Para considerar a una buena berlina media diésel como de las potentes, nos tenemos que circunscribir al entorno de los 180 caballos. He aquí por ello tres buenos representantes, que, como en las Olimpiadas, cada uno viene de un país distinto y, desde luego, cada uno tiene su impronta particular. El más potente del trío es el Saab, precisamente con esos 180 CV, aunque no es el más rápido; tanto el BMW como el Lexus igualan su potencia oficial, y entre estos dos coches hay que decir que incluso hay un cierto parecido físico, mientras que su nivel de acabado es muy alto.
De estas tres berlinas que ahora traemos a estas páginas, la más deportiva es, sin duda alguna, la realizada por BMW. No sólo es que las cifras finales canten a su favor, sino que además el tacto general, sobre todo por suspensión, así lo corrobora. El 320d es el que tiene el tarado de suspensiones más duro de todos, y también un comportamiento en carretera mucho más fino, por cuanto es el más efectivo en el terreno de las prestaciones… incluidos los consumos. Si además sumamos el hecho de que su precio final no es el más alto de este trío de ases, sino que alcanza un nivel medio muy aceptable, la cosa se pone caliente y muy a su favor.
El bueno, el más bueno y el mejor
Aquí no hay malos, sino siempre buenos, aunque con ciertos niveles. Por un lado, hay que resaltar que no siempre el más guapo se lleva a la chica más buena. Muchas veces, el mejor dotado, el más preparado, es el que consigue llevarse el gato al agua. Y ahí situaríamos al 320d que ahora proponemos frente a sus dos rivales, es decir, en el lugar del mejor. Su potencia oficial de 177 caballos, que coincide con la declarada por Lexus en este IS 220d, es la más efectiva; incluso también la menos sonora en el habitáculo, y eso que hablamos de coches bien insonorizados y muy preparados. Cada uno de ellos, eso sí, ofrece acabados a la altura, muy especialmente el Lexus y el BMW, y el equipamiento necesario, y esperado, en una berlina de sus características.
Su motor funciona a las mil maravillas y encima no es brusco. De acuerdo que no hay muchas diferencias entre estos tres coches en este sentido, la verdad, o al menos no grandes distinciones a la hora de entregar los caballos, pero en la forma y en el fondo nos quedamos con el BMW si lo que buscamos es una berlina media bien hecha y que responda con su motor y su comportamiento a necesidades distintas según los momentos. Es decir, un coche para el día a día y, de la misma forma, un vehículo que, en un "pispás", sin transformismo alguno, corra, se tenga en carretera y lo haga de manera que nos inspire toda la confianza posible.
El IS 220d calca no sólo la potencia final, como hemos apuntado antes, sino también la entrega de esos caballos al eje trasero. Por eso, tanto el BMW como el Lexus son también un poco más deportivos que el Saab. Sin embargo, a diferencia del alemán, el nipón ha escogido otros derroteros para que sus ocupantes se sientan verdaderamente a gusto. En el tema de las suspensiones sencillamente es más cómodo, y por ello más blando. Cierto es que dispone de un chasis y un esquema de las mismas envidiables también, y por ello su comportamiento en carretera se compensa muy gratamente, pero le falta ese tacto de dureza del BMW en determinados momentos. Al Saab, la nota discordante en estas páginas por su tracción delantera, que no por sus malas maneras, le marca mucho su comportamiento, además de, por ejemplo, el tema de los frenos, pues su tacto y su mordiente no son tan efectivos como los de sus rivales (al menos en nuestra unidad de pruebas). Hundes y hundes el pedal, con un tacto muy blando y mucho menos dosificable que el de sus contrincantes, y sólo encuentras respuestas muy abajo en el recorrido.
El caso es que en curva, en pleno apoyo, por ejemplo, con el BMW no sólo es que se apunte mejor con su dirección y que pase mejor por el trazado marcado, sino que además se mantiene mejor en la curva con un aplomo fuera de toda duda. Su forma de conducción, como en el Lexus, es distinta a la del Saab, donde, si no te pones las pilas, el subviraje aparece con bastante prontitud. Cierto es también que el sueco permite una corrección rápida y fácil de esta situación, sencillamente levantando el pie derecho del acelerador, y las aguas vuelven a su cauce rápidamente. Por ello, también su facilidad de conducción está a prueba de los conductores menos avezados. Nosotros, eso sí, los preferiríamos con un volante algo menos grande, pues, cuando de correr se trata, su diámetro nos parece algo más grande y el "trabajo se acumula" mucho más en las curvas.
La diferencia entre el Lexus y el BMW en pleno apoyo es que el primero, con unas suspensiones más blandas, permite más rebotes de la carrocería si el asfalto se endurece o si la curva es muy cerrada. A su favor hay que decir sin embargo que, incluso en esas circunstancias, la trayectoria en el IS 220d es impoluta, y allí donde se apunta con el volante se dirige el coche, entre o no el control de estabilidad y tracción antes, pues se propicia que su funcionamiento se dé con mayor profusión. De este Lexus, que es un gran coche, no nos cabe la menor duda, cambiaríamos el tacto de la caja de cambios, pues no es tan refinada como la de sus rivales, con especial mención a la del BMW, ni tan rápida, ya que requiere mucha más puntería para insertar cada marcha, y es más lenta, por ejemplo también, en reducciones