Tanto el Golf como el León son sin duda dos de los mayores rivales de nuestro protagonista de hoy. También podríamos decir que los dos ofrecen lo mismo pero de maneras muy distintas. En cada uno de los extremos, el León y el Golf se miran más de cerca de lo que pensamos, no en vano son de la misma familia. Y en medio situaríamos al Mégane, un buen compromiso entre deportividad y versatilidad.
El Golf es un ejemplo de elegancia y saber estar. Su interior es posiblemente el que más calidad rezuma de los tres, con materiales de tacto exquisito. Quizá es también el más burgués de todos, y su diseño exterior apenas varía con respecto al de sus hermanos de gama.
Mecánicamente, incorpora el ya archiconocido 2 litros TDI de 170 caballos. Se trata de un motor mucho más lineal que el del francés, aunque gana en consumos.
Del Seat poco podemos decir que no hayamos mencionado ya. Su planteamiento es el más deportivo de los tres, con una fachada marcadamente atlética. El interior, aunque algo soso, también pide guerra, con unos asientos que recogen el cuerpo a la perfección.
La puesta a punto de su chasis es posiblemente la más eficaz del mercado, con unas suspensiones duras como las del Mégane y un tacto de la dirección exquisito.
El propulsor es el mismo 2.0 TDI de 170 CV, aunque parece nos ofrecer algo más de carácter que el del Golf.
Tres puntos de vista distintos para luchar por un mismo premio. Ser el rey de los GTI’s diésel.