 2.0 TDCi de 136 CV, que ofrece más suavidad que temperamento. No es un motor que transmita demasiada garra pero, si tiramos de cifras, nos damos cuenta de que sus prestaciones se ajustan a lo esperado. Quizá esperábamos algo más de fuerza (sobre todo en la zona baja), pero resultará un motor suave, progresivo y agradable de utilizar en el día a día.
El consumo de combustible es otro de los puntos fuertes de este motor. Podemos obtener medias por debajo de los 5 litros circulando por carretera, respetando los límites de velocidad, y no superamos los 8 litros en conducción deportiva.
Como comentamos anteriormente, el Focus WRC-S no es un coche con planteamientos radicales, y eso se nota cuando percibimos un buen aislamiento de todos los elementos mecánicos. Todos los ruidos generados por el motor, neumáticos, bastidor y aerodinámica están muy bien aislados si tenemos en cuenta a la competencia.
En cuanto a su equipamiento de serie, destaca el control de estabilidad, el regulador de velocidad, el climatizador y las llantas de aleación de 18 pulgadas procedentes de la versión Sport. Dentro de sus opciones, cabe destacar el sistema Bluetooth y el V2C (que nos permite controlar el climatizador, el equipo de música, la radio y el navegador mediante la voz).
Resumiendo, podemos decir que el Focus WRC-S es un GTI de uso diario, ágil, eficaz, divertido, exclusivo y con un bastidor que te permite ir rápido.